Aprendiendo de la luz de la experiencia colombiana, Llorenç Olivé

Aprendiendo de la luz de la experiencia colombiana, Llorenç Olivé

Ahora hace diecisiete años, por estas fechas tenía mi primer contacto con Colombia. Era por medio de una delegación de Justicia y Paz de Europa, y éramos invitados miembros de diferentes países por los compañeros de Justicia y Paz de Colombia. Fueron dos semanas para conocer de cerca la realidad de ese lindo país sudamericano, pero impregnado de violencia; con una inmersión al trabajo y a la convivencia, pero también a descubrir hasta que extremos las personas somos capaces de lo más atroz.

Después a través de la Taula per la Pau de Colòmbia  y desde otros organismos he seguido la realidad y he participado desde la distancia para poner sobre la mesa al conjunto de la sociedad lo que acaece allí y aportar nuestro grano de arena para la paz desde la otra orilla del mar.

Diecisiete años después, he tenido la ocasión y el honor de representar a Justicia y Paz  en un evento internacional en Bogotá. A finales de marzo y convocados por La Comisión de Conciliación Nacional de Colombia -organismo que forma parte de la Conferencia Episcopal de Colombia- la Comisión Alemana de Justicia y Paz y la Asociación Católica Alemana de Cooperación al Desarrollo  (AGEH) participé en el seminario internacional “Memory, Truth and Justice. Dealing with the burden of the past. Learning in the light of the colombian experiences” (Memoria, Verdad y Justicia. Afrontar la herencia del pasado. Aprendiendo de la luz de la experiencia colombiana).

Durante cinco días personas provenientes de quince países de los cinco continentes, y de profesionalidad diversa como obispos, cooperantes, profesores universitarios, o altos representantes de las comisiones de Justicia y Paz de distintos países, hemos conocido de nuevo la realidad del conflicto, pero también el coraje de Colombia, de sus gentes y las distintas «Colombias». Y como afrontan con aplomo las adversidades pero a la vez en ritmo constante también hacia el camino inexorable a la paz.

Quienes participamos veníamos de países tan dispares como Timor Oriental o Bosnia; de Vietnam o Irlanda del Norte; de Burundi o Guatemala; de Sudan del Sud o Ucrania. Pero a todos nos unía que veníamos de lugares que tenían o que habían tenido en el pasado reciente un grave conflicto. Aprendiendo de la luz de la experiencia colombiana, decía el enunciado del seminario. Sí, aprendiendo. Porque fueron unos días de compartir la propia experiencia personal, con quienes compartías la fe, pero también experiencias personales de un conflicto; poniéndote en la realidad del otro. Para tomar referencias de como hemos avanzado en un lugar y poder así trasladar la experiencia a otras latitudes.

En un contexto como el actual en que el país está inmerso en un proceso de paz, pero que no fue refrendado en el plebiscito del 2 de octubre de 2016; en donde la polarización es fuerte, pero en cambio la indiferencia muy superior. Poco más de seis millones de personas dijeron No al acuerdo de paz, por seis millones de personas que dijeron Sí al acuerdo; pero donde 22 millones de ciudadanos mostraron su indiferencia y no participaron del proceso, era importante conocer de cerca las personas.

El primer día del encuentro hicimos una inmersión desde la academia al conflicto y a la geopolítica colombiana; y también sobre la conciliación, la reconciliación, el perdón y el respeto y de cómo recuperar la convivencia los vecinos después de una guerra.

A la mañana siguiente pudimos visitar organizaciones de víctimas y supervivientes del conflicto; conversamos con varias de ellas, escuchando las atrocidades, el dolor y el sufrimiento padecido, pero también la resiliencia, el coraje y el valor para afrontar y superar el rencor de víctimas de violaciones, masacres, asesinatos, desapariciones; y donde la emoción era fuerte en sus manifestaciones y complicado para quienes vivimos en un actual contexto de paz.

En la tercera jornada departimos con los victimarios, con agentes del conflicto. Tuvimos la oportunidad de comprobar que en muchas ocasiones el victimario es a la vez víctima, y no sólo porqué la decisión de enrolarte en un grupo armado es consecuencia de agresiones y violaciones previas, sino también porque sin justicia social es imposible la paz. Nos repartimos en grupos, unos fueron a conversar con militares, ahora ya en la reserva, pero que estuvieron en activo en la época más cruenta del conflicto y con una visión de décadas de guerra, donde los años pasados ya no vuelven, y que hacían una interpretación de los acuerdos de paz desde la desconfianza. El otro grupo tuvimos la ocasión de visitar la cárcel de alta seguridad de La Picota donde están ingresados miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC); del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y de grupos de paramilitares. Pudimos conversar con miembros de las FARC i el ELN; con altos dirigentes y con militantes que habían ingresado de chicos a la guerrilla a los 14 años y que llevaban ahora con más de treinta y cuarenta años otros tantos cumpliendo condena. Pudimos hablar de la infancia que paso de largo en sus vidas, de la muerte y de la vida, de política por supuesto, pero también y es lo importante de la oportunidad de hacer algo nuevo en la vida. De poner fin a tantos años de lucha para una paz compartida.

Yo he estado en diversas cárceles en Cataluña. Pero la sensación de La Picota no es la misma, no la olvidaré; aunque sea un centro nuevo y aparentemente con garantías, tienes la sensación que no sabes que te va a deparar.

Habíamos conversado con la víctimas y supervivientes, con agentes activos del conflicto, pero nos faltaba tener un encuentro con las organizaciones sociales. En el cuarto día nos reunimos con mujeres y hombres activistas de la paz y la reconciliación que luchan por los derechos de los afrocolombianos, de los campesinos, de los indígenas, y que están recuperando la memoria histórica que no existe en un pasado reciente y plagado de impunidad; conocer el Centro Nacional de la Memoria Histórica que tiene el difícil reto de ser la lumbre del trabajo contra la impunidad de tantos años de conflicto, pero que tiene que expresar también con certeza las diferentes visiones de la sociedad.

¿Y ahora qué?

Ahora han pasado unos días des de la vuelta; las emociones siguen estando pero seguramente la adrenalina ha bajado y todos los datos recibidos los procesas de forma distinta.

Y reflexionas en que estamos hablando de un país que ha iniciado un proceso de paz, pero en el que aún hay grupos armados (ELN, EPL) en activo. Que sabe que es fundamental que este proceso de paz y la desmovilización de las FARC funcione, porqué es el germen para el abandono de las armas de los otros grupos armados.

Y reflexionas también que como puede ser posible que en un contexto de guerra, haya más muertes por violencia producto de la delincuencia común que no por el conflicto armado. Y donde la intervención del ejecutivo y del ejército es fundamental, para que se no ocupen los espacios liberados por la guerrilla donde hay fértiles cultivos o valerosas minas, por grupos paramilitares o las denominadas Bad Crims o los cárteles vuelvan a hacerse un lugar.

Y sigues reflexionando, si en el momento actual la sociedad colombiana que hace una apuesta por la paz, puede soportar que diariamente se asesinen líderes sociales, que reivindican la justicia social y que defienden a los más débiles. La impunidad no puede estar presente, no puede a volver ocurrir como en los años 90 que eliminaron (asesinaron) a todos los líderes políticos de la Unión Patriótica con total impunidad.

Y sigues pensando desde el optimismo que los acuerdos de paz tienen que salir adelante, pero que se tienen que cumplir los puntos pactados y en los plazos establecidos. Aunque 500 puntos no son pocos. La desmilitarización de las FARC no va a ser posible en la fecha establecida porque no se han puesto las medidas ni habilitado los espacios para entrega de armas.

Pero sobretodo tienes en la mente los dos retos principales con que tendrá que lidiar la paz y la sociedad colombiana. La extrema polarización en que se ha dividido el país a favor y en contra de los acuerdos de paz; y la burocratización del funcionamiento del mismo proceso. No solo el tema de las armas expresado anteriormente, sino también toda la lucha contra los cultivos ilícitos, el control de las zonas desmilitarizadas o la lucha contra la minería ilegal, son puntos que se tienen que desarrollar y no pueden esperar.

En los días que estuve en Colombia pude impregnarme de la fuerza de la gente que trabaja desde el convencimiento y la vocación por el otro, tanto en Colombia como en otros rincones del planeta. Y esto lo que me refuerza de lo que aprendí en Colombia, de la experiencia colombiana.

Los retos son complicados, pero son para superarlos. Pero con las personas que cuenta el país, con estos testimonios, la paz viene para quedarse. Y entre otras cosas porque esta vez la paz no puede pasar de largo.

Llorenç Olivé
 Justícia i Pau Barcelona

Comunicado de Prensa

Comunicado final.(inglés)