Consumir para vivir. No, vivir para consumir
17-06-2009
Esta publicación forma parte de la trilogía con la que la Comisión General de Justicia y Paz ha querido contribuir a la reflexión que, ineludiblemente, exige uno de los problemas más graves con los que se enfrenta, hoy, la humanidad: el irresponsable consumo que lleva a una salvaje explotación de nuestro planeta, con las serias consecuencias que está trayendo, tanto para el planeta como para sus habitantes de las generaciones presente y futuras.
Isabel Cuenca Anaya inició la trilogía, en 2007, con Consumo y Medio Ambiente, a la que siguió, en 2008, Tica Font, con Podemos ser consumidores más responsables y, en 2009, Marta Zubía, la cierra, afrontándola con unas reflexiones teológicas, desde la perspectiva cristiana.
El ser humano se siente como perdido y desorientado ante el resultado de sus acciones que ya no controla; y, en los países consumistas, además, se siente como ahogado por el sinsentido de su vida basada en el tener más que en el ser y por la falta del sentido de la trascendencia, que le ha dejado sumido en el materialismo, pero apartado del valor de su hermana la materia, apartado de sí mismo y de los demás, apartado de Dios, porque ha perdido la capacidad de descubrir la trascendencia que habita en la inmanencia que tenían “cuantos creen en Dios, sea cual fuere su religión, y que escucharon siempre la manifestación de la voz de Dios en el lenguaje de la creación” (G.S. 36). Y creemos que la fe puede aportar algunas luces que nos pongan en el camino del sentido, del compromiso y de la esperanza y porque creemos que, como ciudadanas y ciudadanos de la creación, sí es posible consumir en humano y vivir en armonía seres humanos-naturaleza-Dios. Ésa es nuestra esperanza.
Para ello, partiremos de la nueva conciencia que, ante esta situación, va adquiriendo la humanidad, conciencia de la necesidad vital de vivir en armonía los seres humanos y los pueblos entre sí y éstos y la naturaleza, porque hay algo básico, radical, que nos iguala: seres humanos y naturaleza somos Tierra, somos lo mismo, aunque diferenciados.
Desde Justicia y Paz, reconocemos esta nueva conciencia como un signo de los tiempos, pues está llevando al ser humano a plantearse su sentido en la tierra, el sinsentido de su “hacer”, al tiempo que percibe brotes de esperanza; y a las personas cristianas, nos está llevando a volver los ojos a Jesús de Nazareth, para, desde él, re-descubrir la obra amorosa de Abba, de la que estaba tan contento por lo bien que le había salido; redescubrir la hermandad cósmica que él estrenó, y renovar nuestro compromiso con el Espíritu para llevarla adelante, junto con todas las personas, creyentes o no, que comprometen su vida por un mundo armonioso.
Éstos son los pasos que seguiremos en esta reflexión: nos acercaremos a la nueva conciencia, la reconoceremos como un signo de los tiempos, para releerla a la luz de Jesús de Nazareth y, en línea con la Doctrina social de la Iglesia, trataremos de ver qué cuestionamiento nos plantea, hoy, a las personas cristianas, en general, y a los miembros de Justicia y Paz, en particular, y qué palabra de esperanza podemos decir, también.











