¿Seguimos hablando de ODS o los ponemos en marcha?

01.03.2017 10:00

Qué hace y qué puede hacer la ciudadanía en la aplicación de la Agenda 2030

El pasado 28 de febrero la Coordinadora de ONG para el Desarrollo invitó a través de la jornada a hacer una reflexión sobre el papel de la ciudadanía tras un año de la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en el marco de implementación de la Agenda 2030 (A-2030). La preocupación giró en torno a garantizar el papel de la ciudadanía como eje central de apoyo para el cumplimiento de estos 17 propósitos.

 

En el evento se afirmó que la ciudadanía está llamada a trabajar en la creación de un futuro común sostenible y que garantice el cumplimiento de los derechos humanos para mejorar la calidad de vida y para confrontar el desafío de desarrollarse como humanidad. Uno de los grandes retos que se plantearon es el periodo de recesión económica en el que se encuentra inmersa la agenda, con lo que se ha relegado en muchas ocasiones al interior de los Estados. También, se resaltó el desconocimiento general de la ciudadanía sobre ella aunque no se trate ya de una mera obligación ciudadana sino que nos convoca el hecho mismo de enfrentar amenazas para la vida. Esta última situación, alienta la sensación de urgencia en el actuar. Esto significa, reconocer la necesidad de implementar de una manera adecuada la A-2030 y la responsabilidad de un cambio en la gestión de la vida misma, teniendo en cuenta que ya se están sobrepasando los límites del crecimiento.

 

Las personas ya no son en esta agenda un ente más que puede delegar todo a los gobiernos; son actores del sistema internacional, es decir, no es una cuestión solo de política. De hecho, al no ser un acuerdo vinculante la responsabilidad de cumplimiento sobrepasa a los gobiernos, aun cuando estos tienen la obligación y el deber de procurar para sus ciudadanos y ciudadanas unas mejores condiciones de vida. Entonces, el ser humano como especie es quien al final está llamado a replantear su modo de vida. Todo puede empezar en la forma de llenar el frigorífico o el armario, y llegar hasta cómo hacer empresa o garantizar la supervivencia. Por esto, los Objetivos de Desarrollo Sostenible son por mucho,  algo más  que un acuerdo político. Son en sí mismos el reconocimiento de un diagnóstico sobre el malestar de la sociedad y del entorno en que vivimos.

 

Ahora, la A-2030 tampoco es una reflexión solo para los ecologistas; se trata de una agenda de desarrollo con perspectiva económica, ambiental y social, puesto que todos los puntos en la aldea global están interconectados. A su vez,  se aseguró que es un fenómeno interdependiente, esto significa, que conecta a todos los seres humanos como especie desdibujando cualquier dicotomía: nacional-internacional, las barreras políticas o de filiación religiosa. En suma, es un fenómeno que nos afecta a toda la ciudadanía aunque las personas más vulnerables sigan siendo quienes viven en pobreza. Por tanto, es un llamamiento a repensarnos como civilización desde distintas esferas del conocimiento, desde las ciencias exactas hasta las cuestiones más filosóficas. Durante el curso no se escondieron las dificultades del contexto político y otras cuestiones de financiación. Sin embargo, se señaló que a pesar de todos los desafíos  que entraña la agenda, estos pueden ser equilibrados aunando los esfuerzos entre los distintos actores y la ciudadanía. Por ejemplo, se pretende aumentar la investigación para lograr mejoras tecnológicas, mejorar las legislaciones, aumentar los niveles de gobernanza, perfeccionar las medidas e indicadores de este malestar, diseñar nuevas maneras de producir, corregir imperfecciones en los canales de distribución, entre tantos otros temas donde la universidad, las empresas, el sector solidario o el ciudadano de a pie, puedan contribuir.

 

Existen distintas plataformas a las que asistir, por ejemplo,  la que nació en noviembre de 2015 en el marco del Año Europeo del Desarrollo “Futuro en Común”  como esfuerzo de coordinación de la información. Es un espacio para compartir y unificar posiciones  que posteriormente puedan ser presentadas a otras instituciones u organismos gubernamentales.

 

Por lo tanto, el llamamiento a la ciudadanía se puede resumir en cuatro grandes conclusiones: primera, un papel de divulgación de los ODS; segunda, educar y sensibilizar de manera transversal en todas las edades con un enfoque sistémico; tercera, exigir de los gobiernos una rendición de cuentas sobre su gestión y cumplimiento de los objetivos; y por último, la participación activa de las distintas reflexiones usando los espacios dispuestos para ello.

 

María Camila Gutiérrez Pérez