Empresas y pueblos originarios. El caso del pueblo shuar en Ecuador

Empresas y pueblos originarios. El caso del pueblo shuar en Ecuador

Las poblaciones indígenas están formadas por más de 300 millones de personas repartidas por distintas etnias y países. Su forma de vida se ve en la actualidad acosada sobre todo por las grandes empresas mineras, madereras y petroleras o por la construcción de grandes infraestructuras. Las tierras que ocupan les pertenecen desde tiempos inmemoriales y su derecho a vivir en ellas les ha sido reconocido internacionalmente. Pero en la actualidad la vida se ha vuelto difícil para muchas de estas personas, ya que por medio de soborno, amenazas y violencia se pretende desalojarlas de los lugares en los que han habitado durante generaciones para que se instalen ahí las grandes empresas que van buscando los recursos naturales de estos territorios. Se destruye así un modo de vida ancestral y se violan permanentemente los derechos humanos de sus habitantes.

En noviembre pasado conocimos a Patricia Gualinga, que pertenece al pueblo shuar de la selva ecuatoriana. A todas las personas que tuvimos la ocasión de oírla nos sorprendió y cautivó por la forma tan clara con la que nos explicó la resistencia de su pueblo frente a los intereses económicos de estas empresas. Su cultura les hace sentirse parte de la naturaleza a la que respetan: de ella saben vivir sin estar marcados por el consumismo de nuestro mundo.

El medio de vida de este pueblo está siendo gravemente amenazado hoy en día por la empresa minera china ExplorCobres S.A (EXSA).

La forma de actuar de estas empresas suele ser siempre la misma. Firman acuerdos con los gobiernos para poder establecerse en esas zonas y compran a los colonos sus tierras. El argumento es que van a llevar el desarrollo a la región y van a sacar a las poblaciones autóctonas de la pobreza. La realidad es que las poblaciones indígenas no se sienten pobres y están conformes con su modo de vivir y sus culturas. En una carta al Presidente Correa le decían: “no diga que hace minería para sacarnos de la pobreza, porque nosotros, con nuestra forma de vivir, no nos sentimos pobres; diga más bien cómo nos va a proteger como pueblo y cultura”. Ante esta postura tan firme las empresas no se detienen y empiezan las amenazas y la violación de sus derechos. En primer lugar, el derecho a la tierra. Como son poblaciones ancestrales, no pueden probar con documentos que esas tierras les pertenecen y poco a poco las multinacionales van copando su territorio e instalan sus propias viviendas, maquinarias, etc. provocando a la población indígena que lógicamente protesta por esta situación. De esta manera, el conflicto está servido y las fuerzas gubernamentales llegan a estos territorios para “frenar los brotes de violencia y proteger a la población”. En la mayoría de los casos, lo que suele ocurrir es la detención de los líderes indígenas e incluso  la muerte de alguno de ellos (Berta Cáceres es un ejemplo de esta misma situación en Honduras). La situación se complica enormemente y los resultados finales son inciertos, pero en la mayoría de los casos, acaba con la huida de los indígenas y el triunfo de las grandes empresas.

El actual líder del pueblo shuar, Agustín Wachapá, en la cárcel desde el día 21 de diciembre de 2016 dice: “Hoy más que nunca quiero recalcar, y denunciar ante diferentes instancias nacionales e internacionales, la violación de los Derechos consagrados en la Constitución. Mientras el pueblo defiende los recursos naturales de nuestro suelo, los intereses de los gobiernos de turno han sido saquear la riqueza del pueblo ecuatoriano. El pulmón de la Amazonía existe, y nuestra Amazonía no debe ser vendida, debe ser defendida... Vamos a seguir defendiendo nuestros recursos. Son los únicos recursos que nos quedan en nuestro país. El agua se defiende. Los recursos se defienden. No se venden.”

Este es un breve resumen de la situación que desde hace unos meses está sufriendo la población shuar y que se ha agravado en diciembre pasado desde que se decretó el estado de excepción y llegó el ejército a esa zona. Varias familias han huido a las montañas y se encuentran ahí desprotegidas, con hambre y enfermedades y sobre todo con mucho miedo a regresar a sus casas por miedo a las fuerzas gubernamentales.

Situaciones parecidas se viven en otros lugares, la mayoría de ellos en la selva amazónica, pero tampoco están libres de estos conflictos poblaciones africanas, asiáticas o incluso australianas.  Sería muy largo extendernos en este  sentido. Citaremos solo algún ejemplo más teniendo claro que quedan otros muchos sin mencionar, algunos de ellos en verdadero peligro de desaparición porque se ha violentado su forma de vida y se les ha obligado a cambiar sus costumbres según el método “civilizado” que les ha transmitido enfermedades e inadaptación.

-En el pueblo pigmeo el acoso le viene por organizaciones conservacionistas que no sitúan en el foco de sus preocupaciones a estas personas.

-El pueblo karo en Etiopía también se ve ninguneado por la construcción de una presa.

- Los bosquimanos del desierto del Kalahari fueron expulsados ilegalmente de sus tierras como les reconoció la justicia, sin que por el momento se les haya permitido regresar.

En la Laudato si’ (nº 145) se dice: “Hace falta incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas, y así entender que el desarrollo de un grupo social supone un proceso histórico dentro de un contexto cultural y requiere del continuado protagonismo de  los actores sociales locales desde su cultura”.

Y en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz (nº 6) de este año, el papa Francisco nos recuerda que: “la construcción de la paz mediante la no violencia activa […] es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables con el estilo de trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio”.   Descarga 

 

Isabel Cuenca Anaya

Secretaria General