Cuarta semana de Cuaresma

Cuarta semana de Cuaresma

MISERICORDIA Y PERDÓN

 

“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo… su Padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo”. (Lc 15)

 

En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia.
Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (cfr Lc 15,1-32). En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.
(Misericordiae vultus)

 

QUIEN A BUEN ÁRBOL SE ARRIMA…

La reflexión del hijo menor de la parábola ante su situación de necesidad –“me pondré en camino a donde está mi padre…”- se reproduce también en muchos aspectos del ámbito social.
Por eso es importante que personas o grupos de personas, ofrezcan confianza a quienes tienen necesidad de ayuda.

 

He aquí un ejemplo ocurrido en la lejana Etiopía.
La aldea de Oukura, ubicada en un margen del río Saro, en el sudoeste de Etiopía, se caracteriza por tener la población más pobre de toda la región. A la falta de servicios sociales se une que el agua para uso doméstico e higiene se recoge en el río y la población (principalmente
del grupo étnico Anyuak), -cuya mayoría son mujeres solas con niños-, vive en pobreza extrema, subsistiendo con cereales, maíz y pescado.

 

El problema diario más importante para las mujeres es la lucha permanente para poner comida en la mesa para sus familias, porque la pobreza material se ve agudizada por los métodos primitivos, lentos e ineficaces para moler el cereal, con herramientas tradicionales y manuales para convertir el maíz en harina; un proceso que puede durar hasta 16 horas cada día.
Además, las mujeres enfermas, o sin la energía para moler la harina a la manera tradicional, necesitan emplear un día entero para caminar hasta el molino más cercano y volver a casa con la materia prima para dar de comer a los suyos.

 

LA PARROQUIA SUMA DE “CARIDADES”

Como consecuencia de estas adversas realidades, un grupo de mujeres contactó con la Parroquia Católica de Gambella, pidiendo ayuda para instalar un molino de cereales en el pueblo, para hacer su vida diaria mucho más fácil en todos los aspectos y para mejorar su calidad de vida. Aceptaron desarrollar un proyecto a tal fin y solicitaron ayuda a Manos Unidas para obtener los fondos necesarios para construir la casita donde se instalaría el nuevo molino, adquirir la máquina, levarla al pueblo y asegurar su funcionamiento.

 

Complementando la financiación de Manos Unidas, la comunidad suministraría, como aportación local, algunos materiales de construcción accesibles en el pueblo y, al mismo tiempo, la Parroquia aportaría otros materiales que había que traer de fuera.
El proyecto está teniendo unos excelentes resultados, y está beneficiando no solo a las 250 familias que muelen allí sus cereales, sino a toda la comunidad.

 

La viabilidad económica del proyecto se basa en el cobro de una pequeña cuota por kilo que tienen que pagar los beneficiarios por los servicios ofrecidos por el molino. Los ingresos conseguidos, gestionados por el comité responsable de la gestión general, permitirán pagar el sueldo de los empleados, el combustible, el mantenimiento de la máquina y otros gastos. Las expectativas de sostenibilidad, son por tanto, muy positivas.

 

Iglesia de San Antón, “puertas abiertas”

La Fundación Mensajeros de la Paz, que acaba de hacerse cargo del templo, va a emprender en sus instalaciones un ambicioso proyecto religioso, social y cultural, con atención permanente; abierto a todos, y en el que todos caben.

 

Tras varias décadas sin apenas actividad, ahora la iglesia abrirá sus puertas todo el día, todos los días del año.

 

Desde allí se prestará atención social y espiritual y contará con un programa de actividades culturales. La iniciativa incluirá servicio de acogida y ayudas sociales, ropero, y Banco Solidario. Además, un grupo de sacerdotes, distribuidos en varios turnos, podrán administrar sacramentos de modo continuado y siempre habrá un lugar para la reflexión, el diálogo o la oración.

 

El padre Ángel, presidente y fundador de Mensajeros de la Paz ha manifestado: que “Este proyecto es un sueño de muchos años que ahora se hace realidad. Me duele pasar por iglesias con las puertas cerradas.

 

Las de San Antón en Madrid, siempre van a estar abiertas para todo aquel que necesite ayuda: para quien quiera rezar o confesarse, para quien necesite que alguien le escuche, o para
quien precise un café caliente. Queremos hacer que este templo sea a la vez una casa solidaria para compartir y un oasis de silencio y oración; en definitiva, un pequeño “hospital de campaña”.

 

Delegación Diocesana de Pastoral Social

Comisión Justicia y Paz de Sevilla