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La educación en la justicia y la paz

21-09-2012

Instituciones educativas y la educación en la justicia y la paz

 

Consideraciones previas

     La actuación de los profesionales de la educación nunca puede entenderse si no consideramos el contexto organizativo e institucional en el que realizamos nuestra práctica educativa. Este marco institucional al que nos referimos no solo es un espacio en el que se hacen multitud de propuestas, también es en sí mismo un contenido que debemos articular para innovar y cambiar.

 
   El cambio cultural, organizativo  y los procesos en las instituciones educativas no son fáciles. Los centros escolares son instituciones conservadoras -en general-.Y "muchas veces las cosas cambian para que todo siga igual". En defensa de la escuela, habrá que explicar a la sociedad que para cualquier cambio o innovación  en la educación necesitamos la intervención de todos los actores sociales (familia, sociedad, política, iglesias, medios de comunicación, redes sociales...) y que es excesiva la responsabilidad de dejar la educación exclusivamente en manos de los maestros y profesores. Siguiendo a José Antonio Marina diríamos con él que para educar en la justicia y la paz también  hace falta "la tribu entera".


   Sin embargo, la educación tiene desafíos, necesita responder a demandas y necesidades sociales, adoptar nuevos modos de hacer y vivir la escuela, y sobre todo poner a punto la organización de los centros y  la actuación de los docentes en las respuestas educativas que exigen los tiempos. Sin olvidar, que necesitamos también, hablar de implicación personal y entusiasmo colectivo.


   Uno de los grandes objetivos de la escuela es que los alumnos desarrollen una educación para la justicia y la paz y, aprendan a valorar y comprometerse con ellas como elección personal y colectiva. Institucionalmente debemos educar para justicia y la paz desde una perspectiva de sentido, curricular, organizativa y competencial, es decir, se trata de analizar las propuestas de educación para la justicia y la paz desarrollando estrategias organizativas y de intervención y consiguiendo habilidades competenciales.


   Para posibilitar la institucionalización del cambio y la innovación en el tema de la justicia y la paz es clave el cambio de mentalidad, el protagonismo y la formación del profesorado, que contribuya: a su competencia profesional en este tema; a conectar las orientaciones de sentido con lo organizativo; a crear una cultura colaborativa que fomente el diálogo profesional y el trabajo en equipo; a ir superando el individualismo  y clarificando qué tipo de cultura colectiva deseamos y qué procesos pautamos para que el cambio a una cultura de justicia y de paz, sea posible.

  
   Una educación para la justicia y la paz exige dos convicciones de fondo. La convicción de que tenemos la posibilidad de cambiar la dirección injusta y violenta que está tomando la vida en nuestro planeta. Y junto a ella, que los centros educativos si son justos institucionalmente, pueden jugar un papel central en el desarrollo de una cultura de la justicia y la paz.


   Hoy es noticia, aunque -a veces- se silencie  con complicidad en los medios de comunicación: la pobreza y el hambre,  la violencia y la guerra; la desigualdad y la injusticia; los grupos económicos y financieros, que monopolizan el poder y las riquezas estando por encima del marco político y jurídico;  la erosión del Estado nación frente a los mercados; la desigualdad y el paro; las nuevas formas de esclavitud; la deuda externa y los paraísos fiscales; los niños dedicados al trabajo infantil, la explotación sexual y a la soldadesca; la feminización de la pobreza; los recortes y planes de ajuste en educación, sanidad y derechos sociales; los movimientos migratorios de desplazados, refugiados y exiliados ... la violencia enmascarada de la que nadie parece sentirse responsable; los genocidios, terrorismos, atentados, secuestros, asesinatos, torturas...etc.

   La institución escolar debe ayudar a sus alumnos en la medida de sus responsabilidades, a desenmascarar los mecanismos que justifican la violencia y la injusticia a gran escala, sabiendo que poseen un parecido ADN con la violencia y la injusticia a pequeña escala.

 
   En el contexto escolar también existen las desigualdades económicas, las pobrezas diversas,   la violencia verbal, las manipulaciones, las descalificaciones, las peleas, los maltratos, el bullying, ciberbullying, ...Y, desde esta experiencia, podremos intentar hacerles entender a los alumnos, los fanatismos ideológicos y religiosos, las expresiones racistas, xenófobas y sexistas... que nos permitirán profundizar en las estructuras mentales y culturales de quienes provocan la injusticia y la violencia.

 

El marco legislativo de educación para la justicia y la paz


   El marco legislativo de educación para la justicia y la paz, debe pivotar en las orientaciones desarrolladas por la ONU, la UNESCO, los derechos humanos, la Constitución Española -con sus valores y libertades fundamentales-  y las leyes de educación. Además de otras propuestas más específicas de cada centro desde  su "carácter propio" y su autonomía para hacer propuestas singulares.

 

Fundamentos antropológicos y éticos para la educación en la justicia y la paz en la institución escolar

 

   Como profesionales se nos exige que referenciemos nuestros proyectos educativos en fundamentos antropológicos y éticos. Reflexionar sobre la persona como centro axiológico. Fin en sí misma, realidad dinámica en desarrollo, en proceso desde el diálogo y el encuentro. Plantear la irrepetibilidad del ser humano, su dignidad, el valor de la diferencia y la diversidad, su igualdad y su actitud solidaria.


   Ahondar en la ética, en los valores y en los derechos humanos. Educar en que otro mundo debe ser posible desde una ética social, que haga posible un orden económico internacional más justo y pacífico, un reparto de la riqueza que mejore las relaciones económicas y no genere violencias estructurales; un derecho internacional y una justicia social e internacional que apueste por el bien común y la paz positiva. "Una paz fruto de la justicia".


La escuela como espacio para la educación en valores


   La educación para la justicia y la paz en un contexto institucional debe estar basada en una educación en valores. Matizando que el tema de la educación en valores no siempre es una consideración objetiva o aceptada mayoritariamente por el conjunto de los docentes.

   Los valores de la  justicia y  la paz deben ir ligados también a valores como la libertad, la solidaridad, la igualdad de oportunidades, la seguridad, la tolerancia y el respeto... Sin olvidar la educación de los "pequeños valores" de esfuerzo, austeridad, responsabilidad...


   Sólo una adecuada educación en valores y prioridades en la vida puede ayudar a los niños y jóvenes a saber qué es lo importante y qué se puede esperar. Cuando nos planteamos la educación en valores como la justicia y la paz, debiéramos respondernos a  cuatro cosas bien sencillas: 1º qué tipo de personas queremos educar; 2º hacia qué tipo de sociedad queremos avanzar; 3º a través de qué prácticas pedagógicas y organizativas lo queremos hacer  y 4º y cerciorarnos que nuestro aprendizaje sea ético.
  

  Los valores son un marco de referencia personal que orienta a las personas en sus opciones, acciones y decisiones. La educación en valores consiste en una preparación para aprender a vivir y a convivir, de forma ética. Cuando organicemos la educación de valores en el centro educativo tenemos que tener en cuenta que los valores tienen: un componente intelectual, es necesario entenderlos para poder asumirlos; un componente afectivo, no basta con caer en la cuenta de un valor sino que hay que interesarse por él, admirarlo y adherirse afectivamente; y, finalmente, un componente volitivo y de sentido que dé forma a las actitudes y a los comportamientos, teniendo en cuenta que el factor de la experiencia juega un papel decisivo para fijar los valores. Por eso en estos valores de la justicia y la paz, es bueno plantear situaciones en las que los alumnos tengan experiencias de solidaridad con los más necesitados.


Principios pedagógicos para la educación de la justicia y la paz


   Educamos desde principios pedagógicos que tengan en cuenta la educación desde:
   El grupo o la comunidad educativa como espacio que construye y posibilita un conjunto de actitudes solidarias y pacíficas. Donde aprendamos a afrontar colectivamente problemas y conflictos, y donde se van construyendo las diferentes ideas, creencias y valores.

 
   Todo ello con una visión planetaria como entorno amplio donde aparecen las necesidades, las pobrezas,  las violencias..., donde se nos exija pensar y actuar local y globalmente.


   Desde el amor como aceptación incondicional, que asegure que el cambio social deber partir de la condición de desigualdad del ser humano. Con propuestas didácticas creativas e imaginativas, desde la convicción de que todo puede estar por inventar.


   Educar desde el conflicto, sabiendo que vivimos en un mundo diverso, transido por la injusticia, la violencia, las desigualdades,...donde es necesario poner nombre a las causas y donde la presión ética pueda generar en nuestros alumnos una conciencia social. Hacerlo desde la constancia y la implicación personal y colectiva, educando para el medio y largo plazo, a ritmo de psicología del desarrollo.  

   Educar desde la utopía, que nos ayude a dar forma a lo que aún no existe, y de repudio de lo que existe y no debe continuar. Con optimismo pedagógico, sabiendo que las cosas pueden cambiar, que el futuro desde la escuela es parcialmente inventable desde la ética de la responsabilidad social y ciudadana. Utopía por ejemplo,  que nos lleve a creer y caminar para que desaparezca el hambre, a convencernos de que una guerra siempre es evitable. Utopía que ilumine nuestras responsabilidades personales y colectivas, objeciones e insumisiones de conciencia de todo tipo,- incluida la escolar- a multitud de leyes injustas, donde enseñemos a obedecer y a desobedecer a nuestros alumnos, dependiendo del imperativo de la justicia y de la ética.

    
   Tenemos que ayudar al alumno a descifrar el mundo, a llamar las cosas por su nombre, a desenmascarar lo que es evitable, causal y estructural. Ayudar a analizar la realidad en sus necesidades, causas, consecuencias, alumbrar alternativas, posibles soluciones y a capacitar a los alumnos a discernir. Por ejemplo trabajar en las cuatro "D": derechos humanos, desarrollo, desarme y democracia.

 
   Ayudarles a desmontar tópicos, a sanear el concepto de progreso, desarrollo, democracia,  la banalización que se hace del mal, y la paz negativa. A tener un conocimiento básico sobre la economía del paro y la violencia, la industria y la deslocalización de empresas, el comercio  desigual y el de la guerra, la información manipulada y la cultura del "sálvese quien pueda" o del enemigo.


    A decir la verdad. Por ejemplo, la verdad de las causas del hambre y de los conflictos armados, la verdad de sus intereses económicos, la verdad de quién está detrás de las tapias de los medios de comunicación; o cómo se preparan las guerras, el coste de vidas humanas que suponen el comercio de armas, la investigación de tipos listos (¡ojalá hubiesen sido fracaso escolar!) que dedican su inteligencia en cómo se puede matar más y mejor -y otras perversidades-. ¡Unamos inteligencia a valores, por favor! A la par de todo este dispendio económico, vemos cómo se disminuye y se recorta en inversiones en educación, sanidad y otros derechos sociales.

 
   Debemos ir sacando a nuestros alumnos de los planteamientos sociales que les interesa que sean generaciones pasivas, espectadores de la injusticia y la violencia, a la vez que se les instiga a prepararse para una sociedad competitiva, de modo que la actitud más adecuada sea la agresividad. Educarle para ser sujetos responsables, preocupados por lo público y lo comunitario, los valores compartidos y con la ternura que ama lo humano. Haciendo bueno el dicho que "no hay nadie más necio que aquel que no hace nada porque solo puede hacer un poco".

 
   Ayudar a cambiar algunas representaciones mentales provenientes de una cultura unidireccional, eurocéntrica, etnocéntrica, masculina y consumista. Con todo ello ayudar al educando a tomar postura ante el mundo, a rebatir estupideces, a conocer derechos y deberes y a conducirse por la vida desde la ética y el derecho.


   Para todo ello necesitamos educadores mediadores, que encarnen lo que enseñan, buscadores humildes en medio del conflicto que eduquen con la vida en las manos, donde desfilen por nuestras aulas cuestiones vitales y conflictivas, con una escala de valores clara, una visión desde los "perdedores de la historia", y dando por perdida la neutralidad porque la institución escolar no puede seguir por encima o al margen del bien y del mal. Profesores con un proyecto compartido para la justicia y la paz. Proyecto que necesita de nuestro conocimiento, echarle corazón, motivación y estar dispuesto a correr riesgos.


Educar para la justicia y la paz


   El valor de la justicia y la paz necesita de un enfoque interdisciplinar. El análisis de la pobreza y la violencia, sus causas y raíces es muy complejo. En dicha complejidad entran en juego múltiples elementos. Por eso afrontar la violencia y la construcción de la justicia y la paz supone que, para explicarnos y explicar a los alumnos, necesitemos de un planteamiento interdisciplinar, y hacerlo desde la acción-reflexión o el viejo y siempre buen esquema de trabajo de ver-juzgar-actuar.

 
   La escuela que educa para la justicia y la paz tiene la obligación de recuperar la memoria histórica y el pensamiento pacifista. Sé que hay que tener en cuenta lo peligroso que es plantear un cierto revisionismo, sobre todo si lo hacemos desde  un enfoque de cierto etnocentrismo y cierta condescendencia con el pasado. Aún así, es necesario recuperar el espíritu del movimiento obrero y sindical, evocar la historia de la generosidad y de la lucha... Recuperar la historia - y explicar la historia - de hombres y mujeres, sociedades, que se organizaron  y trabajaron por la justicia y la igualdad. Releer la trayectoria, ideas y propuestas de un conjunto de personajes históricos que se fueron decantando por la defensa de la justicia y la paz y su compromiso con el hombre y con los pueblos. Escritores, intelectuales, mujeres, científicos, líderes espirituales, gente anónima, políticos,...como Ghandhi, Martin Luther King, León Tolstoi, Einstein, Virginia Woolf; Nelson Mandela...etc.

   Debemos ir confeccionando un "plan de educar (nos) en la justicia y la paz" que nos sirva para clarificar y ordenar las ideas que luego se plasmarán en nuestros Proyectos Educativos y Curriculares, en el Plan de Convivencia, en nuestro Plan de Acción Tutorial, en nuestras unidades didácticas y en la inclusión de la competencia social  y ciudadana en cada asignatura; contenidos de las distintas áreas en distintas edades; en nuestras campañas, días especiales, jornadas solidarias, talleres, juegos ... en torno a la justicia y la paz. Donde vayamos aclarando y diferenciando conceptos, como  conflicto,  agresividad y violencia; paz negativa y paz positiva; pobreza relativa y pobreza absoluta.  Hacer comprensible cómo funciona la economía, la violencia, los tipos y factores que influyen en ellas, así como las consecuencias. Qué diferencias hay entre violencia estructural y violencia física o cultural. Cuál es el papel del poder -en general- y del Estado en la generación de sociedades injustas y violencias. Cuáles son los caminos de la violencia y de la noviolencia.

 
   Qué respuestas solidarias y -a veces criticables- se están dando a las injusticias: la ayuda oficial al desarrollo, el papel de los sindicatos y de las ONG.... qué es eso de seguridad alimentaria, personal, de la salud, política, comunitaria, ambiental...

  
   Qué propuestas se están haciendo desde los movimientos y foros sociales para que se democraticen organismos internacionales como la ONU, el FMI, BM, OMC. Se fomenten las instituciones internacionales de defensa de los derechos humanos. Se condone la injusta deuda externa de los países del Tercer Mundo, que ya ha sido bastante pagada. El fomento de pequeñas y medianas empresas mediante créditos a microempresas. La aplicación de la llamada tasa Tobin del 0,1% sobre las  transacciones financieras. La protección de la agricultura autóctona y las pequeñas explotaciones. El fomento de la soberanía alimentaria de los pueblos... También otro tipo de propuestas más individuales: la participación en movimientos sociales, voluntariado, comercio justo, banca ética, etc.
   En esta línea de compromiso, sería ejemplarizante que las instituciones educativas sean coherentes y que, por ejemplo, cuiden la admisión del alumno con criterios de justicia social, sus cuentas bancarias sean de banca ética, cuiden las relaciones humanas, laborales...

Competencia social y ciudadana


   Cuando planteamos la educación para la justicia y la paz, no sólo hablamos de comprensión internacional, de derechos humanos, de desarme, de desarrollo o de conflictos; también nos referimos al desarrollo de la competencia social y ciudadana, a la educación emocional, a las habilidades sociales y a plantear las situaciones conflictivas como inherentes a lo humano, donde lo educativo será preocuparnos por las estrategias en las que educamos para la resolución de conflictos, entre otros. Competencias para aprender a convivir en justicia y en paz.


   Nos obliga a introducir en la institución educativa todo este planeamiento, en todos los niveles formales y no formales de la enseñanza. Competencias que deben unificar saberes psicológicos, pedagógicos y propuestas éticas. Nos exige planificar desde una adecuada teoría de los valores. Educar y socializar son caras de la misma moneda. Así nos introducimos en el mundo social como individuos autónomos, con identidad, capaces de transformarlo y de mejorarlo. Competencia que nos prepara para afrontar la convivencia y los conflictos, nos dota de juicios éticos propios, nos ayuda a comprender la realidad y su  funcionamiento democrático. Nos ayuda a valorar y trabajar por la paz, a aprender a convivir desde la igualdad y la paz, a comprender e interpretar los conflictos, a entender la paz como derecho y deber.


   Competencia social y ciudadana que se basa en la comunicación, la comprensión y la empatía. Que nos invita a la cooperación y la colaboración, a la resolución de conflictos, a desarrollar sentimientos prosociales como la solidaridad, el altruismo, la compasión y las conductas de ayuda y respeto.


El contexto escolar: la igualdad y la  noviolencia


   En otro orden de cosas debemos abordar las desigualdades, conflictos y violencias en la institución escolar. Preguntarnos cómo se desarrolla y qué factores están en la explicación de la agresividad infantil, en las distintas etapas. Cómo influyen o no los factores ambientales en la conducta egoísta y agresiva. Qué papel juegan los factores cognitivos, de personalidad  y sociales. Cuál es la resultante de la educación familiar y de los medios de comunicación.


   Qué respuesta educativa damos a las desigualdades, a la agresividad y la violencia cuando se dan en el contexto escolar. Cómo solucionamos los conflictos del aula. Qué tipos de conductas agresivas se dan en la institución escolar  y cuáles son sus causas. Cómo afrontamos el maltrato y la violencia interpersonal. Cuáles suelen ser las características, de los niños/as agresores/as, cómo es su personalidad. ¿Y las de las víctimas? Qué tipos de víctimas tenemos entre nuestros alumnos. Cómo afrontamos el bullying.


   Nos debe preocupar mucho la estructura relacional y convivencial del centro. Y también qué despliegue de estrategias de intervención hacemos para prevenir, compensar y solucionar la desigualdad y los conflictos de forma solidaria, pacífica y asertiva. Debemos tener  como objetivo la planificación de los programas de intervención con el fin de prevenir y controlar las conductas agresivas de los niños/as y enseñarles patrones de comportamiento.

 

Apostemos por el aprendizaje cooperativo

 

   Tradicionalmente hemos planteado el aprendizaje demasiado individual y a veces hasta con una actitud competitiva que no fomenta ni la mejora académica, ni el compañerismo, ni la solidaridad.


   El aprendizaje cooperativo es una estrategia educativa que promueve la participación colaborativa en los alumnos. El propósito es que niños/as y adolescentes se ayuden para alcanzar objetivos comunes y amplios. El sistema relacional posibilita el desarrollo de la solidaridad y de actitudes relacionadas con la inteligencia emocional, las habilidades sociales, la resolución de conflictos etc. Institucionalmente, es bueno que la estrategia de aprendizaje no dé un mensaje contrario al contenido.

José Miguel Agustín Alonso
Justicia y Paz de Burgos

 

 

 

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