El nacionalismo de exclusión

18.02.2015 12:15

Acción Concertada 2015 de Justicia y Paz de Europa sobre el crecimiento del racismo y la xenofobia en Europa

 

A lo largo del continente europeo, los resultados de las elecciones regionales, nacionales y europeas han mostrado un nuevo florecimiento de partidos que defienden la supremacía de los  limitados intereses nacionales sobre los valores humanos universales, así como sobre los compromisos y obligaciones internacionales. Como fenómeno transeuropeo, este es un asunto de gran importancia que nos preocupa. Refleja mucho más que una reacción comprensible al hecho evidente de que, de vez en cuando, las instituciones políticas europeas o nacionales no funcionan bien. Por este motivo, desde la Conferencia Europea de 31 Comisiones de Justicia y Paz pedimos, a los líderes políticos de todos los niveles y a los actores de la sociedad civil en general, que se unan al desarrollo de una respuesta contundente contra el crecimiento del racismo y la xenofobia en Europa, con el fin de garantizar el respeto de los derechos de cada individuo y de buscar la unidad en la diversidad como base de una sociedad rica y verdaderamente humana. Como cristianos debemos “participar activamente en la vida pública y colaborar en el progreso del bien común de todo el género humano y de su propia nación". [1]

 

1) El nacionalismo tiene distintos significados a lo largo de Europa. Por ejemplo, dentro de un Estado europeo existente, algunos partidos políticos nacionalistas piden más autonomía o un estado específico para su nación o grupo étnico. Este es un objetivo político legítimo y no puede condenarse mientras se lleve a cabo por medios democráticos y no violentos y exprese respeto por los  "otros miembros" de la sociedad. Tampoco se puede adoptar ningún tipo de discurso de odio.

 

2) La Doctrina social de la Iglesia insiste en que todos los seres humanos son iguales, pero también afirma que las naciones, culturas y minorías dentro de los Estados nacionales tienen derechos y deben ser respetados. Así, nada puede decirse ni contra el fuerte apego al lugar de nacimiento, ni contra el amor a la lengua materna o a la participación en la cultura de una nación. Esta última no es - como todos sabemos – inmutable, sino que está en constante cambio y todos experimentamos y somos protagonistas de esta transformación. Así mismo, si a menudo tenemos buenas razones para estar orgullosos de nuestra familia o de nuestra comunidad local, también las tenemos para estar unidos a nuestro país y podríamos sentirnos más orgullosos de los logros de la Unión Europea o del grupo de naciones reunidas en el Consejo de Europa.

 

3) Lo que nos preocupa es la tendencia creciente de buscar popularidad y poder a través de programas de políticas simplistas y consignas basadas en la idea de que la prosperidad y la seguridad sólo pueden lograrse mediante medidas nacionales unilaterales y, si fuera necesario, en detrimento de otros pueblos. Estos eslóganes suelen tener cabida en  las principales corrientes mediáticas, que los magnifican y que orientan la agenda política general de un país en una dirección nacionalista. A menudo, son racistas o xenófobos en sus afirmaciones e inevitablemente nos recuerdan las políticas beligerantes y ultranacionalistas que precedieron a las dos guerras mundiales. Lo que sugiere que la nación, la nacionalidad y sus mitos fundacionales subyacentes son una respuesta adecuada a los desafíos contemporáneos, y que esos partidos y sus defensores apuntan a un paradigma de exclusión que empeorará la situación en lugar de resolver los problemas.

 

4) El "nacionalismo de exclusión" - como sugerimos llamarlo - es contrario al valor de la dignidad humana. Niega la justicia, ya que define los derechos fundamentales según el origen nacional, racial o religioso y representa, por ello, una amenaza para la cohesión social a nivel local y para la paz entre los Estados europeos. El respeto a la dignidad humana de cada persona mana directamente de nuestra creencia en Cristo resucitado y en la creación del hombre y la mujer a imagen de Dios. 'Justicia y Paz' es nuestro nombre, por lo que nos oponemos al nacionalismo de exclusión con determinación contundente.

 

5) Buscar una solución inmediata y simple a las complejas realidades de la vida es una reacción humana innata. Los políticos nacionalistas populistas buscan el poder jugando con los temores más profundos de la gente y ofreciendo soluciones simples, ignorando que las soluciones basadas en la injusticia o la marginación de una parte de una sociedad nunca pueden contribuir a una comunidad pacífica y progresiva. No existen soluciones fáciles ni rápidas a los tan arraigados problemas estructurales provenientes de sociedades diversas y de una economía globalizada.

 

6) El tema de la migración es un ejemplo muy pertinente para ilustrar una tendencia a ignorar las realidades. La migración es el fundamento de la existencia de la humanidad. A las causas históricas de la migración, como la presión demográfica y el conflicto político / religioso ahora hay que añadir el cambio climático. Estas presiones continuarán y en algunas circunstancias se intensificarán. Por otra parte, las sociedades que envejecen rápidamente en Europa se enfrentan a una creciente escasez de mano de obra. Ignorar estas realidades y persistir en la detención del flujo de migratorio por un cierre total de las fronteras es a la vez inhumano y poco realista. Se deben buscar otras soluciones a nivel europeo e internacional: compartir la responsabilidad de acoger a los refugiados en dificultades a nivel europeo; contribuir al marco del derecho internacional para la solución pacífica de los conflictos y la reconstrucción de los estados de crisis; el fortalecimiento de la ayuda al desarrollo para permitir a las personas quedarse o regresar a su país de origen; y la integración de los extranjeros en nuestras comunidades. Estas soluciones aunque más complicadas ofrecen las únicas opciones dignas y practicables. Es necesario destacar además que sin las migraciones, los europeos no serán capaces de mantener un alto nivel de atención social para los enfermos, los ancianos y otros servicios sociales.

 

7) Otro ejemplo es la Unión Europea. El discurso de los partidos nacionalistas hace responsable a la Unión Europea de la actual crisis económica, la desigualdad social y el desempleo. Por ello, mantienen la tesis de que abandonar la Unión Europea sería la mejor solución. Son, sin embargo, mucho menos explícitos cuando se les pregunta cómo ven el futuro de su país dentro de la actual cadena económica de producción, distribución y consumo. Esta cadena se ha hecho global de forma irreversible y definitiva. Sin duda, la Unión Europea no es perfecta, pero sigue siendo una herramienta para mantener la paz y para resolver conflictos en nuestro continente. Tampoco debemos olvidar que la gente en otras partes del mundo continúa expresando su admiración por el grado de cooperación alcanzado entre los estados europeos. El ataque a la Unión Europea o a otros países tiene que ser reconocido por lo que es,  una cortina de humo.

 

8) ¿Cómo contrarrestar el nacionalismo de exclusión? La respuesta nos  involucra a todos y tiene que ver con nuestros valores europeos comunes y con el respeto por la dignidad humana como núcleo central. Estos valores europeos son nuestra fuerza, no la de los populistas que muestran una versión de la historia contraria a los hechos. Reconozcamos los temores imperantes en la Europa de hoy y admitamos nuestras propias incertidumbres, pero tomemos en serio las lecciones que la historia nos enseña: la guerra entre las naciones es lo peor que puede suceder. La violencia, de palabra o de hecho, propia del racismo y la xenofobia es inaceptable desde la perspectiva moral y legal. Debe ser condenada y castigada. Desde un profundo amor por nuestros valores comunes, obtenemos el coraje. Valor para oponernos a los testimonios falsos e incriminatorios, valor para denunciar en público las tergiversaciones exageradas.

 

Para los cristianos la nación no puede ser un valor supremo y los sentimientos de supremacía nacional son injustificados. La visión cristiana de la justicia universal y de la paz no permite ningún tipo de chovinismo. Hace un llamamiento a la solidaridad y al respeto de todos. El verdadero interés nacional se promueve mejor desde la perspectiva más amplia del bien común universal.

 

Por ello, recomendamos a aquellos que tienen responsabilidades políticas:

  • Diseñar políticas económicas y sociales que permitan a las personas encontrar un trabajo decente y asumir responsabilidades para sí mismos y sus familias, y que ofrezcan apoyo efectivo cuando se enfrenten a los riesgos inevitables y diversos de la vida.
  • Desarrollar una política europea de migraciones coherente que incluya un reparto efectivo de responsabilidades y medidas para contrarrestar cualquier forma de migración forzada.
  • Renovar su compromiso con la integración europea, ofreciendo valoraciones positivas y críticas constructivas, y evitando convertir a la Unión Europea en chivo expiatorio de los problemas generados a nivel nacional.

 

Pedimos a los ciudadanos europeos, las organizaciones de la sociedad civil y las Iglesias:

  • Debatir el valor de una fuerte identidad como base de una sociedad inclusiva, con una fuerte cohesión social.
  • Cuestionar y alzar la voz contra toda expresión de retórica nacional, tanto en la vida privada como en la pública.
  • Afianzar la democracia, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana a través de la educación y el ejemplo.
  • Valorar la dignidad humana como una parte esencial de nuestro patrimonio común europeo. 


 [1] Santo Padre Juan XXIII, Carta Encíclica Pacem in Terris, 146

La Conferencia de Comisiones de Justicia y Paz de Europa (Justicia y Paz Europa) es una red europea de 31 comisiones nacionales de Justicia y Paz que fueron establecidas y reconocidas por sus respectivas Conferencias Episcopales estatales. Siguiendo el espíritu de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes del Vaticano II, están comprometidas con la promoción de la justicia social global y la paz universal. La Secretaría General de Justicia y Paz de Europa se ha establecido en Bruselas desde al establecer una asociación estratégica con la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE).