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Consumo y medio ambiente

26-03-2010

Consumo responsable y medio ambiente 

La relación con nuestro entorno se ha tecnificado extraordinariamente y nos ha facilitado muchas tareas domésticas y sociales, pero también nos ha hecho esclavos de muchos productos innecesarios y ha roto, en muchos casos, nuestro equilibrio con la naturaleza. Nuestra relación con ella, pues, se ha hecho insostenible. He aquí un "decálogo para navegantes" en estos tiempos de uso impune del consumo, el arma de destrucción masiva por antonomasia. Arma, por cierto, también usada masivamente.

Decálogo para un nuevo estilo de vida

Primero.
Ser conscientes que el planeta es la casa común de los ciudadanos y que la naturaleza donde  se construye, no es un objeto de explotación sino un hogar que hay que cuidar, aprovechando adecuadamente sus recursos.
 
Segundo.
Nosotros formamos parte de la naturaleza y, si abusamos de ella o la consumimos desmesuradamente, estamos destruyendo nuestro propio futuro como especie y hacemos imposible la calidad de vida que necesitamos y a la que tenemos derecho.
 
Tercero.
Los recursos del planeta son limitados. De hecho ya estamos llegando al límite de su capacidad de regeneración, porqué ya hemos superado el máximo de la huella ecológica por persona. (nenúfares)
 
Cuarto.
El problema actual no se sustenta en el aumento de la población del planeta, sino en una injusta y escandalosa distribución de sus recursos y posibilidades de producción. Esta distribución está sujeta a un entramado de organizaciones internacionales económico-jurídicas, que hacen prácticamente inviable un cambio de producción y distribución más justos.
 
Quinto.
Hacer frente a un consumo insostenible significa y compromete a tomar consciencia cada uno de nosotros de nuestra participación y complicidad como consumidores, y que es ineludible analizar nuestra contribución a la voracidad y nuestra aportación al cambio de rumbo global.
 
Sexto.
Las motivaciones que tenemos para luchar por un nuevo estilo de vida más acorde con la naturaleza y más gratificante, se hunden en nuestra propia identidad de personas, la cual no se entiende en su integridad sino la pensamos desde su dignidad, desde sus capacidades, desde su corresponsabilidad con  los ciudadanos del planeta, y desde su espiritualidad que nos empuja a sentirnos hermanos de los demás y de la misma naturaleza, casa común de todos, incluyendo a las nuevas generaciones.
 
Séptimo.
Cada persona tiene una vocación, un carisma que lo ha de poner al servicio de los demás. Pero tenemos también un compromiso común con el objetivo de cambiar el curso de la destrucción, de momento imparable, de nuestro medio. Sin mantener actitudes maximalistas, es urgente mantener actitudes personales y colectivas audaces, que puedan ser ejemplificadoras y educadoras en nuestro entorno más inmediato.

Octavo.
Desde la propuesta pedagógica de hacer una "auditoria doméstica" o "pequeños planes estratégicos", podemos proponernos muchas acciones concretas que favorezcan el cambio personal y social que necesitamos. No lo debemos hacer como una nueva preocupación impositiva, sino como ejercicio de higiene ecológica tal y como ya se hace en otros aspectos de nuestra vida. Cambiar hábitos incluso puede ser divertido.

Noveno.
Debemos implicar a los demás: Los miembros de nuestra familia, los amigos, los compañeros de trabajo, el barrio, el municipio, el sindicato, el partido, la asociación, la comunidad. Debemos tener presente que se trata de un compromiso pequeño y local, pero que tiene su marco y su contexto y sentido con un compromiso más amplio y global. (la estrategia del colibrí)
 
Décimo.
Trabajamos con una propuesta que va contracorriente, a pesar de la retórica sobre sostenibilidad, y que tiene muchos elementos digamos proféticos, de apuesta de futuro, pero que tiene una base real que la hace necesaria y urgente y que tiene como objetivo una mejor cualidad de vida para todos: universalizable. Que hay que construirla con buen humor. Si lo conseguimos será la prueba irrefutable que vamos en la buena dirección de la espiritualidad franciscana, contemplativa y firme.

"Pero, mientras tanto, reto ineludible para dar una solución al problema ecológico es revisar, individual y colectivamente, con seriedad, nuestros estilos de vida (Juan pablo II "paz con Dios creador, paz con toda la creación" 1990, n.13), pues el hedonismo y el consumismo nos hacen indiferentes a los daños que causan. Para ello, a mi juicio, el camino pasa por abrirnos a un cambio de actitud en el consumo, un cambio de espiritualidad, una conversión a la integración y un cambio de paradigma." (Marta Zubía, Consumir para vivir, no vivir para consumir, p. 46)

Un altre consum just i responsable es possible
(salipebresoliodança)
 
Un altre consum és possible
ha de ser possible
perquè l'actual nivell de consum dels països rics
és un consum totalment fora mesura,
un consum insostenible i injust.
 
Els països rics del Nord ho justifiquem
amb l'anomenada societat del benestar i el progrés
Els països emergents asiàtics ho justifiquen
pel desenvolupament de les seves comunitats
Els països del tercer món s'ho miren alhora amb enveja i frustració...
 
Benestar, moltes vegades irresponsable, per uns
Fam violència i malaltia, molt sovint, per als altres...
Caldrien els recursos de tres planetes
per tenir un consum igual al nostre pels 6.400 milions de persones.
Amb una justa distribució amb un n'hi hauria prou per a tots.

El Consum dibuixa perfectament les veritables fronteres del planeta
i aclareix en quin continent viu cadascú i en quin "món".
 
Realment consumim el que necessitem?
Consumim d'una manera sostenible?
Consumim d'una manera solidària?
Consumim sabent què consumim?
Consumim conscients de la vida del productor?
Consumim per consumir?
 
Ens cal una altra cultura del consum, més conscient i responsable.
Una cultura que no malbarati els recursos del planeta.
Una cultura respectuosa amb els altres i amb el medi ambient.
 


Josep Mª Fisa
Justícia i Pau Barcelona

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