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El Pleno de Justicia y Paz, reunido en la ciudad de Cádiz con motivo de
la celebración de las Jornadas anuales de la institución, hace público el
siguiente
1.
En estos días ha estallado la guerra (o, para ser más precisos,
se ha producido la agresión contra Irak) y Justicia y Paz muestra su condena
total de dicha acción. Todas las guerras son rechazables; y ésta más aún si
cabe, pues se trata de una guerra inmoral, ilegal e ilegítima, como ya dijimos
públicamente en el mes de enero pasado. Además, al estar siendo realizada sin
la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, estamos ante
un crimen contra la paz, un crimen internacional, del cual son responsables
todos y cada uno de los Estados que participan en él en su propia medida.
2.
Lamentamos profundamente las consecuencias de esta guerra:
muertos, heridos, desplazados y afectados de una u otra manera, cuyas secuelas
sin duda perdurarán durante años.
3.
Las razones fluctuantes que se han ido esgrimiendo en las
últimas semanas para justificar este ataque (calificado de “guerra preventiva”
al comienzo, concepto que rechazamos de plano), no han convencido a los países
miembros del Consejo de Seguridad, a la opinión pública mundial ni a la inmensa
mayoría del pueblo español. Del mismo modo, rechazamos la falacia de calificar
como “ayuda humanitaria” lo que en realidad es una participación activa en un
conflicto armado, que, en este caso, constituye un grave ilícito internacional.
4.
Más bien tememos que esta guerra se hace por controlar el
petróleo, por hegemonía militar, por dominio geoestratégico, por un afán
desmedido de poder y de lucro por parte de los Estados Unidos y de sus aliados.
Nos parece repugnante que las bolsas hayan subido sensiblemente en el momento
en que han comenzado los ataques, que las empresas de fabricación de armas
calculen por miles de millones de dólares sus ganancias, y que los actores
económicos correspondientes, en nuestro país y en muchos otros de Occidente, se
estén frotando las manos pensando en los grandes negocios que se anuncian para
cuando comience la tarea de “reconstrucción” de Irak, cínica expresión que
esconde inconfesables intereses económicos.
5.
Sadam Husein,
sin duda, es un tirano, cuyo comportamiento merece nuestra reprobación
absoluta; no obstante, creemos inadmisible que se tenga el propósito declarado
de matarle, junto a altos mandos militares iraquíes. En todo caso, debería ser
acusado por sus crímenes ante los órganos judiciales competentes, únicos
legitimados para juzgarle y, en su caso, condenarle. Y además nos duele la
hipocresía de los países beligerantes, que le han apoyado —como a otros muchos
dictadores en todo el mundo— mientras ha estado al servicio de sus intereses.
6.
Entre otras cosas, las armas de las que ha dispuesto en el
pasado y de las que puede disponer hoy con toda seguridad son de fabricación
occidental y le han sido suministradas, de una manera o de otra, por los mismos
países que ahora le atacan, entre otros. No nos cabe duda
7.
de que ese comercio internacional de armas es una plaga que
aflige a la humanidad, y sobre todo a los países más pobres, mientras los
países ricos, que son sus fabricantes y comerciantes, miran para otro lado y se
lucran con ellas.
8.
Desearíamos que esta guerra no tuviera como resultado el
surgimiento o enconamiento de la ira, el rencor y el odio en el mundo, ni
comportase un incremento del terrorismo internacional. De no ser así, habríamos
de sufrir el ahondamiento de la incomprensión y el enfrentamiento de pueblos y
civilizaciones, con el agravante de una indigna manipulación de los
sentimientos religiosos de las gentes, mientras que, por el contrario, se
debería favorecer un clima de entendimiento con el mundo árabe y musulmán tanto
en el ámbito político como en el cultural y religioso.
9.
Puesto que ahora se nos dice que como resultado de este
ataque se llegará a una solución del conflicto entre Israel y Palestina,
emplazamos a los dirigentes de los países atacantes, incluido nuestro Gobierno,
para que den pruebas fehacientes y concretas de que se llegará a corto plazo a
la constitución de un estado Palestino libre e independiente en convivencia
pacífica con Israel, comenzando, desde luego, por el inmediato cumplimiento de
todas las pertinentes decisiones de las Naciones Unidas. Y, de forma paralela,
que se dé una solución pacífica y satisfactoria a los problemas y derechos del
pueblo kurdo.
10.
Manifestamos nuestra sorpresa, dolor e indignación por el
modo en que el Gobierno de España, y de forma especial su Presidente, están conduciendo
este lamentable asunto, dando la espalda a la opinión pública mayoritaria,
desoyendo sistemáticamente a todas las demás fuerzas políticas parlamentarias e
incumpliendo el mandato constitucional de someter a la aprobación de las Cortes
Generales la participación de España en cualquier acción armada. En palabras
del Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, Mons. Martino: “Los líderes favorables a la guerra han perdido la
sensibilidad hacia sus propios pueblos. Los países democráticos tienen que
hacerse eco de la voluntad popular, especialmente en ocasiones como ésta. La vox populi es
también vox Dei,
porque la paz es un don de Dios que hay que proteger. Los gobiernos no pueden
sustraerse a esta responsabilidad” (declaraciones a El Mundo, 18/03/2003,
p. 6).
11.
Apostamos claramente a favor de la reforma y el
fortalecimiento de las Naciones Unidas, como organismo legítimo en el que los
Estados y los pueblos puedan dialogar y dirimir pacíficamente sus diferencias,
con el afán permanente de construir un mundo más justo, pacífico y humano y de
garantizar el respeto del orden internacional. La perspectiva del dominio
mundial por una sola potencia, los Estados Unidos de América, que ejerza su
poder en todo el planeta de acuerdo con sus propios intereses, contraviene los
más hondos principios del derecho internacional y abre las perspectivas de un
mundo totalitario ajeno a todo proyecto democrático.
12.
Por último, reclamamos de todos los medios de comunicación,
y especialmente de los de titularidad estatal, que ofrezcan una información
clara, veraz y objetiva, alejando de sí toda manipulación que pueda confundir a
la opinión pública y no permita que ésta cobre conciencia del alcance del drama
que se está viviendo en tierras de Iraq.
13.
En definitiva, como dice Juan Pablo II, cuya voz firme e
iluminadora nos anima, estamos ante un fracaso de la humanidad; un hecho
lamentable, que podría haber sido evitado mediante la utilización de la acción
diplomática y los cauces no violentos que ofrecen los organismos
internacionales.
Cádiz, 23 de marzo de
2003.