NO PODEMOS CALLAR

 

Queremos unirnos a la consternación, e impotencia de una buena parte de la ciudadanía gaditana y ceutí ante la situación desesperada en que se encuentran muchos inmigrantes subsaharianos, en su fallido intento de entrar en las ciudades de Ceuta y Melilla el pasado 28 de septiembre, fecha de la masiva tentativa de salvar las vallas fronterizas, y de la que los medios de comunicación y los sectores más conscientes del problema se han hecho eco de su gravedad, acentuada por la intensificación y mayor eficacia de la vigilancia costera española.

 

Para las organizaciones y asociaciones cristianas, firmantes de éste comunicado, los hechos acaecidos no son sino la punta del iceberg de otros tan graves como los que se han desarrollado en estos últimos días. 

Durante muchos años, miles de inmigrantes quedaron en el camino del desierto o murieron en el mar antes de alcanzar las costas españolas.  También, durante muchos años, distintas organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales han venido denunciando que “África se muere”, víctima del sida, la sequía, las hambrunas, la persecución político social, las dictaduras despóticas y crueles; en definitiva, la opresión, la pobreza, la miseria y el hambre (sólo en Níger de 2,5 a 3,5 millones de personas afectadas), sin que se hayan puesto los remedios adecuados para paliar las necesidades y cambiar las estructuras de muerte y opresión que aplastan a las poblaciones de estos países. 

Pero, no nos engañemos, se dan en esta parte del mundo unas estructuras creadas, otras permitidas y alimentadas por las potencias ricas e industrializadas y, que tras los procesos de descolonización, aplicaron los principios más radicales del sistema capitalista neoliberal, explotando las riquezas autóctonas en su propio beneficio.  Ahora, cuando la enfermedad manifiesta sus síntomas más dañinos, en Europa y España, nos asustamos ante las avalanchas de inmigrantes, nos conmovemos ante los numerosos subsaharianos heridos por las pelotas de goma de las fuerzas militares y civiles españolas y los muertos por disparos a quemarropa de la gendarmería marroquí. Se extiende la sensación de impotencia, en unos casos, de indiferencia, en otros, por la dificultad de encontrar soluciones que concilien la necesaria seguridad de los ciudadanos españoles y la humanidad con que se ha de tratar a unas personas, sujetos de derechos, reconocidos en la Constitución Española. 

En esta difícil tesitura, el Gobierno Español ha buscado soluciones inmediatas, pero, al desbordarse los acontecimientos, los resultados han sido muy negativos, así el envío de fuerzas militares para repeler los asaltos; el hecho de que España haya pedido a Marruecos una serie de compromisos y este país, inmerso en sus propios problemas económicos, con un sistema político que no ha alcanzado aún un mínimo desarrollo democrático y con graves acusaciones a sus espaldas de falta de respeto a los derechos humanos, se haya visto obligado a convertirse  en el “gendarme” de Europa, tal como España lo ha venido siendo hasta ahora.  Ambos países comparten, por tanto, tan engorroso e indigno papel.

 

Suscribimos otras opiniones que consideran la posibilidad de que se hayan lesionado derechos individuales como el de asilo, la asistencia letrada y, por consiguiente, el necesario diálogo para conseguir  información sobre la situación de estas personas.  Nos hacemos también algunas preguntas: ¿Dónde están y cómo se van a atender a los miles de subsaharianos que vagan por el territorio marroquí?  ¿Qué va a ocurrir si siguen llegando a Marruecos nuevos inmigrantes?  Los últimos datos elevan el número a treinta mil.  Echamos en falta, por parte de Marruecos, el cumplimiento de los Derechos Humanos en el trato, atención y protección de los subsaharianos.

 

No obstante las dificultades descritas anteriormente, apreciamos los intentos parciales de cooperación entre los Gobiernos de España y Marruecos orientados a convocar una conferencia sobre emigración, que, a nuestro entender, debería ser urgente y no para el 2010.  Vemos necesaria una mayor intervención de la Unión Europea, que ha de ser consciente de su responsabilidad histórica en el subdesarrollo del continente africano.  Hasta el momento esta intervención nos ha parecido meramente formal y poco eficaz.  Las actuaciones internacionales han de implementarse con la participación decidida de la U.E.A.[1] y de los países de Mediterráneo.  Creemos, además, que las NN.UU.[2] pueden jugar un importante papel de mediación.  Exigimos que las soluciones que se tomen a distintos niveles  estén orientadas a resolver el fondo del problema: la explotación y miseria de África, mediante un Plan que haga frente a las dificultades estructurales, comenzando urgentemente por los países más necesitados, sin olvidar los flujos migratorios que, durante bastante tiempo, van a necesitar un tratamiento justo mediante acuerdos con los países de origen de los inmigrantes, con los que Marruecos y España pueden ser interlocutores privilegiados.  Hacen falta, además, estrategias conjuntas y urgentes de asistencia a los itinerantes.  No esperamos menos de aquellos que ocupan cargos de responsabilidad y de poder sólo para servir a sus ciudadanos y ciudadanas.  Lo exige la dignidad de las personas y de los pueblos tal como lo reconocen la Doctrina Social de la Iglesia y la Carta Internacional de Derechos Humanos

 

Pedimos, finalmente, al conjunto cristiano de la Diócesis que no calle, que sea voz de los sin voz y que participe en los actos que se realicen a favor de la causa de los inmigrantes.

 

Cádiz, 17 de octubre de 2005

 

Justicia y Paz; Acción Católica; HOAC , Fraternidades Marianistas, Manos Unidas y CEMI



[1]  UEA: Unión de Estados Africanos.

[2]  NN.UU.: Naciones Unidas.