DSI y medio ambiente
04-06-2010
Doctrina Social de la Iglesia y medio ambiente
A muchos puede parecerle que la cuestión medioambiental no es algo que tenga gran importancia para un cristiano. Esto no es así. Para valorar los problemas que se plantean en relación con el hombre y el medio ambiente, el mensaje bíblico y el magisterio de la Iglesia constituyen las dos referencias esenciales.
1.- Mensaje bíblico
La naturaleza es obra de Dios y por tanto ésta no debe ser considerada como adversaria del hombre. En el Génesis, en el relato de la Creación, leemos cómo Dios al final de cada día veía que todo lo que había creado era bueno. En el sexto día, creó al hombre y a la mujer, a imagen y semejanza de Dios, prosigue el relato, y después les da el mandato de "crecer y multiplicaos y llenad la tierra y sometedla... mandad en todo animal que habite en ella". En el libro de la Sabiduría, Salomón dice cómo hay que cuidar, mandar y dominar... "Dios... que hiciste el Universo con tu Palabra, y con tu Sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre todos los seres por ti creados, administrase el mundo con santidad y justicia... (Sal136)
La Creación debe ser un motivo constante de alabanza a Dios: "¡Cuán numerosas tus obras, oh Yahvé! Todas las has hecho con sabiduría" (Sal 104,24). La salvación de Dios se concibe como una nueva creación, que restablece la armonía y la potencialidad de desarrollo que el pecado ha puesto en peligro: «Yo creo cielos nuevos y tierra nueva» (Is 65,17) -dice el Señor-, «se hará la estepa un vergel... y la justicia morará en el vergel... Y habitará mi pueblo en albergue de paz» (Is 32,15-18).
En el Nuevo Testamento se establece que la venida de Jesús al mundo trae consigo una nueva creación, una naturaleza de nuevo reconciliada. Jesús pone la naturaleza al servicio de su designio redentor (tempestad calmada). A sus discípulos les pide mirar las cosas, las estaciones y los hombres con la confianza de los hijos que saben que no serán abandonados por el Padre providente (Lc 11,11-13). En cambio en vez de hacerse esclavo de las cosas, el discípulo de Cristo debe saber servirse de ellas para compartir y crear fraternidad ( Lc 16,9-13).
2.- Magisterio de la Iglesia
Son muchos los textos que podríamos citar pero destacaremos sólo los que a nuestro juicio son los más significativos. Dejamos a un lado magníficos documentos de Conferencias Episcopales cuya relación sería tediosa y traer algún resumen, no sería posible.
León XIII en la encíclica Rerum Novarum (15 de mayo de 1891) ya habla de la necesidad de hacer un uso racional de los recursos de la Tierra pensando en el bien común y en las generaciones futuras. Cincuenta años después, Juan XXIII en Mater et Magistra escribe que el mandato divino de dominar la Tierra no se ha dado con fines destructivos sino para que los recursos de la misma sirvan a las atenciones de la vida humana.
El Concilio Vaticano II también se ocupó del tema medioambiental y así en la Constitución Lumen Gentium se vuelve a insistir en la necesidad de hacer un uso racional de los bienes de la Tierra que garanticen una justa distribución de los mismos. En la constitución Gaudium et Spes se dice que Dios ha destinado los bienes de la Tierra para todos y tienen que ser distribuidos de manera regulada por la justicia y acompañada por la caridad.
La naturaleza no puede ser reducida a un objeto de manipulación y explotación pero tampoco puede absolutizarse y ponerse por encima de la dignidad de la persona humana. Es algo que se desarrolla de forma clara en la encíclica Octogesima Adveniensis de Pablo VI.
Toda esta preocupación por el medio ambiente y la exigencia que supone que el hombre actual se preocupe de que los recursos de la Tierra sean utilizados en beneficio de todos los hombres y de las generaciones futuras se ven claramente expuestos en dos mensajes para la Jornada Mundial de la Paz de Juan Pablo II y de Benedicto XVI. En todos ellos se hace referencia a estos temas en alguna parte de los mismos. Pero dos de ellos, el del año 1990 y el de 2010, están dedicados en exclusiva a este tema. Resumimos ambos mensajes:
"Paz con Dios, paz con toda la Creación" fue el mensaje del año 1990. En él se habla de que se ha perdido el respeto debido a la naturaleza y que eso puede ser una amenaza para la paz mundial. Por ello, la formación de una conciencia ecológica no debe ser obstaculizada sino que debe ser desarrollada y potenciada. La crisis ecológica es una crisis moral. Así el respeto a la vida y el respeto a la dignidad de la persona humana deben ser las normas inspiradoras de un sano progreso económico, industrial y científico.
Dado que los problemas medioambientales son muy complejos y en muchos casos sus efectos son globales, se hace una llamada a la necesidad de un sistema de gestión de los recursos de la Tierra de una forma mejor coordinada internacionalmente. Esto no exime a los Estados de sus propias responsabilidades, ni al individuo de las suyas.
Se hace necesaria una nueva forma de solidaridad que haga que los países ricos y los países pobres trabajen coordinadamente para que se combata, en primer lugar, la pobreza estructural que afecta a muchos millones de personas y después, se produzca el desarrollo de los países pobres sin cometer los mismos errores sobre los daños medioambientales que este desarrollo ha producido: contaminación ambiental, deforestación excesiva, agotamiento de recursos...
Esto hace necesario revisar nuestro estilo de vida. La sociedad no debe permanecer insensible a los daños que causan el hedonismo y el consumismo. El sentido del valor de la persona y de la vida humana no puede faltar, de otro modo, aumentaría el desinterés por los demás y por la Tierra.
En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2010, Si quieres promover la paz, protege la Creación, el Papa Benedicto XVI, nos recuerda que la Creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios y su salvaguardia es esencial para la convivencia pacífica.
La crisis ecológica está estrechamente vinculada al modelo de desarrollo que tenemos, nos dice el Papa, y por tanto es éste el que debemos revisar en profundidad. La humanidad necesita una profunda renovación cultural, necesita redescubrir valores sólidos sobre los que construir un mundo mejor para todos.
La herencia de la Creación le corresponde a la humanidad entera. Sin embargo el ritmo actual de explotación de muchos recursos ponen en peligro la disponibilidad de los mismos, no solo para todos los hombres sino también para las generaciones futuras: se trata de ejercer una solidaridad intergeneracional.
Se hace necesario adoptar nuevos estilos de vida "a tenor de los cuales, la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones". Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la Creación.
Por último, el Papa acaba su mensaje diciendo: "proteger el entorno natural para construir un mundo de paz es un deber de cada persona. He aquí un desafío urgente que se ha de afrontar de modo unánime con un renovado empeño; he aquí una oportunidad providencial para legar a las nuevas generaciones la perspectiva de un futuro mejor para todos. Que los responsables de las naciones sean conscientes de ello, así como los que, en todos los ámbitos, se interesan por el destino de la humanidad: la salvaguardia de la creación y la consecución de la paz son realidades íntimamente relacionadas entre sí. Por eso, invito a todos los creyentes a elevar una ferviente oración a Dios, Creador todopoderoso y Padre de misericordia, para que en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuene, se acoja y se viva el apremiante llamamiento: Si quieres promover la paz, protege la creación"
Son palabras sobre las que tendríamos que reflexionar, especialmente en estos días que celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio).
Isabel Cuenca
Presidenta de Justicia y Paz











