DISCURSO DE INGRESO EN EL ATENEO LITERARIO, ARTÍSITICO Y

CIENTÍFICO DE CÁDIZ

 

JAVIER ANSO BERNAD, SM

 

"CRISTIANISMO Y EDUCACIÓN ANTE LOS RETOS DE HOY"

 

Cádiz, 24 DE ABRIL 2007

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SALUDO

 

Querido Ignacio, Presidente y amigo; miembros de la Junta Directiva; amigos y amigas todos; querido P. Luis Castro, a quien quiero agradecer sus palabras de presentación, y del que quiero recordar su hermoso, profundo y valiente discurso de ingreso en este mismo Ateneo, sobre la presencia de Dios en nuestras vidas, -siempre cercana aunque, a veces, misteriosa y casi como ausente -.

 

Quiero empezar diciéndoles que estoy muy contento de estar aquí. Muy contento, y muy agradecido. Muy contento porque se me ha dado la oportunidad -inmerecida -de incorporarme a un grupo de hombres y mujeres que, casi durante 150 años, han acompañado la vida de la ciudad de Cádiz, tratando de iluminarla y de mejorarla. Y muy agradecido, porque considero totalmente inmotivado y gratuito el que hayan pensado en mí como nuevo Ateneísta. Al ingresar hoy en el Ateneo, me siento heredero y acompañado de tantos religiosos marianistas y de tantos profesores que, en el Colegio San Felipe Neri, y durante muchos años, han tratado de servir a la ciudad de Cádiz ya sus gentes.

 

Desde el comienzo de mi intervención quiero decirles también, que asumo con alegría y con sentido de responsabilidad esta incorporación al Ateneo de Cádiz, y que, desde este momento, me pongo a disposición del mismo para lo que pueda ayudar en el futuro al desempeño de su misión.

 

Voy a hablar de educación, y de la responsabilidad que la educación tiene con Cádiz. Permitan que, al inicio de mis palabras, rinda un homenaje de agradecimiento a todas las Instituciones, públicas o privadas, que se dedican a la educación en nuestra ciudad, y con las que el Colegio San Felipe Neri desea mantener cada vez mejores relaciones de colaboración. Permitan que, por referirme a algún Centro educativo en concreto- y ya que estamos en una Institución más que centenaria como es el Ateneo y dado que el San Felipe Neri también lo es-, rinda homenaje, por su extraordinaria contribución a la Ciudad desde hace también más de cien años, al Instituto Columela, con el que durante tanto tiempo San Felipe estuvo vinculado por razones administrativas, y que tanto facilitó nuestra tarea.

 

Y sin más preámbulo, entraré en el tema que he preparado.

 

1.- CRISTIANISMO y EDUCACIÓN

 

Hace unos años, estaba en un aeropuerto en los Estados Unidos esperando en una de esas interminables filas que algunos de Ustedes conocen para pasar los trámites de la policía de inmigración. La espera era larga y los que esperaban como yo me preguntaron a qué iba a los Estados Unidos. Yo les dije que era miembro de la Iglesia Católica y que iba a visitar a hermanos míos, religiosos marianistas como yo. Recuerdo muy bien su comentario -dicho en un periodo en que el que la Iglesia era noticia permanente en la prensa por el triste tema de los abusos sexuales -."No es fácil ser miembro de la Iglesia hoy, ¿no es verdad? "

 

Hace solo tres semanas acompañé, junto con otros profesores, un grupo de 94 alumnos de 15 años en un viaje cultural por Extremadura. Recuerdo que una noche, volviendo al hotel con un grupo, un señor ya mayor me dijo. “¡Qué mérito tiene Usted! ¡Es Usted un mártir! Se lo digo yo, que he sido del gremio”.

 

Pues bien, déjenme que les diga que aunque los tiempos quizás no sean fáciles para ser miembro de la Iglesia, y aunque la educación pueda ser -tal vez, no lo sé- más complicada que en el pasado, yo me siento muy feliz por ser cristiano, y muy contento por ser educador. Todavía más, les diré que la situación actual me parece tener inmensas posibilidades, y me anima, me desafía, y me motiva para seguir intentando ser cristiano y educador. Discípulos del P. Chaminade, Fundador de la Familia Marianista, a los marianistas nos gusta, como a él, echar las redes en aguas y en momentos en los que las perspectivas de pesca parecen ser escasas, confiando siempre en la palabra de Jesús que, cuando le decimos que hemos estado toda la noche pescando y no hemos cogido nada, nos sigue repitiendo, sin cesar, "Echa las redes; y encontrarás" (Lc 5, 1-11)

 

Hoy voy a compartir con Ustedes algunas intuiciones -en absoluto originales, lo verán enseguida- que me parecen fundamentales, acerca de lo que los cristianos y los educadores debemos hacer hoy. De todo esto vamos a hablar esta noche. Y voy a hacerlo a partir de una serie de palabras, palabras tan cotidianas como Amar, Escuchar, Confiar, Animar,… Palabras que, creo, pueden servir para cualquier educador, sea o no cristiano, porque, en el fondo, es imposible ser educador sin creer; creer, por ejemplo, en el ser humano. Yo doy testimonio de conocer a muchos buenos educadores, que no se consideran cristianos, pero que creen en la persona y trabajan por su felicidad y promoción, porque, de un modo u otro, " El profesor debe profesar", como dice un gran teólogo y educador, Olegario González de Cardenal.

 

La primera de esas palabras es AMAR.

 

En La Sagrada Escritura leemos que "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna "(Jn 3,16).

 

Amar es la primera tarea de la Iglesia. Amar es la primera tarea del cristiano. Y si no hubiera tiempo para hacer nada más, bastaría con dedicarse solo a amar… Amar siempre, amar a todos, amar sin medida. Solamente, amar " Como decía San Juan de la Cruz "Mi alma se ha empleado y todo mi caudal a su servicio; ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio que ya sólo en amar es mi ejercicio" (Buscando mis amores). "Que ya sólo en amar es mi ejercicio ", no es mal programa, ¿no les parece?

 

La Iglesia, es decir, el Pueblo de Dios que forman los cristianos, deberíamos ser conocidos como aquellos que, sabiéndose amados por un Dios que es Padre, no pueden hacer otra cosa -ni tener otro oficio- distinto del amar .Los cristianos deberíamos ser conocidos como los y las profesionales del amor, dedicados las 24 horas del día a amar y acoger a quien lo necesite.

 

Puede ser que la Iglesia haya actuado siempre así, aunque no lo creo… veinte siglos en manos de los hombres da para muchos aciertos pero también para no pocos errores; pero sí que sé que es así como debería ser percibida por todos: como una madre que ama, y ama y ama. Y que aunque ama a todos sus hijos, ama sobre todo, a quienes por su situación en la vida necesitan más que otros ser amados, tenidos en cuenta, defendidos. Y que para amar, no duda en forzar las cosas , en complicarse la vida y en recordar a quien haga falta que "Cuando se trata de proteger al débil, lo posible es siempre obligatorio", como dice Carlos Amigo, Arzobispo de Sevilla,

 

La Iglesia, hoy en día, no siempre es vista así. A veces parece más una señora un poco gruñona, que otra cosa. A veces falta -en unos lugares más que en otros, aquí en esta Diócesis estamos muy bien, todo hay que decirlo- "confortabilidad" en el interior de la Iglesia, es decir, el estar a gusto estando ahí dentro. Hay más crispación y sospecha de la que debería haber entre hermanos, y, ante esa ausencia de "buen rollo", es lógico que muchos no se sientan a gusto y se vayan.

 

Junto a la gran valoración social que rodea la acción social y caritativa de la Iglesia, coexiste también la incómoda sensación de que la Iglesia, en cualquier momento, te puede salir con un "¡NO!”… Si se preguntara a la gente por sus recuerdos, tal vez nos dijeran que recuerdan muchos más "NOES" que "SÍES" en boca de la Iglesia. Saliendo al paso de eso, el mismo Benedicto XVI nos ha invitado a dedicarnos más a presentar la belleza de la vida cristiana, que a señalar con dedo, una y otra vez, los aspectos que juzgamos negativos de la realidad.

 

Los cristianos tenemos que hacemos cargo de esta situación, si queremos amar al mundo de hoy, como Dios Padre lo amó y lo sigue amando. La Iglesia, el Pueblo de Dios, tendrá que decir "SI" y tendrá que decir "NO" más de una vez, pero, ¡qué bueno sería que eso que se va a decir haya sido rezado, pensado y dialogado en el Pueblo de Dios, en la comunidad eclesial, antes de ser dicho! Y, junto al desafío de esa mayor participación en la vida de la Iglesia, el otro de recordar siempre que no está la persona al servicio de la norma sino al revés; y que entre misericordia y ley, es la primera quien debe tener siempre la primacía.

 

Esta realidad y este desafío interpelan también al mundo de la Educación. Sabemos muy bien lo importante que es amar a nuestros alumnos. Sabemos que sólo desde un amor hecho de respeto, de dedicación, de confianza, de acompañamiento, se puede intentar educar. En los Colegios Marianistas de todo el mundo tratamos de educar de acuerdo con lo que llamamos, "Características de la Educación Marianista", una serie de criterios básicos que deben iluminar nuestra misión. Queremos educar, por ejemplo, en "Espíritu de Familia", que implica cariño, fe en el otro, paciencia. Tratamos de que los alumnos se den cuenta de que son queridos, de que se confía en ellos, de que se les acompaña. San Juan Bosco, otro gran educador, lo decía muy bien y de un modo muy sencillo: "No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den cuenta de que son amados”.

 

"Amar, se ha escrito, "es decir al otro: tú no morirás". Esta hermosa frase tiene consecuencias muy prácticas. Debe llevarnos a todos, cristianos y educadores, a tener los ojos abiertos -en la sociedad, en el mundo, y en el aula- para ver lo que impide la vida y el crecimiento y la felicidad. Y para denunciarlo y combatirlo. Aquí hay mucha tela, como todos ustedes saben, por cortar. Pero tengo que seguir adelante, sin detenerme.

 

Junto a "AMAR", hay otra palabra que me parece importante subrayar, y es:

 

"ESCUCHAR".

 

"El Creador hizo al hombre con dos orejas y con solo una boca, para que escuchase el doble de lo que habla", dice un sabio proverbio chino (o al menos ponía que era chino en el calendario de donde copié la frase).

 

La Iglesia y el educador no pueden evangelizar, ni educar, ni nada, sin escuchar, al menos, el doble de lo que hablan.

 

Y no es fácil escuchar. Y no es fácil interpretar lo que se escucha.

 

Me contaban, recientemente, que en un Colegio están trabajando el tema de la escucha a partir del famoso cuadro -que Ustedes recuerdan bien- "El Grito" de Edgar Munch. ¿Qué quería representar el pintor noruego cuando pintó aquella persona gritando, con todas sus fuerzas, sobre el fondo rojizo del cielo de París? ¿Qué angustias, qué dolores, qué sufrimientos, qué historia, había tras ese grito?

 

¿Qué grita el mundo? ¿Qué gritan nuestros alumnos? ¿Qué vía crucis de muerte y de dolor forman el sustrato de ese grito? Y para comprenderlo, ¿sabemos escuchar? ¿Escuchamos? Cuando decimos a un alumno que no nos escucha es que, a lo mejor, no sabe lo que significa esa palabra… porque no ha hecho la experiencia de que alguien le haya escuchado, una vez al menos, en toda su vida. ..

 

Iglesia, no tengas miedo a escuchar. Fomenta la escucha y el diálogo en tu interior, entre todos los bautizados -cada uno desde su propia función y responsabilidad- para tratar de encontrar entre todos cómo hacer más y mejor presente la Buena Noticia del Reinado de Dios a un mundo que lo necesita. Y anhela y fomenta, Iglesia, el diálogo con quien te mira desde fuera con curiosidad, con indiferencia, con escepticismo, incluso con distancia crítica u oposición. Inventa, Iglesia, sin cesar, modos nuevos para llegar a los alejados, y dialoga con ellos en busca del bien de todos, con respeto a otras opciones, sabiendo siempre que nadie tiene la verdad completa, y que no hay nadie que no tenga, al menos, una parte pequeña de verdad…

 

Cristiano de a pie, no temas presentarte en medio de la plaza pública -los medios de comunicación social, las asociaciones, donde sea- con tu vida y con tus ideas, para disfrutar al encontrarte con otras vidas y con otras ideas, para compartirlas y ampliar tu horizontes con nuevas perspectivas y dimensiones para lo que eres y para lo que quieres ser. Dialoga, cristiano, con el mundo, sin complejos ni prepotencia: feliz, por el contrario, de poner en común lo que vas encontrando en la vida, sabiendo que tienes algo muy valioso que ofrecer a los demás -una perla de gran valor-, y sabiendo que los demás también te van a enriquecer. No te quedes callado, ni grites tan alto que calles otras voces. Y recuerda siempre -Iglesia, cristiano-, lo que dijo Juan Pablo II en su última visita a Madrid -su testamento para España -: " Las ideas no se imponen, se proponen" (3 Mayo 2005).

 

Haz oír tu voz, cristiano, cuando se hable de la Iglesia, o cuando creas que tu palabra puede iluminar la realidad. Si reclamas -y con razón- que la Iglesia no sean solo los Obispos, no silencies tu voz o tu pluma, dejando sola a la Jerarquía para sea ella quien aparezca ante la opinión pública. Hazte oír, y con frecuencia, que tienes mucho que decir y que aportar. Y que tanto tus palabras como tus actos, aporten luz, serenidad, e inviten a la colaboración de todos en favor del bien común. Que tus palabras, incluso cuando tengan que ser críticas, nunca fomenten la crispación, el enfrentamiento, el insulto, la descalificación del otro, porque esos comportamientos no deben tener cabida entre nosotros, aunque, por desgracia, la tienen.

 

Llegados a este punto de mi intervención se me ocurre que también es necesario decir algo a aquellos sectores sociales, culturales, o políticos, que se sitúan lejos de la Iglesia y de lo cristiano y que, en ocasiones, minusvaloran e, incluso, menosprecian esas realidades. Permitidme que os diga que todos tenemos mucho que aprender de todos, y que el diálogo, -ya sea entre civilizaciones o en el interior de la nuestra propia- no puede sino dar resultados positivos. Me alegró mucho escuchar, hace solo unos días aquí en Cádiz, a la Profesora Victoria Camps decir que algunos de los principales exponentes de la mejor filosofía actual van redescubriendo la importancia del diálogo con las Iglesias y con lo religioso, para hacer frente, con la suma de todos los esfuerzos posibles, a las muchas incógnitas y desconciertos en que viven los hombres y mujeres de hoy en día. Esto es, al menos, lo que creí entender. Pido perdón a esa ilustre pensadora si mal interpreté sus palabras, palabras que, lo confieso, me alegraron, porque a veces, en algunos sectores hay, excesiva descalificación, falta de respeto, menosprecio y burla de la Iglesia y de las creencias de los cristianos. Eso, ¿a quién ayuda? ¿A quién beneficia, me pregunto? No, desde luego, a una sociedad que necesita más de sumar que de restar o dividir, como con acierto venía a decir más o menos; hace algunos años, Felipe González.

 

Esta actitud de escucha activa es también imprescindible en la educación. Por ello, educador, escucha y comparte. No temas escuchar y aprender mientras enseñas, mientras enseñas para la vida, mientras acompañas, con tu crecimiento, el de tus alumnos. Educar es escuchar, no imponer. "Enseñar no debe parecerse a llenar una botella de agua, sino más bien ayudar a crecer una flor a su manera", dice de un modo muy bello y verdadero el profesor norteamericano Noam Chomsky.

 

Y junto a AMAR ya ESCUCHAR, CONFIAR

 

Dios confía en nosotros. A veces me pregunto si no lo hace en exceso, pero… ya sabemos cómo es Dios desde el principio de los tiempos, ya estas alturas no creo que haya nadie capaz de hacerle cambiar...

 

En algunos relatos babilónicos acerca de la creación del mundo se dice que los dioses estaban incómodos porque tenían que ocuparse las cosas materiales, y no podían dedicarse exclusivamente a disfrutar de su vida divina. Y por eso se dijeron: "hagamos al hombre para que nos ayude y nos sirva". Y así crearon al hombre, y pudieron, finalmente, disfrutar a tope de su privilegiada condición.

 

En el mismo ámbito cultural, y en la misma época histórica, los primeros libros de la Biblia relatan de un modo totalmente distinto la creación del hombre: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. A imagen de Dios los creó. Hombre y mujer los creó", leemos en el libro del Génesis (Gn.1, 26s). El hombre y la mujer no fueron creados criados, sino a imagen y a semejanza de Dios mismo. Dios nos creó, copiándose a sí mismo. Él mismo es el modelo que siguió al crearnos. Y no sólo eso: nos creó, además, como hijos, como herederos, como colegas. Nos asoció a su tarea y la confió a nuestras manos. “Dios puso al hombre en el jardín del Edén para que lo cuidase y lo cultivase” ( Gn.2 ,15). Como dice, Roger Garaudy, "El hombre fue creado, creador”.

 

Y esta confianza en el hombre y en la mujer no es algo que pertenezca solamente al principio de los tiempos, sino también a lo que nos toca hacer hoy, y a lo que habrá que hacer mañana. Recuerdo una antigua y muy hermosa leyenda, originaria de las Iglesias ortodoxas. Se dice que cuando Jesús, tras su resurrección, subía al cielo, se encontró con el Arcángel Gabriel, que descendía a la tierra como mensajero de Dios, a hacerle algún mandao, supongo. Al verle, Gabriel saludó muy contento a Jesús a quien no veía desde que Jesús se encarnó, unos cuantos años antes. La leyenda dice que era de noche cuando se produjo el encuentro, y cuando Gabriel preguntó a Jesús: "¿Qué son aquellas luces que se ven ahí abajo?". Se dice que Jesús respondió al Ángel. "Es Jerusalén, y allí están mi madre y mis discípulos. Y esas luces es el Espíritu Santo que les he enviado para que les ilumine y sean ellos los que continúen mi obra en el mundo". Gabriel se queda un momento en silencio, y luego, un poco dubitativo, pregunta: "¿Y has previsto un plan alternativo para el supuesto de que ese plan no funcione?" Ahora es Jesús el que se queda un momento en silencio, como desconcertado por la pregunta, y luego responde: "No. No tengo otro plan. Sólo ése".

 

Jesús confía en nosotros. No tiene otro plan; sólo ése. Ha puesto su misión -la misión que recibió del Padre, ya saben, el que todos tengamos cada vez más vida y seamos cada vez más hermanos y más felices- en nuestras manos. Y, por eso, depende de nosotros que ese plan fracase, o salga adelante.

 

Jesús no tiene otro plan. Y la Iglesia no debe tener otro, sino el de ser portadora de un mensaje de felicidad y de vida. Una Iglesia que ni se apoye en sus propias fuerzas o en la de extrañas alianzas, pero que tampoco se quede paralizada o deprimida por sus pecados pasados o actuales. Una Iglesia y unos cristianos, fuertes con la fuerza de Jesús, el Señor de lo Imposible (Juan Pablo II, carta al XXXII Capítulo General de la Compañía de María, Julio 2001); fuertes con el Espíritu de Jesús que, como rezaremos dentro de poco en Pentecostés, "Esta es la fuerza que pone en pie a la Iglesia en medio de las plazas y levanta testigos en el pueblo..."

 

El educador debe también confiar mucho en sus alumnos. Y no solo en los buenos académicamente hablando, ni en los que mejor se portan: en esos casos, confiar es fácil. Pero hay que tratar de confiar en todos ya que todos -y no solo los fáciles- han sido confiados a nosotros. Y, además, ¡la de veces que nos hemos equivocado al predecir el futuro de nuestros alumnos! Una vez más, la sabiduría popular nos ilumina: "Riega todas las semillas, porque no sabes cuál germinará primero", dice, sabiamente, un antiguo proverbio turco que suelo recordar con frecuencia.

 

Los procesos educativos son lentos y no siempre se tiene claro el resultado. No se trata de saber los tantos por ciento de aprobados en selectividad o los resultados de otras pruebas o exámenes. Lo difícil es saber para qué han servido nuestros afanes, el tiempo, la profesionalidad vertida en nuestra tarea, el cariño dedicado a los alumnos. Aquí poco podemos hacer más allá de intentar todo lo que podamos, y dejar en las manos de Dios o de la vida, según se prefiera, el futuro de nuestros alumnos. Pero lo que hayamos plantado, de un modo u otro, permanecerá y germinará. Sobre todo, si lo sembrado es vida y no sólo palabras porque como recuerda Gustav Mahler: "No hay más que una educación, y es el ejemplo”.

 

Educar en la pasión por la verdad, porque, "con una mentira puede irse muy lejos, pero sin esperanza de volver" (proverbio judío). Y eduquemos sabiendo que si educamos para la solidaridad, para el trabajo responsable y en equipo, para la participación, para el esfuerzo, estaremos ayudando a construir un mundo más justo y más pacífico. El Talmud judío lo dice bellamente: "El futuro del mundo pende del aliento de los niños que van a la escuela".

 

Y, finalmente, ANIMAR

 

Para ayudar a crecer a otro, me vienen a la cabeza una serie de palabras: animar, desafiar, provocar, estimular, motivar, invitar,… Y es que estamos creciendo continuamente; continuamente en marcha. "Somos, andando", que decía Paolo Freire. O cambiando hacia mejor, porque "somos lo que hacemos pero somos principalmente lo que hacemos para cambiar lo que somos" (Eduardo Galeano). Invitar siempre a crecer, en definitiva.

 

Y para ello, y desde el amor, atreverse a plantear preguntas difíciles, incómodas, aunque no sean políticamente correctas. Pero Jesús preguntaba directamente: "¿Quieres curarte?” (Jn5, 6).

 

Si no queremos curarnos, ¿cómo vamos a hacerlo? O si no queremos seguir adelante en la vida. Nadie nos va a poder ayudar si no queremos dejarnos ayudar, o preferimos no saber hacia dónde deberíamos ir. "Cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, todos los vientos nos son desfavorables" decía Séneca.

 

Los cristianos, más con nuestra vida de testigos que con nuestras palabras de maestros (Pablo VI), debemos ser capaces de interpelar al mundo. De crear sorpresa. De demostrar que es posible vivir de otra manera, sin sucumbir siempre y del todo a las modas culturales o a las exigencias del mercado. OTRO MUNDO ES POSIBLE, en el que las cosas sean de otra manera. Es lo que en su ingenuidad intuían un grupo de niños de 5 años que, preguntando por su Director me decían: " ¿Dónde esta el despacho de D. Vicente, que nos han dicho que vende caramelos gratis?”.

 

Y junto a la sorpresa, la denuncia. Debemos ser capaces de señalar y poner nombre a todo aquello que impide la felicidad de hombres y mujeres, o la supervivencia del planeta, casa común de todos los seres vivos presentes y futuros. Los cristianos debemos ayudarnos mutuamente, y ayudar a todos, a estar sanamente inconformes, incómodos, con la situación actual del mundo tan injusto en su organización actual. Inconformes, incómodos y rebeldes. Activos contra el mal. Y activos junto con otros, sumando fuerzas válidas, sea cual fuere la etiqueta confesional que esas otras fuerzas lleven, o… dejen de llevar.

 

Y junto la denuncia, el anuncio. Debemos ser capaces de señalar y de gozar con todo lo bueno que hay en el mundo y alrededor nuestro, y que es mucho y muy hermoso. ¡Ojalá, junto a la capacidad de identificar el mal, fuésemos más expertos en identificar lo que funciona bien, las muchas buenas noticias que suceden a diario, las muchas buenas personas que están en todas partes… porque ello nos motivaría y nos animaría!

 

Y así deben, en esa rebeldía responsable, educar los educadores. Creando desde pequeñitos en nuestros alumnos, hábitos de pregunta, de análisis, de crítica, de solidaridad y de compromiso, de modo que queden incorporados a su personalidad y, ya de mayores, no se conciban a sí mismos más que haciendo el bien a los demás y mejorando el mundo. Esta visión, anclada en el mejor Aristóteles, debe nuestra inspirar la tarea educativa. Por eso, en nuestros Colegios, educamos también para el "servicio, la justicia y la paz", y educamos para sentirnos responsables y solidarios con lo que pasa cerca y con lo que pasa lejos. Y educamos para fomentar una cultura, teórica y práctica, del voluntariado, que haga ver a los alumnos que también ellos y ellas pueden hacer algo por los demás.

 

¿Y qué decir de la formación para la acción política, si no que es también una prioridad? Si me permiten la frase les diré que "No logro entender de qué educación hablan quienes separan educación y política", porque la política está presente en todos los aspectos de nuestra vida.

 

En la actualidad, en ese escaso número de países que tenemos la fortuna de vivir en un sistema democrático, nuestra democracia es de baja intensidad, funciona, casi, sin necesidad de ciudadanos, como esos aviones que vuelan con piloto automático. Los ciudadanos pagan impuestos, votan (ya menudo, con escasa participación), y poco más. Dejan hacer a los políticos, y éstos, a veces, pareciera que actuaran a su aire… Se ha roto el "vínculo político" que existía entre gobernantes y gobernados, se ha llegado a decir para caracterizar la aguda crisis política que vivimos ( J.M. Colombani, director de Le Monde). Frente a ello, tenemos que actuar. Y no es nada fácil.

 

En el Colegio San Felipe Neri -como en otros, sin duda- tratamos de que los alumnos vean la política como una posible vocación para alguno de ellos, pero esa invitación despierta poco eco. No arrojamos, sin embargo, la toalla. Hay que insistir y rescatar el valor de la política y de los políticos. Tenemos que subrayar el valor de la participación en la gestión de los asuntos públicos, del control a nuestros gobernantes, del hacer oír la voz de los ciudadanos en los medios de comunicación social, de saber cómo ejercer sus derechos cívicos y cómo actuar ante las Instituciones. Tenemos que trabajar mucho para recuperar la conciencia de las posibilidades que los individuos y, mejor todavía, los individuos agrupados, tienen para intervenir con peso en la toma de decisiones

 

Enrique Jardiel Poncela dijo algo muy sabio y verdadero y que puede explicar, en parte, el por qué del desinterés por la política. "Los políticos, decía Jardiel, son como los cines de barrio: primero te hacen entrar, y después te cambian el programa". Permitan que les proponga algo: demos la vuelta a la frase: seamos nosotros los que cambiemos el programa a los políticos. Exijámosles que traten de los asuntos que nos interesan de verdad, y que lo hagan del modo como nos interesa que lo hagan. Hagámosles saber que nos cansan sus broncas permanentes, y que preferiríamos verles trabajar juntos. ¿Hace cuánto tiempo que no hemos visto la foto de un gobernante -nacional, autonómico o local- y la del líder de la oposición correspondiente, estudiando juntos con atención, unos documentos? Imaginen, por un momento, una foto de esos mismos líderes riéndose juntos al escuchar un chiste, o jugando a las cartas o, más difícil todavía, tomando juntos un cafelito con medio mollete y aceite… ¿no serían fotos de portada en todos los diarios?

 

Digo todo lo anterior, mollete incluido, con un profundo respeto por nuestros políticos, y conociendo las coordenadas en las que tienen que moverse. Un político que quiere servir al pueblo sabe que podrá hacerlo mejor si está en el poder que si está en la oposición. Y sabe que para gobernar, debe ganar las elecciones. Y sabe que para ganarlas, no puede en su programa electoral proponer medidas duras y difíciles de aceptar por electorado. Y por eso, todos los candidatos, eliminan esos temas espinosos en sus programas. Pero los grandes problemas del mundo están ahí: la injusticia en el reparto de las riquezas que hace necesario el que vivamos más sobriamente; lo mismo que la crisis medioambiental. Esos temas no deberían desaparecer de los programas por miedo a las consecuencias electorales, sino que deberían ser objeto de un Pacto Social y Ciudadano que hiciera que todos asumiésemos el precio que tenemos que pagar para tratar de arreglar algunos de esos grandes temas.

 

Todos los agentes sociales, entre ellos las Iglesias y los sistemas educativos, tienen que colaborar en la formación de una conciencia social dispuesta a asumir esos sacrificios por el bien de todos, para que haya esperanza para todos. De ese modo, los políticos -sin miedo al coste electoral- podrán proponernos medidas que, en la actualidad, aún siendo conscientes de su necesidad, no se atreven a presentarnos.

 

También es muy urgente el ampliar horizontes y no quedamos atrapados por los problemas domésticos. Ese es un peligro nos acecha a todos: defender lo nuestro contra los de fuera. Las Iglesias, al igual que los sistemas educativos, deben ayudarnos a tener una visión globalizada del mundo y hacer que nos sintamos responsables de lo que está sucediendo cerca, y lejos. En este sentido, los Hermanamientos entre Colegios de España y otros de países empobrecidos, es un medio muy importante para conocer mejor otras realidades y para poder actuar de modo eficaz ante determinados problemas. El Colegio San Felipe Neri tiene, en la actualidad, una especie de extensión colegial en Las Conchas, en el Alto Verapaz, en Guatemala. Pero no perdemos la ilusión de colocar también, en el futuro y a la entrada del Colegio, un cartel con las banderas de los países de otros Colegios con los que el nuestro esté hermanado.

 

Y junto a conocer el presente y cómo actuar para mejorarlo, debemos también permitirnos soñar. Paolo Freire, el gran educador cristiano y brasileño, decía que "La educación necesita tanto de formación técnica, científica y profesional, como de sueños y utopías". Pero sueños que tratemos de llevar a la práctica... "Soy un soñador práctico, decía Gandhi, lo que yo quiero es convertir mis sueños en realidad " Yeso no es fácil porque "En la vida humana solo unos sueños se cumplen: la gran mayoría de los sueños, se roncan", nos dice, una vez más, con ingenio y sabiduría. Jardiel.

 

Como cristianos, hemos recibido la misión de llevar a la práctica "el sueño de Dios" para la felicidad de los hombres: la Buena Noticia de Jesús, el Reinado de Dios. Como ciudadanos, tenemos el deber de colaborar a construir un mundo más justo y fraterno.

 

Como educadores, nuestra misión será despertar en nuestros alumnos esa pasión por la justicia para todos, y ese sentido de participación y de responsabilidad... ese no conformarse con las cosas tal y como están, como si nunca pudieran cambiar.

 

Podría seguir hablando, pero creo que ya lo he hecho en exceso. Déjenme, antes de abordar otro tema, que les diga que, como cristianos y educadores, tenemos también y con frecuencia, que dar gracias por serio, y gozar mucho de serio.

 

Y, antes determinar, permitan unas reflexiones que espero no molesten a nadie. O que si molestan, lo hagan lo menos posible.

 

2.-CRISTIANO Y EDUCADOR EN CADIZ HOY. 24 DE ABRIL 2007

 

Lo que he dicho hasta ahora, hay que vivirlo y practicarlo aquí y ahora. En una Ciudad de Cádiz, que mira con preocupación creciente su futuro, y que para darse mejor cuenta de lo que pasa y para que otros también lo vean mejor, acaba de hacer una jornada de Huelga General, el pasado 18 de Abril.

 

Permitan que les diga que las reflexiones que vienen a continuación, además de mías, son reflexiones "corales" o "sinfónicas", es decir, recogidas de comentarios de aquí y de allá, y procedentes de personas que aman a Cádiz y que están inquietas por lo que nos está pasando.

 

"Nos duele Cádiz". Esta frase, que recuerda otra dicha hace años, la podrían repetir miles de gaditanos. Nos inquieta el presente y nos inquieta, aún más, el futuro. Recientemente escuché decir: "Cádiz se está muriendo". Frente a esa sensación, que la crisis de Delphi ha agudizado, he visto rabia, tristeza, desesperanza y, afortunadamente también, atisbos de reacción. En la prensa, en este mismo Ateneo, y en otros ámbitos y Foros, se ha acentuado en los últimos meses la reflexión sobre nuestra situación, sobre sus causas, y sobre el camino a recorrer para frenar y hacer cambiar de rumbo nuestra actual singladura en la que la pérdida de empleo provoca la pérdida de población, de horizonte, de futuro.

 

"Nos duele Cádiz" dicen muchos gaditanos que, junto al "¡Delphi no se cierra!", están empezando a pensar si no deberían salir a las calles para gritar "¡Cádiz no se cierra!", "¡La Bahía no se cierra!".

 

No voy a hacer un recuento de los males de Cádiz. No soy competente para ellos -otros sí que lo son-, ni es éste el tema que hoy me ha traído aquí. Pero lo que sí quiero decirles es que es urgente el que la ciudadanía, los hombres y mujeres de Cádiz, nos tomemos en serio lo que está pasando a nuestro alrededor, y, superando visiones localistas, particularistas, o partidistas, nos unamos para imaginar el cómo hacer frente a la actual situación.

 

Cuenta Antonio Alcalá Galiano cómo todo Cádiz se movilizó en 1805 para recibir a los heridos de la Batalla de Trafalgar. Y dice: "Numerosísimo gentío poblaba el muelle. Ni la inclemencia del tiempo impedía que personas aun de las clases superiores y acomodadas y de ambos sexos acudiesen a ofrecerse a los heridos, solicitando a competencia llevárselos a sus casas para su cura y regalo". Y añade: "Fue aquélla la primera ocasión en España durante dilatados años en que se notó lo llamado espíritu público, o digamos tomar parte y aun empeño los individuos privados en un suceso público, e interés por personas con quienes no tenían relaciones de clase alguna”. (Antonio Alcalá Galiano, Recuerdos de un anciano. Biblioteca de Autores Andaluces, 2004, p.25).

 

Será en aquel Cádiz de principios del siglo XIX, "la ciudad antipalurda por excelencia" en palabras felices de Gregorio Marañón, donde se va a gestar y proclamar la Constitución de 1812. De esa época, y de quienes en Cádiz hicieron posible ese texto fundante de nuestra vida democrática, se ha dicho: "En Cádiz empieza nuestra contemporaneidad porque aquí el español se convirtió en un ciudadano, sujeto de derechos y dueños de su libertad... Desde 1812, sabemos que, en España, decir Cádiz es decir libertad. Una libertad que es la garantía del pleno ejercicio de los derechos individuales, en igualdad para todos" (Dª Esperanza Aguirre, Presidenta del Senado, 19 de Marzo 2001.Ateneo. Revista Cultural del Ateneo de Cádiz Año 1/2001).

 

¿Queda hoy en día algo de ese Cádiz de 1812? De ese Cádiz que, en palabras de Gregorio Marañón, fue la que hizo liberales a los diputados doceañistas (ver prólogo al libro "El Cádiz de las Cortes" de Ramón Solís ); o, como decía Pemán, "Las Cortes de Cádiz no representaban, ni con mucho, a la verdadera España", un país mucho más anquilosado y anclado en el pasado. ¿Queda hoy algo de aquel Cádiz liberal y de aquellos gaditanos?

 

"Cádiz hoy necesita una revolución doceañista" decía el Presidente del Ateneo ante ese Altar Cívico que es el Monumentos a las Cortes de 1812, el pasado día 19 de Marzo. ¿Seremos capaces de ello o nos enfrascaremos en disputas de siglas, de prestigio de Instituciones, en vez de unir todas las fuerzas presentes y crear otras si fuera preciso, en una nueva Torre Vigía que, como las de antaño, atisbara el futuro, y anunciara prosperidad para nuestra ciudad y sus gentes? Como en tiempos de la amenaza de Trafalgar, ¿seremos capaces de unimos -Instituciones, Partidos, Sindicatos, Asociaciones Empresariales y de Vecinos, Universidad, Colegios Profesionales, Iglesia, Medios de Comunicación, Centros de Enseñanza, Hermandades y Cofradías, Deportistas, Intelectuales, Artistas, Agrupaciones Carnavalescas, etc. etc.- frente a los nuevos enemigos que nos cercan?

 

¿Seremos o no, capaces de unirnos? Antonio Hernández Rodicio, en un brillante artículo titulado "Cádiz contra Cádiz, equis en la quiniela de la historia", publicado en el número 4 de la revista de este Ateneo, dice que si Cádiz es una ciudad derrotada no lo es por culpa del conde de Essex, sino por los propios gaditanos.

 

¿Seremos capaces de identificar los males que, desde fuera nos amenazan - deslocalización de empresas, por ejemplo-, pero también los que lo hacen desde dentro? Bien está que en los Carnavales se hable con humor de los prejubilados, pero ¿dónde se habla en serio del drama -humano, social y económico- que suponen tantos miles de prejubilados en Cádiz, es decir, tantos miles de puestos de trabajo desaparecidos? ¿Nos damos cuenta de que cada prejubilado, además de recibir una pensión para llevar a su casa recibe también, como herencia que dejar a sus hijos, un puesto menos de trabajo y, tal vez, un futuro billete de tren o de autobús para Castellón o Villareal? ¿Quién ha convocado a duelo, no por uno, sino por los miles de puestos de trabajo que han ido muriendo, año tras año, en la Bahía?

 

Y si queremos seguir atreviéndonos a enfrentarnos con nuestra propia realidad, ¿quién será capaz de hacernos ver todo el mal que nos ha traído lo que, por ejemplo, el mismo Antonio Hernández Rodicio dice en el artículo antes citado: "(El gaditano) tiene un sexto sentido para extraer petróleo, eso sí sin tener que ir a trabajar a las plataformas de Dragados Off Shore?" ¿Quién se atreverá a hacer que nos planteemos preguntas incómodas y desagradables, por ejemplo, sobre nuestra responsabilidad en el trabajo, sobre la frivolidad con la que se tratan temas como el absentismo laboral, sobre la productividad de nuestro trabajo, sobre el egoísmo e insolidaridad de algunos capitales, o sobre la excesiva confianza que tenemos en soluciones mesiánicas, puntuales, y en muchos casos, llovidas del cielo y venidas de fuera?

 

Es tarde, pero dejen que les cuente una historia. En un país rico por los vinos que producía, había un rey muy justo. Un día, propuso a sus súbditos que cada familia contribuyera con un litro de vino para que, todos los buenos vinos del reino mezclados, dieran un vivo de una calidad insuperable. Durante días, las gentes se animaban mutuamente a contribuir con ese litro de vino, a participar en ese proyecto común. Llegó la fecha señalada, y familia tras familia, fueron vertiendo el líquido en una inmensa cuba que estaba en la Plaza Mayor de la capital. Una vez que terminaron todos, el Rey, con gran solemnidad se acercó, y llenando una copa de oro se dispuso a brindar por la salud y la felicidad de todos sus súbditos. Cuando se llevó la copa a los labios, se detuvo sorprendido: en la copa, como en toda la cuba, había un líquido muy bello, pero totalmente incoloro, inodoro e insípido: ¡la cuba estaba llena de agua! ¿Qué había sucedido? Que cada familia se había dicho "Total, ¡por un litrito de agua no pasará nada!”.

 

¡Cuánto daño nos ha hecho el "total, por un litrito de agua no pasa nada"! ¿Estamos dispuestos a reconocerlo, y decididos a cambiar? Pienso que éstos que les he dicho son algunos de los desafíos que nos están desafiando aquí y ahora, y por eso no podía acabar mi presentación sin referirme a ellos, por discutibles que puedan ser. Como cristianos, como educadores, como ciudadanos y ciudadanas, debemos despertar en nuestros conciudadanos ese deseo de hacer entre todos un futuro mejor. "La libertad no la tienen los que no tienen su sed” dice Rafael Alberti. Tampoco el ansia de futuro, quienes buscan soluciones individuales y no quieren soñar la posibilidad de que las cosas sean distintas. Despertad esa sed, despertad ese ansia... ¡qué hermosa tarea para todos nosotros, educadores, cada cual a su manera, de la juventud gaditana!

 

En esta tarea, el Ateneo lleva empeñado casi 150 años. Deseo que lo siga haciendo durante otros muchos años más. Y como hasta el presente, sin falsos optimismos, y sin derrotismos, porque, como muy bien dijo nuestro Presidente al presentar el Balance de Actividades del curso 2000-2001:

 

El pesimista se queja del viento,

El optimista espera que cambie,

El realista ajusta las velas".

 

Que no falte nuestro esfuerzo realista, y el de otros muchos, para ajustar esas velas que tanto lo están necesitando.

 

Señoras y Señores, muchas gracias por su atención.

 

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