Cristianos por el derecho de Cataluña a decidir

Cristianos por el derecho de Cataluña a decidir

El pasado día 7 de julio tuvo lugar un acto público organizado por un amplio colectivo de entidades cristianas, entre las cualesse encontraba Justícia i Pau, para visualizar la adhesión al Pacte Nacional pel Dret a decidir.

Esta iniciativa quiere ser un ejercicio de coherencia. En primer lugar, de coherencia con el arraigo y vocación de servicio a Cataluña de las entidades adheridas (movimientos, asociaciones, comunidades religiosas, fundaciones, centros culturales…), que deriva de nuestra opción de amor al país al que pertenecemos, fundamentada en nuestra fe cristiana. Y este amor al país no puede ignorar de ninguna forma que, en estos momentos, una gran mayoría de catalanes han expresado repetidamente, a través de movilizaciones absolutamente singulares y extraordinarias, y a través de su Parlamento democráticamente elegido, que quieren ser consultados sobre el estatus político que consideran justo para Cataluña, considerada una nación con plenitud de derechos.

Frente a esta innegable realidad, que afecta a una cuestión tan importante para la vida social del país, ¿podríamos permanecer callados y desentendernos del asunto? ¿Podríamos pensar que este debate no nos afecta? ¿Sería razonable creer que toda esa inmensa mayoría social se equivoca y no merece ser escuchada, o que simplemente es tan inmadura e inculta que actúa bajo el efecto de una perversa y oscura manipulación? ¿Y tendríamos que aceptar con nuestro silencio que esa mayoría social tenga que renunciar simplemente a esta aspiración ante la negativa expresada por el Estado español? Creemos sinceramente y de todo corazón que no.

Pero nuestra iniciativa es también un acto de coherencia con el pensamiento social de la Iglesia, que ha expresado, de forma repetida e insistente, que los pueblos y naciones tienen ciertos derechos que han de ser respetados, derechos que se basan en principios morales antes que en normas jurídicas. En multitud de encíclicas, textos, discursos de los Papas del siglo XX y de otros organismos católicos, sintetizados en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (véase, por ejemplo, el núm. 157), ha expresado que los pueblos y naciones (realidad cultural que agrupa a las personas) no han de ser confundidos con los Estados (forma jurídico-política al servicio de las personas) y tienen el derecho a existir, a desarrollarse, a mantener la propia identidad, lengua y cultura, a autogobernarse, a ser considerados sujeto político, a ser protagonistas de su historia y de su destino y, por tanto, en ciertas condiciones que es preciso juzgar caso por caso, derecho a constituirse en Estado independiente.

Y no se puede negar que Cataluña, como han expresado repetidamente los obispos catalanes, es una realidad nacional, basada en una identidad cultural diferenciada, fruto de una historia de más de mil años. Por tanto, como  nación que es, goza de la plenitud de sus derechos.

La realidad es que ahora esta nación quiere mayoritariamente ser consultada sobre la posibilidad de un nuevo marco jurídico-político, porque cree sinceramente y siente dolorosamente que no tiene el encaje que merece dentro del Estado español. Porque cree que es gravemente maltratada en su personalidad, en su cultura y lengua, en el trato económico, en su autogobierno, en su participación y presencia en la realidad política estatal.

Si esto es así, queremos expresar nuestra convicción profunda de que lo más justo, razonable y democrático, es hacer posible esta consulta, por las vías y los procedimientos que puedan garantizar la libertad y la pluralidad, y en el momento que la prudencia política considere más oportuno. Y si de esta consulta sale una voluntad claramente mayoritaria, las autoridades políticas competentes, a través del diálogo y la negociación, la tendrán que llevar a la realidad de la forma más justa y favorable  para el bien común.

En definitiva, nuestra acción quiere hacer visible un compromiso con el país que amamos. Un compromiso libre, consciente y maduro. Evidentemente, esto no quiere decir que dejen de preocuparnos gravemente otras muchas cuestiones de la vida social, en nuestro país y en el mundo, como avala nuestra trayectoria y nuestro quehacer diario, pero esto no ha de bloquear lo que ahora queremos expresar.

Sabemos que nuestra posición probablemente no será entendida por muchos, ni compartida por algunos cristianos. Asumimos este riesgo. Pero queremos dejar bien claro que la nuestra no es una opción política ni ideológica por un determinado estatus político para Catalunya: ni a favor de la independencia, ni a favor de ninguna forma político-jurídica concreta. Como entidades de la Iglesia queremos ser neutrales al respecto, más allá de las opciones personales de cada uno. La nuestra es simplemente una opción a favor de un principio ético: el respeto a la voluntad mayoritaria que exprese el pueblo de Cataluña, sea cual sea, sobre su estatus político.

A la vez, nos ofrecemos como entidades y personas a contribuir al necesario diálogo sobre esta compleja y delicada cuestión, tanto dentro de Cataluña, como con nuestros hermanos cristianos del resto del Estado español.

Eduard Ibáñez Pulido

Justícia i Pau de Barcelona

Tema: Cristianos por el derecho de Cataluña a decidir

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