Ciudad de Hiroshima. Declaración de Paz

06.08.2015 14:31

6 de agosto de 2015

En nuestra ciudad contábamos con la calidez de la vida en familia, con vínculos comunitarios profundos, con festivales que marcaban la llegada de cada estación, con tradiciones y edificios legados a través de la historia, con riberas donde niños juagaban. A las 8:15h del 6 de agosto de 1945, una sola bomba atómica acabó con todo ello. Bajo el champiñón nuclear se abrazaban una madre y un hijo carbonizados, incontables cadáveres flotaban en los ríos y edificios ardían hasta los cimientos. Decenas de miles perecieron en aquellas llamas. Para finales de año, se habían perdido 140 000 vidas irremplazables, entre las cuales de coreanos, de chinos, de procedentes del Sureste Asiático y de prisioneros de guerra estadounidenses.

Aquellos que lograron sobrevivir vieron sus vidas truncadas de manera grotesca. Sufrieron daños tanto físicos como emocionales, compuestos por discriminación y prejuicios. Para sobrevivir, los niños habían de robar o luchar día tras día. Un joven, ahora un «huérfano atómico», sigue viviendo solo; una mujer acabó divorciada cuando su exposición salió a la luz. El sufrimiento continúa.

“¡Madotekure!” es el grito de dolor de aquellas personas (los llamados hibakusha) que quieren devolver a Hiroshima, a su hogar, a sus familias, a sus propias mentes y cuerpos, su estado previo al bombardeo.

Cien años después de su apertura como la Exposición Comercial de la Prefectura de Hiroshima y setenta años después de la caída de la bomba, la Cúpula Genbaku sigue velando por la ciudad. Delante de este testigo de la historia, quisiera que todos, una vez más, recordemos lo que la bomba trajo consigo y que abracemos de corazón el espíritu de los hibakusha.

Mientras tanto, nuestro mundo se estremece con más de 15 000 armas nucleares y los legisladores de los estados armados con ellas siguen atrapados en una mentalidad cerril, esgrimiendo una y otra vez la intimidación nuclear mediante actos y palabras. Ahora conocemos los incidentes y accidentes que nos llevaron al borde de una guerra atómica. Hoy también nos preocupa el terrorismo nuclear.

Mientras existan las armas nucleares, cualquiera podría convertirse en un hibakusha. Si eso sucediera, el daño trascendería cualquier frontera sin discriminar. Ciudadanos del mundo, por favor, escuchad detenidamente las palabras de los hibakusha a la vez que contempláis el problema nuclear, desde el espíritu de Hiroshima.

Una mujer de entonces 16 años clama: «Expandir aún más el círculo de armonía que incluye familia, amistades y vecinos lleva directamente a la paz mundial. La empatía, la bondad, la solidaridad no son solamente conceptos: debemos sentirlos muy dentro de nosotros mismos». Un hombre de entonces 12 enfatiza que «la guerra conlleva tragedia tanto para adultos como para niños. Empatizar, preocuparse y amar a otros y a uno mismo significa traer la paz».

Estos mensajes desgarradores, forjados de la pena y el sufrimiento, van más allá del rencor y del rechazo. Su espíritu es de generosidad y amor por los demás. Su objetivo, el futuro de la humanidad.

Los seres humanos están por encima de las diferencias de nacionalidad, raza, religión y lengua, para aprovechar una única vida en este planeta que compartimos. Para coexistir, debemos deshacernos de las armas nucleares, símbolos de máxima maldad e inhumanidad. Ahora es el momento de actuar. Los jóvenes ya están llevando a cabo peticiones, difundiendo el mensaje, organizando marchas, esforzándose de muchas maneras. Trabajemos todos para construir un potente foco.

Tras este setenta aniversario, la media de edad de los hibakusha excede los 80 años. La ciudad de Hiroshima seguirá trabajando aún más para preservar la memoria del bombardeo, difundirla por el mundo y transmitirla a las futuras generaciones. Al mismo tiempo, y como Presidente de Mayors for Peace, que ahora cuenta con más de 6700 ciudades miembro, Hiroshima actuará con toda la determinación en su poder para acelerar la tendencia internacional en pos de las negociaciones para la abolición de las armas nucleares en 2020.

¿No la correcta labor de los legisladores la de buscar la felicidad de su gente a través de la generosidad y el amor por la humanidad? El primer paso para la abolición de las armas nucleares son las charlas incansables entre legisladores. El siguiente es crear, a través de la confianza así ganada, sistemas de seguridad ampliamente versátiles que no dependan de la fuerza militar. Trabajar con paciencia y perseverancia para conseguir esos logros será crucial y requerirá la promoción internacional del camino de la paz real que la pacifista Constitución japonesa nos revela.

La cumbre del próximo año en Ise-Shima y la previa reunión de ministros extranjeros en Hiroshima son oportunidades idóneas para difundir un mensaje en pos de la abolición de las armas nucleares. Presidente Obama y otros legisladores, por favor vengan a visitar las ciudades bombardeadas, escuchen a los hibakusha de primera mano, contemplen la realidad del bombardeo atómico. Seguramente se sentirán llamados a discutir un marco legal que incluya una convención de armas nucleares.

Hacemos un llamamiento al Gobierno japonés, por su papel de intermediario entre los estados nucleares y los no nucleares, para que guíe a todos los estados según estas premisas, a la vez que Hiroshima se ofrece como anfitrión para el diálogo y la difusión. Además, rogamos la mayor compasión hacia nuestros mayores hibakusha y los muchos otros que ahora sufren los efectos de la radiación en la forma de mayores medidas de apoyo. En particular, pedimos la ampliación de las «áreas de lluvia negra».

Con nuestras sinceras oraciones por el descanso en paz de las víctimas del bombardeo, expresamos también nuestra gratitud por los hibakusha y por todos nuestros predecesores, que trabajaron muy duro durante toda su vida por la reconstrucción de Hiroshima y la abolición de las armas nucleares. Finalmente, llamamos a la gente del mundo a renovar su determinación. Permítannos trabajar juntos con toda nuestra capacidad en pos de la abolición de las armas nucleares y la consecución de una paz mundial duradera.

MATSUI Kazumi

Alcalde

Ciudad de Hiroshima

(Traducción Carlos Díez)

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