35 años de la muerte de Monseñor Romero

24.03.2015 10:00

Hoy se cumplieron 35 años de la muerte de Monseñor Romero por seguir a Cristo, por ser fiel al Evangelio, por amar y defender a los pobres. El 23 de mayo será beatificado:

 

Frases de Monseñor Oscar Arnulfo Romero:

  • Vivimos muy afuera de nosotros mismos. Son pocos los hombres que de veras entran dentro de sí, y por eso hay tantos problemas… En el corazón de cada hombre hay como una pequeña celda íntima, donde Dios baja a hablar a solas con el hombre. Y es allí donde el hombre decide su propio destino, su papel en el mundo. Si cada hombre de los que estamos con tantos problemas entráramos en este momento en esta pequeña celda y, desde allí, escucháramos la voz del Señor, que nos habla en nuestra propia conciencia, y cuánto podríamos hacer cada uno de nosotros por mejorar el ambiente , la sociedad, la familia en que vivimos.
  • Además de la lectura de la Biblia, que es Palabra de Dios, un cristiano fiel a esa palabra tiene que leer también los signos de los tiempos, los acontecimientos, para iluminarlos con esa palabra.
  • Una religión de misa dominical pero de semanas injustas no le gusta al Señor. Una religión de mucho rezo pero con hipocresías en el corazón no es cristiana. Una Iglesia que se instalara sólo para estar bien, para tener mucho dinero, mucha comodidad, pero que olvide el reclamo de las injusticias, no sería la verdadera Iglesia de nuestro divino Redentor.
  • Muchos quisieran que el pobre siempre dijera que es "voluntad de Dios” vivir pobre. No es voluntad de Dios que unos tengan todo y otros no tengan nada. No puede ser de Dios. De Dios es la voluntad de que todos sus hijos sean felices.
  • La Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social. Si callara, la Iglesia sería cómplice con el que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso. O con el que se aprovecha de ese adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente, y marginar a una inmensa mayoría del pueblo. Esta es la voz de la Iglesia, hermanos. Y mientras no se le deje libertad de clamar estas verdades de su Evangelio, hay persecución. Y se trata de cosas sustanciales, no de cosas de poca importancia. Es cuestión de vida o muerte para el reino de Dios en esta tierra.
  • Qué hermoso será el día en que cada bautizado comprenda que su profesión, su trabajo, es un trabajo sacerdotal; que, así como yo voy a celebrar la misa en este altar, cada carpintero celebre su misa en su banco de carpintería, cada hojalatero, cada profesional, cada médico con su bisturí, la señora del mercado en su puesto... están haciendo un oficio sacerdotal.Cuántos motoristas sé que escuchan esta palabra allá en sus taxis. Pues tú, querido motorista, junto a tu volante, eres un sacerdote si trabajas con honradez, consagrando a Dios tu taxi, llevando un mensaje de paz y de amor a tus clientes que van en tu carro.  
  • Aun cuando se nos llame locos, aún cuando se nos llame subversivos, comunistas y todos los calificativos que se nos dicen, sabemos que no hacemos más que predicar el testimonio subversivo de las bienaventuranzas, que le han dado vuelta a todo para proclamar bienaventurados a los pobres, bienaventurados a los sedientos de justicia, bienaventurados a los que sufren.
  • No nos cansemos de denunciar la idolatría de la riqueza, que hace consistir la verdadera grandeza del hombre en tener y olvida que la verdadera grandeza es “ser”. No vale el hombre por lo que tiene, sino por lo que es.
  • El Reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección. Ésta es la esperanza que nos alienta a los cristianos.  Sabemos que todo esfuerzo por mejorar una sociedad, sobre todo cuando está tan metida esa injusticia y el pecado, es un esfuerzo que Dios bendice, que Dios quiere, que Dios nos exige.
  • Yo creo que hemos mutilado mucho el Evangelio. Hemos tratado de vivir un Evangelio muy cómodo, sin entregar nuestra vida, solamente de piedad, únicamente un Evangelio que nos contentaba a nosotros mismos.
  • Seremos firmes, sí, en defender nuestros derechos, pero con un gran amor en el corazón. Porque al defender así, con amor, estamos buscando también la conversión de los pecadores. Esa es la venganza del cristiano.
  • El cristiano no debe tolerar que el enemigo de Dios, el pecado, reine en el mundo. El cristiano tiene que trabajar para que el pecado sea marginado y el reino de Dios se implante. Luchar por esto no es comunismo. Luchar por esto no es meterse en política. Es simplemente el Evangelio, que le reclama al hombre, al cristiano de hoy, más compromiso con la historia.
  • No se puede cosechar lo que no se siembra. ¿Cómo vamos a cosechar amor en nuestra vida si sólo sembramos odio?
  • Hermanos, ¡cómo quisiera yo grabar en el corazón de cada uno esta gran idea: el cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, de prohibiciones! Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una persona, que me amó tanto, que me reclama mi amor. El cristianismo es Cristo.
  • Los hombres no comprenden su dignidad y no se promueven. Y viven un conformismo que verdaderamente es opio del pueblo. De esto hay mucho, hermanos. Los ricos, que no piensen que ellos solo son los culpables del pecado social. También los perezosos, también los marginados que no luchan por conocer su dignidad y trabajar por ser mejor. Todo aquel que se adormece y está tranquilo, como que otros le realicen su propio destino, está en pecado también.

Su última misa: Del evangelio de San Juan, 12, 20-33: “En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.”

Enviado por: Fidel García (Cáritas Española)