Consumo energético
22-07-2010
Consumo energético y medio ambiente
Toda actividad humana requiere energía. Por tanto, la forma de vida de la humanidad ha estado siempre fuertemente condicionada por la disponibilidad de energía barata y fácilmente aprovechable, que en las distintas etapas de la Historia hemos extraído de diferentes fuentes.
Así, la madera ha constituido prácticamente la única fuente de energía primaria hasta el siglo XIX, y aún hoy sigue siendo fundamental para muchas poblaciones de países empobrecidos. Los cronistas de la época ya hicieron notar que los romanos deforestaron buena parte del norte de África para conseguir madera con que alimentar las termas de la capital del imperio. Hoy todos somos conscientes de la tremenda deforestación global a que hemos sometido nuestro planeta, con las consiguientes implicaciones en cuanto a pérdida de biodiversidad e incapacidad de almacenaje de dióxido de carbono.
La Revolución Industrial habría sido imposible sin el carbón, y la expansión acelerada de la industrialización en el siglo XX no puede entenderse sin el petróleo y sus derivados, una fuente de energía y de materias primas que la Naturaleza había tardado en producir cientos de millones de años y que nuestra "civilización" está consumiendo tan sólo en poco más de dos siglos. Estamos dilapidando uno de nuestros recursos más valiosos, quemando a toda prisa una materia prima muy difícilmente reemplazable que nos sería mucho más útil a medio y largo plazo como fuente de materiales plásticos.
Además, acabamos de darnos cuenta de que el consumo masivo de todos estos combustibles fósiles está generando un exceso rapidísimo de dióxido de carbono en nuestra atmósfera, como consecuencia directa de un determinado modelo industrial. Estas emisiones son en gran medida responsables del calentamiento global del planeta, cuyas consecuencias estamos empezando a constatar desde hace unos pocos años.
Esta limitación de recursos energéticos y naturales debería cuestionarnos totalmente la idea de un modelo productivo y económico basado en un crecimiento continuo e ilimitado. Pese a ello, la propuesta generalizada es el crecimiento a toda costa: la producción mundial se está duplicando cada 30 años y -como consecuencia- entre 1960 y 2000 la humanidad consumió más energía que en toda su historia anterior. Este "desarrollo" descontrolado está generando presiones extremas e irreversibles sobre los recursos naturales y sobre el equilibrio medioambiental de todo el planeta.
Además, a esta descripción global hay que añadir un dato muy importante: los países del Norte consumimos hoy alrededor del 75% de la energía, del 85% de los bosques y generamos dos tercios de todos los residuos del planeta. Luego además de plantearnos un cambio en el modelo productivo y de consumo, será también imprescindible abordar una transformación radical de las estructuras de distribución de los recursos naturales, energéticos y de todos los medios necesarios para una vida digna de todas las personas.
Ante este panorama hay quien objeta que la crisis actual va a generar un escenario en el que los países industrializados ralentizarán su ritmo de consumo energético en las próximas décadas, sobre todo de petróleo. Pero en términos globales parece que esta disminución se verá más que compensada por el crecimiento de la demanda en el resto del mundo. En concreto, en 2008 y según datos de British Petroleum el mayor consumidor (22,5% de todo el consumo mundial), los Estados Unidos, consumió un 6,4% menos que en 2007. Pero en total el mundo consumió en 2008 tan sólo un 0,6% menos petróleo que en 2007 ya que China, el segundo consumidor (9,6%), aumentó su consumo un 3,3%, India, el cuarto (3,4%), aumentó también un 4,8%. Le sigue Rusia (3,3% del consumo global) con un aumento del 3,1%. Sorprendentemente, Alemania, sexto consumidor mundial, aumentó su consumo un 4,9%, mientras que Brasil, séptimo, aumentó su consumo un 5,3%.
Para hacernos una idea gráfica de este problema, conviene recordar que la demanda mundial de petróleo durante los últimos cuarenta años ha sido aproximadamente de dos litros diarios por persona. Y fuentes como la Agencia Internacional de la Energía vienen destacando repetidamente que la producción de petróleo ha llegado a su máximo y que en unas pocas décadas estaremos con mucha probabilidad en un escenario de gran escasez. Además, el control del efecto invernadero hace necesaria una disminución inmediata y real del consumo de combustibles fósiles.
¿Es esta disminución posible? Es cierto que tenemos a nuestro alcance una fuente de energía (el Sol) prácticamente ilimitada y que nos proporciona diariamente muchísima más energía de la que necesitamos. Sin embargo el problema es ser capaces de aprovecharla eficientemente y, aunque a medio o largo plazo esto pueda ser factible, la energía solar no es todavía por sí sola una solución al problema. Por ello muchos expertos abogan por un desarrollo en paralelo de todas las denominadas "energías renovables" (solar en sus diferentes vertientes, eólica, geotérmica, maremotriz ...). Sin embargo no hemos de olvidar que iniciativas energéticas aparentemente "sostenibles" pueden generar efectos colaterales desastrosos: así, la promoción de los biocombustibles ha generado grandes problemas de seguridad alimentaria en países que han visto cómo sus cultivos, inicialmente destinados a la alimentación básica, se derivaban a la producción de energía.
En este sentido hemos de estar muy atentos también a situaciones conflictivas que pueden generarse en breve relacionadas con la escasez de algunos de los materiales necesarios para las tecnologías eólica o solar (en particular, algunos metales) sobre los que algunos autores ya alertan de graves peligros de especulación. Por otro lado, ante las reiteradas propuestas de reactivación de la energía nuclear es necesario recordar que hay autores que estiman que esta energía ocasiona hasta 25 veces más emisiones de dióxido de carbono que la eólica, si se tiene en cuenta la construcción del reactor, el refino del uranio y los transportes. Este tipo de análisis global del ciclo total de producción es pertinente para todo tipo de propuesta energética, porque los intereses económicos del sector con frecuencia predominan sobre la objetividad técnica de sus propuestas.
El escenario es poco tranquilizador, pero por eso mismo se hace necesario un giro decidido hacia otras fuentes de energía distintas a los combustibles fósiles, sin olvidar que un cambio del modelo energético supone una transformación muy profunda de la estructura productiva de todo el planeta, que se hace tanto más difícil cuanto más acusadas son las desigualdades entre unos y otros países. Y, además, se mire por donde se mire, parece que sólo un giro muy profundo hacia una austeridad responsable y compartida puede hacer posible un futuro energética y medioambientalmente sostenible para todos.
Ángel Ballesteros
Justicia y Paz de Burgos











