Ecología y ética social

11.04.2016 10:00

Conclusiones de la Jornada 2016 de Justicia y Paz

 

La Comisión General de Justicia y Paz de España ha celebrado en la ciudad de Murcia los días 8, 9 y 10 de abril, su Jornada anual, recayendo la organización en la Comisión diocesana de Murcia. Hemos podido reflexionar sobre Ecología y Ética Social, en base a la encíclica Laudato Si' del papa Francisco.

 

Entre otras personas y organizaciones amigas, esta Jornada ha contado con la presencia de Mons. José Manuel Lorca Planes, obispo de la diócesis de Cartagena–Murcia; Mons. Jesús Fernández González, obispo acompañante de la Comisión General de Justicia y Paz; D. Fernando Fuentes Alcántara, director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española; el consiliario diocesano de Justicia y Paz de Murcia, D. José Ruz García; y representantes de 7 comisiones diocesanas y grupos de Justicia y Paz.

Vivimos a nivel estatal y mundial una crisis que no es solamente económica sino, sobre todo, una crisis de humanidad, una crisis ética, social y ecológica. Esta realidad nos platea a los cristianos el desafío de ser voz profética para iluminar, desde el Evangelio, el camino que nos lleve a un mundo más justo, fraterno y respetuoso con el medio ambiente.

 

La encíclica Laudato Si'  abrió las Jornadas de Justicia y Paz. En esta encíclica el papa Francisco señala el itinerario ético y espiritual para cambiar nuestra manera de ser y de estar en el mundo.  El conferencista Fray Francisco Martínez Fresneda hizo énfasis en la visión franciscana de la creación en la que el ser humano, cumbre de la misma, se incorpora al mundo creado como administrador y cuidador. Así se constituye en hermano de toda la Creación. Todas las criaturas, astros, tierra, montes, plantas, animales y, sobre todo, los hombres y mujeres, son hermanos, imágenes vivientes de Dios. Más aún, Dios está en ellas. 

La encíclica Laudato Si’  aborda en profundidad el problema ecológico unido a la realidad de exclusión y pobreza en la que vive gran parte de la humanidad. Hace un llamamiento urgente para salir de la espiral de autodestrucción y volver a reconstruir la “casa común que Dios nos ha confiado a todos”. Denuncia la codicia e idolatría del sistema capitalista neoliberal y el actual modelo de desarrollo económico, que no tiene en cuenta el desarrollo humano.

En definitiva, la Laudato Si’ es un desafío para toda la humanidad y  un canto a la creación, lleno de poesía y esperanza, al estilo de Francisco de Asís.

 

Un experto medioambientalista, Dr. Francisco López Bermúdez, realizó una realista y apasionante exposición del cambio climático, basado en datos científicos. Señaló las causas y consecuencias. Retomando la Laudato Si’ presentó lo que “está pasando a nuestra casa común”: la creciente contaminación, la pérdida de biodiversidad, la desertificación y la pobreza en el mundo como consecuencia del cambio climático. Señaló que el deterioro del medioambiente no es casual sino el resultado de un sistema económico global que mercantiliza la tierra y el agua y sobreexplota salvajemente los recursos naturales, con lo que hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Finalmente, abordó la respuesta internacional, que lamentablemente, es deficiente y preocupante, sobre todo, para las generaciones venideras.

 

En la mesa redonda sobre el desarrollo sostenible se destacó el desarrollo que es capaz de satisfacer las necesidades de todos los seres humanos sin comprometer los recursos y posibilidades de las futuras generaciones. Esta es la ética del desarrollo.  Muchas de las actividades humanas, tal como están contempladas en el sistema neoliberal, no son sostenibles. La lógica mercantil de la economía es insostenible. Favorece un consumismo voraz en  los países ricos mientras aumenta la escasez y el hambre en los países del sur.

Urge, por lo tanto, pasar de la ideología del individualismo, de la competitividad y del cortoplacismo que nos presenta el sistema dominante a una alternativa solidaria y respetuosa de la naturaleza. Urge, asimismo, pasar a otro estilo de vida más sencillo, sobrio y austero en base al principio ético del compartir, tal como señala el papa Francisco en su encíclica. Combatir el hambre en el mundo exige no solamente dar de comer sino combatir sus causas, que son estructurales.

La ética de la sostenibilidad está proclamando que toda persona tiene dignidad y por lo tanto tiene derecho a una naturaleza digna y sana. Cuidar el planeta es una obligación moral. Es por eso que es necesario sustituir el desarrollo económico del sistema por un desarrollo humano integral.

Jesús de Nazaret nos enseña que el ser humano se desarrolla integralmente en relación con los demás, compartiendo lo que es y lo que tiene con los hermanos más necesitados, perdonando y amando, así como el Padre nos ama y perdona.

 

Por su parte, el profesor Bernardo Pérez Andreo, secretario del Instituto Teológico de Murcia, desarrolló el tema de la ecología integral en la perspectiva de la globalización y ética social. La ecología integral, tal como aparece en la Laudato Si', abarca no solo lo ambiental sino también lo económico, lo social, lo político, lo ecológico, lo cultural, lo ético, etc. Todo está íntimamente relacionado. Une los problemas ambientales con el problema humano. Une el sufrimiento de los pobres y el sufrimiento de la tierra como ecosistema global. Destaca la propuesta del papa Francisco: la incompatibilidad entre lo verdaderamente humano y el modelo socioeconómico imperante, el capitalismo neoliberal globalizado, y la urgencia de una revolución de la ternura y la misericordia. Este es el camino para detener la destrucción de la tierra y el deterioro humano y reconstruir un mundo feliz para todos.

Según las propias palabras de Francisco, vivimos bajo una economía que mata a las personas y mata al planeta entero. Esta muerte es debida al desarrollo de la propia lógica del sistema económico imperante, que es una lógica basada en el lucro sin límite alguno, lo cual es inmoral, contrario al Evangelio de Jesús.

 

Terminamos, finalmente, con la mesa redonda sobre el uso racional y ético del agua. El agua es un bien común. No se puede privatizar. El agua es un derecho porque está ligada al derecho a la vida. Sin embargo, el 43% de la población mundial o carece de agua o no tiene un sistema adecuado.

En la utilización adecuada del agua debe integrarse su uso tradicional con los avances tecnológicos, siempre bajo el principio ético de que el agua no tiene fronteras, es un valor moral al servicio de todas las personas.

 

Concluimos las Jornadas con unas palabras del presidente de la comisión nacional de Justicia y paz, del secretario de la comisión diocesana de Justicia y Paz de Murcia y de Mons. Jesús Fernández quien agradeció a todas las comisiones diocesanas su participación e hizo una llamada a fortalecer la esperanza y los sueños en otro mundo más justo y más humano, signo de la presencia del reino de Dios.

 

Leer las conclusiones en el blog de la Comisión de Cartagena (Murcia)