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Crisis ecológica y derechos humanos

07-05-2010

Crisis ecológica y derechos humanos

(Homenaje a Don Francisco de Goya y a Don Francisco de Quevedo)

Yo no sé, por supuesto, a que se refería Goya, cuando pintó este cuadro: "Cronos devorando a sus hijos". Tampoco voy a pretender que ya el genio universal de don Francisco apoyaba lo que yo voy a escribir ahora.

Lo que sí me parece -y por eso he querido incluir este cuadro extraordinario- es que refleja el estado actual del capitalismo, o quizá el de siempre. Expresa lo que sucede cuando el ánimo de lucro o el ansia por el beneficio se sitúa por encima de todo y de todos.

¿Quiénes son las víctimas de ese ansia por el beneficio? En primer lugar, parece claro que el medio ambiente. Los seres humanos somos capaces de destruir hectáreas y hectáreas de tierras vírgenes para incrementar la cuenta de resultados de una empresa y satisfacer no solo los intereses de ejecutivos, consultoras y trabajadores sino también de sus accionistas, que invierten en la empresa sin tener en consideración la actividad de la misma compañía.

En segundo lugar, son víctimas -retomando el ejemplo de las tierras vírgenes- las poblaciones que habitan esas tierras y que ven sus comunidades humanas destruidas. Con ello, son obligadas a desplazarse a unos espacios desconocidos en los que les resulta muy difícil adaptarse y salir de la exclusión que ya padecieron cuando les expulsaron de sus territorios.

En tercer lugar, somos víctimas todos porque sabemos que esos cambios en el paisaje repercuten en el clima global y nos pueden traer inundaciones, sequías y otras catástrofes climatológicas. También lo somos porque la preponderancia del capital sobre el trabajo en los mercados repercute en el deterioro de las condiciones de trabajo, en la dificultad de conciliar la vida personal, familiar y laboral, en una menor libertad y en una mayor dependencia.

En esta línea se ha expresado, con motivo del Día de la Tierra, la Comisión Episcopal para la Ecología y el Medio Ambiente de la República Dominicana. El Mensaje, titulado "el bien común" constata que "la riqueza natural de América Latina y el Caribe experimentan hoy una explotación irracional que va dejando una estela de dilapidación, e incluso de muerte, por toda nuestra región. En todo ese proceso tiene una enorme responsabilidad el actual modelo económico, que privilegia el desmedido afán de la riqueza por encima de la vida de las personas, de los pueblos y del respeto racional a la naturaleza".

El mensaje destaca tres elementos en el cuidado de la tierra y "que nos guían para evaluar si nuestras acciones colaboran con la correcta administración del bien común".

En primer lugar, "respeto a la persona. El bien común existe si hay respeto a los demás; cualquier acción humana que atente contra el respeto a los integrantes de la comunidad, no colabora con el justo desarrollo nacional".

En segundo lugar, "bienestar social y desarrollo del grupo. Los ingresos generados por la explotación de recursos no renovables deben invertirse de tal manera que los mismos también se conviertan en soluciones permanentes para la pobreza extrema y que produzcan riquezas para las generaciones venideras, que ya no tendrán el beneficio de la explotación de ese bien común".

En tercer lugar, "la paz. Señal de estabilidad, la gente quiere vivir en tranquilidad. En esto influye la seguridad de tener un orden justo, hombres y mujeres probos que no se vendan por dinero, con conciencia clara y que utilicen los conocimientos para impartir una verdadera justicia amparada en la Constitución, las leyes, los acuerdos internacionales, la ética y la moral".

Muy difícil tenemos esto cuando ya otro Francisco genial -don Francisco de Quevedo- constataba:

«Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso Caballero
es don Dinero.

«Nace en las Indias honrado,
donde el Mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso Caballero
es don Dinero».

Sin embargo, si la humanidad quiere tener alguna viabilidad en este planeta debemos defender ese derecho al medio ambiente, concebido dentro de los derechos de la tercera generación, sin cuya garantía es imposible defender los derechos de la primera y la segunda generación. Si ya en el siglo XIX se comprendió que sin los derechos económicos, sociales y culturales, las libertades civiles y políticas eran privilegios de una minoría, hoy podemos afirmar que sin protección al medio ambiente no hay derecho a la vida ni a la libertad ni a la justicia.

Quería terminar este texto, a modo de conclusión, con las últimas palabras del Manifiesto del Día de la Tierra, leído en Madrid el pasado 24 de abril:

«La crisis global en la que estamos inmersos es consecuencia del sistema capitalista, un sistema injusto, insolidario, voraz con el respeto a los derechos humanos y depredador con el medio ambiente por lo que es el momento de dar un giro y apostar por vivir sin exceder la capacidad de nuestro planeta utilizando los recursos de forma sostenible y con equidad.

«Tenemos una responsabilidad con las siguientes generaciones, pero además nuestro propio futuro en las próximas décadas también está en juego. No se puede abandonar. Por todo ello: CAMBIA DE VIDA, NO DE CLIMA».

Javier Alonso
Justicia y Paz de Madrid

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