Día Mundial del Agua

22.03.2017 13:49

Sobre la importancia del agua y las aguas residuales

 

“El acceso al agua potable y al saneamiento es esencial para los derechos humanos, la dignidad y la supervivencia de mujeres y hombres de todo el mundo, en especial los más desfavorecidos”.

Irina Bokova, Directora General de la UNESCO

 

Desde 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el día 22 de marzo como la jornada de reconocimiento a la importancia al elemento de la vida, el agua como eje central del medioambiente y el desarrollo. Hoy, en 2017, el mensaje de la agencia destaca que más del 80% de las aguas que quedan como residuos de actividades humanas se vierten a ríos y mares sin ningún tipo de  tratamiento, lo que resulta un desafío para el hombre en la vulneración de derechos humanos y como posibilidades para un ambiente óptimo de mejora a la calidad de vida.

 

 

En la encíclica sobre Nuestra Casa común Laudato Si', el papa Francisco dedica un capítulo completo a la cuestión del agua. En él se invita a reflexionar sobre el hábito de gastar y tirar recursos naturales de manera indiscriminada. También advierte de los problemas que se afrontan por la  contaminación que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales que son vertidas a las aguas. Lo cual plantea por un lado el riesgo de escasez del recurso; por otro, un problema sobre la calidad del agua, especialmente para las personas más vulnerables.

“Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”. (Laudato Si’, 29).

 

El acceso al agua ha mejorado para muchos aunque esto siga siendo un desafío no cumplido totalmente. De hecho, de los cerca de siete mil millones de personas en el planeta, al menos el  15% no tiene acceso al agua potable en las proximidades de su hogar y en otros casos no tiene acceso al recurso fundamental. De acuerdo con algunos datos del Consejo Mundial del Agua World Water Council (WWC), una de las zonas más afectadas es la del África Subsahariana, en la que al menos 319 millones de personas no tienen acceso al recurso o deben desplazarse más de 30 km para obtenerlo. Por su parte Papúa Nueva Guinea en Oceanía posee una escasez del recurso cercana al 40%; en Latinoamérica al menos 50 millones (8%) no tienen acceso a agua potable; y el 12,5% de la población asiática enfrenta esta misma situación.

 

En ocasiones, la comodidad de los hogares, de la ciudad o de abrir el grifo y tener acceso al agua de manera tan fácil y eficiente, nos hace olvidar el valor que tiene la misma, a menos que estuviésemos en una situación extrema como cada vez son más frecuentes. Por ejemplo, cuando las sequías se prolongan y afectan los cultivos, cuando se encarece la vida por la subida de costes en la  producción de alimentos dada la baja disponibilidad de agua.  Ello puede invitar a plantearse que el valor que da un consumidor del África al agua es totalmente distinto al que da un europeo. Por ejemplo, según el informe de Naciones Unidas sobre desarrollo humano de 2006, un español promedio consume 320 litros de agua al día, mientras que un habitante de Phoenix- Arizona, una ciudad desértica de los Estados Unidos, consume 1.000 litros al día. En contraste, aparece el uso promedio en países como Mozambique donde el consumo es  inferior a 10 litros por persona (United Nations, 2006).

 

Lo  anterior no sucede por gusto, las necesidades mínimas son para todos igual. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), han establecido que al menos unos 20 litros al día son necesarios para garantizar condiciones de higiene y que dicha fuente debe estar al menos dentro de un perímetro de un kilómetro del hogar. Lo que nos invita a pensar que con necesidades similares y los desequilibrios actuales, es necesario reactivar ese famoso eslogan de las cuatro R: “reducir, reutilizar, reciclar y recuperar”.

 

Maria Camila Gutiérrez Pérez