La cárcel: el fracaso del sistema
31-07-2009
La cárcel: el fracaso del sistema
Mientras se abren debates como la cadena perpetua o la prisión para los menores, es un hecho constatable que en nuestra sociedad se generan grandes diferencias sociales y económicas y que éstas son el caldo de cultivo del que se nutre la delincuencia. Sin embargo el Sistema no analiza las causas para encontrar soluciones, sino que su actuación se dirige a una “amputación social” de la persona que delinque, apartándola de la sociedad mediante su reclusión en prisión. De esta forma se agudiza y se cronifica su marginación.
El pasado 24 de julio la prensa publicaba cómo el Tribunal Superior de Justicia anulaba la sentencia que había condenado a Rafael Ricardi a 18 años de prisión, de los que ya había cumplido 14. Su ingreso en la
cárcel se produce en 1995 cuando una joven que había sido violada por dos encapuchados, dice identificarle. Era toxicómano y vivía bajo un puente.
En el año 2000 el Instituto Nacional de Toxicología ya emite un informe en el que afirma que descarta la existencia de ADN perteneciente a Ricardi. De esta información se da conocimiento a todas las partes,
pero nadie hace nada y Ricardi seguirá en prisión hasta julio de 2008. En un alarde de insensibilidad e incompetencia del Sistema, Ricardi continuará inculpado un año más, presentándose en el Juzgado cada 15 días para sellar “su cartoncito”.
Por fin, el pasado 17 de julio el Tribunal Supremo anula la sentencia sin mencionar ni una sola vez la palabra “error”. Para remate, Rafael no recibe ninguna comunicación oficial y se entera por la calle de la noticia porque había salido en la prensa.
Me pregunto si esto habría ocurrido de la misma manera si Ricardi no hubiera sido un “don nadie” para la sociedad. Cometer un error es posible, pero que después de haberlo detectado, la Justicia no haga nada y la persona continúe ocho años más en prisión, eso ya tiene otro nombre. ¿Quién le devolverá a Ricardi los 14 años de vida que se le han arrancado?.
El caso de Ricardi, es un ejemplo más de la vulnerabilidad de personas que se encuentran en situación de exclusión. Una muy amplia mayoría de la población reclusa posee escasísimos recursos personales, sociales y económicos. En España, el 70% de los presos son consumidores de drogas y otro enorme grupo son enfermos mentales que acaban en prisión ante la inexistencia de otros Centros que los atienda.
La desprotección real de los más débiles se repite en todos los países, como demuestra un informe del Departamento de Justicia en EEUU, en donde figura que los hispanos y los negros representan el 74 % de
los condenados a morir en ese País.
El Defensor del Pueblo Andaluz ha denunciado en reiteradas ocasiones que las prisiones se encuentran masificadas, que la atención de los enfermos es insuficiente, y que los reclusos no pueden estar ociosos,
debiendo fomentarse que lleven a cabo tareas para su reinserción.
Por último ha expresado: “Es preciso “inventar alternativas” a las cárceles más que construir cárceles nuevas”. Se suma así a otras muchas voces de ONG y entidades.
Aquellos de nosotros que nos llamamos cristianos, tenemos el palpable ejemplo de Jesús de Nazaret que hizo una clara opción por los enfermos, por los pobres y los excluidos. Un sistema que es incapaz de favorecer la integración de todos sus miembros, especialmente de aquellos que se encuentran con mayor dificultad, es un sistema que está fracasando escandalosamente y todos somos corresponsables.
Milagros Fernández
Comisión General de Justicia y Paz
Justicia y Paz de Cádiz












