Ecología y felicidad
06-11-2009
Ecología y felicidad
Hace algunos días, llegó a mis manos un curioso articulo donde se hablaba de un experimento que protagonizó una familia americana, y que venía a demostrar que es posible vivir perfectamente durante 1 año, de una manera ecológica y sostenible, en una ciudad tan poco amable para ello como es Nueva York.
Este experimento, recogido en un libro de próxima publicación, “No impact man”, indaga en las poderosas trabas que la sociedad va colocando para no salirse del “tiesto consumista”, y en como a lo largo de los días van descubriendo lo sencillo, sano y saludable que es el vivir, por ejemplo, sin energía eléctrica, olvidarse de la comida preparada y alimentarse de productos frescos y del entorno más cercano, utilizar el cómodo y barato transporte de la bicicleta para todos sus desplazamientos, o dejar de usar infinidad de utensilios domésticos contaminantes (incluido el papel higiénico). No hay que olvidar que este país es manifiestamente el más contaminante del planeta, y citando un dato que me pareció estremecedor, si toda su población dejaran de golpe de beber café en sus omnipresentes vasos de plástico, o cocinaran en lugar de pedir la comida a domicilio, desaparecería el 20% del total de la basura sólida que generan, según la agencia de protección al medio ambiente.
Toda esta experiencia me pareció muy interesante, aunque quizás no excesivamente sorprendente, pues hoy a una gran mayoría de personas, cada vez más concienciadas con un asunto de vital importancia, y en un contexto mundial de crisis económica y medioambiental, no nos va faltando la continua información que refleja la urgente necesidad de ir cambiando nuestro excesivo y poco solidario estilo de vida. Otra cosa es el sinsentido de que, disponiendo de toda esta información, no haya un compromiso serio y firme por parte de la mayoría de la población, comenzado por nuestros gobernantes, de llevar a cabo esta tarea.
Pero lo que realmente me pareció sugerente y clave de toda esta historia, es la contestación a la pregunta de con qué os quedáis de toda la heroica y alternativa experiencia vivida, pues se trataba de algo que no suele sobresalir en los medios de comunicación, ni solemos escuchar porque realmente no interesa hacerlo, y su contestación fue con la inmensa felicidad que han descubierto con este nuevo estilo de vida.
El fortalecer los vínculos amistosos y las relaciones personales, poder dedicar más tiempo a su hija para jugar y educarla, reencontrarse con la lectura, incluso dedicarse mas tiempo a su relación de pareja (cuando regalaron el televisor reconocen que fue un paso duro, pero sin duda el mejor aprovechado) y el saber que cada pequeño gesto es esencial en la construcción de un mundo mas justo, sano y digno para nuestros hijos, les fue proporcionando una felicidad liberadora y un descubrimiento de momentos que hasta entonces no conocían..
Huelga decir que todos los estudios aluden a que desde el momento que una persona tiene la fortuna de disponer de sus necesidades básicas cubiertas, el aumento de los bienes no equivale a más felicidad, más bien al contrario; pero tristemente nos seguimos ahogando en esa espiral de más trabajo-más dinero-más consumo-más “felicidad”. Es el gran engaño que esta sociedad nos guarda, para seguir manteniendo un sistema vergonzantemente injusto, perverso y nada solidario.
Es cierto que esta atípica prueba puede parecer un tanto extrema o radical, y que no todas las circunstancias personales nos hacen capaces de poder asumir todos estos cambios, pues el autor reconoce la suerte de poder trabajar en lo que realmente le gusta, disponiendo del tiempo y los recursos básicos, pero no deja de ser un referente muy atractivo, para que valores y elementos como la austeridad, la sencillez, la reutilización, la ecoeficiencia o la sostenibilidad, sean sinónimos de apuesta por mejorar este mundo un tanto enfermo, pero por supuesto de la consecución de una vida mucho más feliz.
Quique Landete
Justicia y Paz de Orihuela-Alicante











