Ecología para tiempos de crisis

Ecología  para tiempos de crisis

Estamos acostumbrados a que nos vendan lo ecológico como un lujo, una  etiqueta de calidad que encarece el producto, y, por ello, en tiempos de crisis, tendemos a olvidarnos de la “ecología”  para dar prioridad a  la “economía”, como si ambas  no fueran dos caras de la misma moneda. Sin embargo, el ecologismo auténtico (más allá del marketing de lo “sostenible”) ha sido siempre cuestión de ahorro y, precisamente por ello, resulta tremendamente útil en estos momentos de crisis. Además los llamados “empleos verdes” son una interesante fuente de nuevos puestos de trabajo que deberíamos fomentar, dada la urgente necesidad que tiene la sociedad española de crear empleo.

Ahora que las economías domésticas no están para muchas alegrías, es el momento de ahorrar en la factura de la calefacción y recordar que mejorar el aislamiento de la vivienda o instalar paneles térmicos son medidas relativamente sencillas y  dan lugar a ahorros entre un 50% y un 80%.  Además, si uno va a hacerse una vivienda de nueva construcción, puede optar por diseñarla con criterios bioclimáticos, con lo cual se pueden llegar a conseguir viviendas autosuficientes, que se calientan con la radiación solar en invierno y no requieren refrigeración en verano.

La rehabilitación de viviendas con fines de ahorro energético es una importante fuente de puestos de trabajo en el sector de la construcción. Además, puesto que el ahorro energético termina compensando la inversión realizada, el balance termina siendo positivo y los empleos creados no restan de otros sectores económicos o de otros empleos: cambiamos la importación de unos combustibles que no producimos  por creación de puestos de trabajo.

El uso de la bicicleta en la ciudad es otra gran fuente de ahorro. En ciudades llanas, la bicicleta es tremendamente rápida y eficaz, y para  ciudades con pendientes  las bicis eléctricas son una buena opción. Numerosos ciclistas urbanos  hablan de que, al probarlo por primera vez, no se podían creer que fuera mucho más agradable que moverse en coche, y se preguntan por qué no lo han hecho antes. Esto evidencia que el obstáculo principal al uso masivo de bicicletas es la mentalidad dominante y la falta de seguridad.  Las autoridades, en estos momentos  más que nunca, deberían realizar campañas de marketing para promocionar el uso de la bicicleta y reorganizar las ciudades para garantizar la seguridad de los ciclistas. El ahorro de petróleo aliviaría las economías domésticas, estimulando otros sectores económicos  y ayudaría a mejorar la balanza de pagos española, que ha llegado a dedicar  el 4,5% del PIB a la compra de petróleo en años pasados.

Otra buena forma de ahorrar energía es la combinación de la agricultura ecológica, las dietas poco carnívoras y las redes cortas de comercialización. Por una parte, producir un kilo de proteína animal requiere entre 3 y 10 kilos de proteína vegetal, con lo cual el ahorro energético de una dieta menos carnívora es considerable. Esto se nota en el bolsillo, ya que la carne suele ser lo más caro de la cesta de la compra. Además, se estima que en España consumimos el doble de la carne necesaria, lo cual no beneficia en absoluto a nuestra salud.

 Por otra parte, la agricultura ecológica se basa en cultivar sin abonos y pesticidas químicos, que son fabricados a base de gas natural y petróleo, y, por ello, requiere menos energía. La energía embebida en fertilizantes químicos y pesticidas llega a suponer hasta un 50% de la necesaria para cultivar.  Los rendimientos de la  agricultura orgánica son cada día mejores y los estudios comparativos concluyen que su producción por hectárea sólo es un poco menor de la convencional (10-20%) pero tienen mucho menor impacto ambiental y mayor creación de puestos de trabajo.  El elevado precio que los productos ecológicos tienen actualmente  no se debe tanto a los bajos rendimientos como a la comercialización, por lo que los precios podrían bajar sustancialmente si, desde las administraciones, se apuesta por esta agricultura ahorradora de energía y creadora de empleo.

Sin embargo, no se puede considerar que una producción agraria es ecológica si no se basa en redes de distribución lo más cortas posibles. El consumo energético que requiere la actual distribución de alimentos es desorbitado, ya que se estima que los alimentos viajan una media de 4000 kilómetros antes de llegar a nuestra mesa. Algunos estudios estiman que el 45% de las emisiones de gases de efecto invernadero actuales se deben al actual sistema agroalimentario, que emite gases de efecto invernadero y consume grandes cantidades de energía en todos los eslabones de su cadena desde la tierra a la mesa. Una de las cosas más eficaces que podemos hacer para ayudar a enfriar el clima y proteger la biodiversidad es cambiar nuestra forma de comer.

La actual crisis económica es tan severa que está haciendo que nos centremos en el día a día y no prestemos atención a aspectos como la energía. Es excesivamente simplista atribuir al elevado precio del petróleo toda la responsabilidad de la actual crisis, pero también es simplista pensar que la escasez de una materia prima absolutamente indispensable en todas nuestras actividades  no vaya a tener importantes repercusiones. El hecho de que el precio del petróleo se haya multiplicado por cuatro en menos de una década (aunque luego haya bajado abruptamente en 2015) y la producción de petróleos de calidad y fáciles de extraer tocara techo en 2006 y desde entonces se encuentre estancada, tiene,  probablemente, mucha más responsabilidad en la crisis económica global de lo que se reconoce oficialmente.

Aparcar el coche en la ciudad, usar la bici, instalar aislantes y paneles solares en casa, cambiar a dietas más vegetarianas y a una agricultura ecológica y local… todo ello puede ayudar a  nuestra economía doméstica y también a la economía de nuestro país sin necesidad de que nuestra calidad de vida disminuya por ello. Cambiar hacia un estilo de vida más ecológico  no sólo es una forma altruista de beneficiar al medio ambiente, es también una forma de beneficiar nuestros bolsillos, crear empleos y reactivar la economía de un país, como el nuestro, con una enorme crisis económica y  enormemente dependiente de la importación de energía. Descarga

Marga Mediavilla

Grupo de Investigación en Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid