La Comisión General de Justicia y Paz es una entidad católica sin fines lucrativos y reconocida como de carácter social, fundada por Pablo VI en 1967 como fruto del Concilio Vaticano II y animada por su espíritu, que fue constituida es España en 1968 por la Conferencia Episcopal Española y está extendida por todo el mundo.


Está integrada por personas voluntarias que mantienen una actitud abierta, dialogante y comprometida mientras intentan vivir coherentemente los valores del Evangelio. En su interior se vive un sano pluralismo de opiniones y un comportamiento democrático, dentro de una voluntad transformadora de la sociedad y el orden internacional actuales que mira hacia la utopía de un mundo más justo, pacífico y humano.

En los años de la transición política española, Justicia y Paz jugó un papel relevante. Cabe destacar, entre otras, las iniciativas tendentes a conseguir la amnistía de los presos políticos, la abolición de la pena de muerte y el reconocimiento del derecho de objeción de conciencia al servicio militar. Y más adelante, las campañas a favor de la asignación del 0,7% del PIB para ayuda a los países en vías de desarrollo y la condonación de la deuda externa.