Desarme Nuclear: La búsqueda de la seguridad humana

06.07.2017 12:25

 

 

 

Para muchas personas, el horror de una posible guerra nuclear se retiró de la conciencia con el fin de la Guerra Fría, pero los recientes acontecimientos geopolíticos nos recuerdan que nuestro mundo sigue en grave peligro. Incluso un intercambio nuclear limitado tendría consecuencias devastadoras para la gente y el planeta. Trágicamente, el error humano o el error de cálculo podrían conducir a una catástrofe humanitaria.

 

Además, nuestro mundo se ha vuelto cada vez más multipolar con una variedad de amenazas que van desde el terrorismo, los conflictos asimétricos o la ciberseguridad hasta la degradación ambiental y la pobreza, lo que plantea serias dudas sobre la idoneidad de la disuasión nuclear como respuesta eficaz a estos desafíos.

 

El desarme nuclear se encuentra en estos momentos en la agenda mundial. Del 15 de junio al 7 de julio, las Naciones Unidas acogen una conferencia para "negociar un tratado jurídicamente vinculante que prohíba las armas nucleares y que conduzca a su eliminación total". El hecho de que la mayoría de las naciones del mundo participen en este esfuerzo demuestra la urgencia de su preocupación, una urgencia intensificada por la perspectiva del terrorismo y la proliferación nuclear, y por la desigualdad e insatisfacción de los Estados no nucleares ante la falta de progreso en los esfuerzos de desarme nuclear.

 

Estados Unidos y la mayoría de las naciones europeas no se están uniendo a estas negociaciones. En lugar de centrarse en un tratado para prohibir las armas nucleares, su atención la ocupa la necesidad de una arquitectura de seguridad más amplia que permita estabilidad estratégica a medida que se logran reducciones verificables.

 

Los Estados nucleares están haciendo nuevas inversiones significativas para modernizar los arsenales nucleares. Estos costosos programas desviarán enormes recursos de otras necesidades urgentes que fomentan la seguridad, incluyendo el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Como ha declarado el papa Francisco insistentemente: "Gastar en armas nucleares dilapida la riqueza de las naciones. Dar prioridad a semejante gasto es un error y un despilfarro de recursos, que se invertirían mucho mejor en las áreas de desarrollo humano integral de la educación, la salud y la lucha contra la pobreza extrema" [1].

 

La seguridad es un prerrequisito básico para el florecimiento humano. La Doctrina de la Iglesia afirma que "El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo" [2]. Una pregunta moral clave es: ¿Las armas nucleares fomentan la seguridad y contribuyen a una paz genuina?

 

El papa Francisco, en su mensaje a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la prohibición de las armas nucleares en marzo de 2017, utilizó el lenguaje directo para responder a esta pregunta: " La paz y la estabilidad internacional no pueden basarse en una falsa sensación de seguridad, en la amenaza de la destrucción recíproca o de aniquilación total, en el simple mantenimiento de un equilibrio de poder. La paz debe construirse sobre la justicia, sobre el desarrollo humano integral, sobre el respeto de los derechos humanos fundamentales, sobre la custodia de la creación, sobre la participación de todos en la vida pública, sobre la confianza entre los pueblos, sobre la promoción de instituciones pacíficas, sobre el acceso a la educación y a la salud, sobre el diálogo y la solidaridad. En esta perspectiva, necesitamos ir más allá de la disuasión nuclear: la comunidad internacional está llamada a adoptar estrategias a largo plazo para promover el objetivo de la paz y de la estabilidad y evitar los enfoques miopes de problemas de seguridad nacional e internacional" [3].

 

Además, en su discurso de enero de 2017 ante el Cuerpo Diplomático, el papa Francisco recordó el largo apoyo de la Iglesia Católica en el tiempo hacia la prohibición de las armas nucleares: "Siguen siendo actuales las palabras de san Juan XXIII en la Pacem in terris cuando afirmaba que «[…] se prohíban las armas atómicas»" [4]. La Santa Sede sigue siendo una voz insistente de la razón moral en apoyo del desarme nuclear y la no proliferación.

 

Como pastores y maestros de moral, está fuera de nuestra competencia trazar el camino exacto hacia un mundo sin armas nucleares, pero podemos señalar con cierta certeza décadas de frustración hacia el ritmo y el alcance del desarme nuclear. Esta frustración ha contribuido indudablemente al esfuerzo de muchas naciones a comprometerse en la negociación de un tratado para prohibir las armas nucleares.

 

La naturaleza indiscriminada y desproporcionada de las armas nucleares, obliga al mundo a ir más allá de la disuasión nuclear. Hacemos un llamamiento a los Estados Unidos ya las naciones europeas para que trabajen con otras naciones en la elaboración de una estrategia creíble, verificable y aplicable para la eliminación total de las armas nucleares. Esta meta es alcanzable si todas las naciones, tanto nucleares como no nucleares, trabajan juntas. Somos conscientes de que el camino hacia un mundo sin armas nucleares es complejo y largo, pero creemos que, en particular, las siguientes medidas podrían contribuir significativamente a lograr este objetivo:

- proseguir las obligaciones de no proliferación y desarme en conformidad con el marco jurídico internacional;

- reforzar los mecanismos de salvaguardia y control a nivel militar, diplomático y político;

- desarrollar y aplicar con determinación medidas que profundicen la confianza mutua en todos los niveles;

- reducir la dependencia de la disuasión nuclear en las estrategias de seguridad nacionales e internacionales en favor de alternativas más eficaces centradas en la seguridad y la paz humanas; y

- participar en un debate mundial en los foros internacionales pertinentes, a fin de trabajar para crear y promover las condiciones de un mundo sin armas nucleares.

 

Compartimos la esperanza de nuestro Santo Padre, el papa Francisco: " La disuasión nuclear y la amenaza de destrucción recíproca segura no pueden ser la base de una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre los pueblos y los Estados. Los jóvenes de hoy y de mañana tienen derecho a mucho más. Tienen derecho a un orden mundial pacífico, basado en la unidad de la familia humana, fundado en el respeto, la cooperación, la solidaridad y la compasión. Este es el momento de contrastar la lógica del miedo con la ética de la responsabilidad, para promover un clima de confianza y de diálogo sincero" [5].

 

Arzobispo Jean-Claude Hollerich, Presidente Conferencia de Comisiones de Justicia y Paz de Europa (Justicia y Paz Europa)

Obispo Oscar Cantú, Presidente del Comité Episcopal de Estados Unidos sobre Justicia y Paz Internacional