Estado de opinión: De la amargura no sacaremos nada bueno

Estado de opinión: De la amargura no sacaremos nada bueno

Cómo se nota que ya estamos en campaña electoral, ¿eh? Formalmente no, claro: la ley no permite que los partidos y candidatos pidan el voto a los electores hasta que empiece la campaña oficial. Pero la maquinaria de los partidos para la promoción de sus candidatos y la difusión de consignas y programas, hace ya semanas que trabaja a pleno rendimiento: por los canales tradicionales —medios de comunicación, mítines, presencia de los candidatos en eventos públicos de todo tipo—, y cada vez con más fuerza a través de los nuevos medios digitales.

No soy ningún ingenuo sobre las redes sociales. No me creo el relato idílico —que por suerte va a la baja— de los que ven en ellas la revolución democrática definitiva. Todo es complejo y matizable, y parece evidente que en lugar de ser la ventana que nos abre al mundo, las redes tienden a crear tribus, comunidades digitales donde buscamos el reconocimiento de los que piensan o son como nosotros. Byung-Chul Han dice que el «me gusta» de las redes sociales es el amén digital. Pero vaya, no vamos a negar que el debate político a través de estos portales de intercambio facilita la exposición de contenidos, la discusión de ideas y propuestas.

Pero más allá de las ideas que presentan las distintas formaciones, más allá del contenido de sus propuestas programáticas, las redes sociales permiten analizar la campaña desde otra perspectiva: la del estilo, el talante, la formas con las que los individuos concretos —militantes, simpatizantes y los propios candidatos— se presentan ante los ciudadanos.

Pues bien: me preocupa observar la tendencia de un gran número de individuos a participar en el debate a través de las redes con una actitud de resentimiento y amargura, gente que sólo es capaz de intervenir con ofensas, insultos y burdas descalificaciones de los adversarios. Me diréis que de gente así ha habido siempre. Claro que sí. Pero tengo la sensación de que las redes sociales dan más visibilidad y facilitan las cosas a la gente que, más que participar, destroza la controversia. El debate político es por naturaleza polémico y dialéctico, y la temperatura de la discusión a veces puede provocar una salida de tono. No pasa nada. Pero el debate también es el espacio para la propuesta en positivo, la aportación de soluciones a los problemas colectivos, la generación de la confianza en las actuaciones que se quieren llevar a cabo. Cuando todo esto está ausente, cuando sólo hay negación y crítica, el discurso político se vuelve insoportable.

¿Por qué hay tanta gente que se comporta de ese modo? William Connolly sostiene que el «ethos» político, el comportamiento de los ciudadanos en el espacio público, puede nacer del resentimiento o de la generosidad, y que sólo en el segundo caso se vuelve creativo y transformador. La política que nace del resentimiento, dice Connolly, puede ser un momento de reacción y genera belicosidad, alimenta el espíritu de la venganza. Puede servir en un momento dado para que la gente se rebele, pero nunca puede quedarse aquí, porque si no da paso a la política de la generosidad se quedará estéril y sólo causará daño.

Los foros y las redes sociales se han convertido en un espacio habitual de las relaciones personales y sociales. También para el debate político. Es bueno que tomemos parte en él, no tengo ninguna duda. Lo que me pregunto, lo que podemos preguntarnos cuando tecleamos alguna cosa, es de dónde nace nuestra contribución.

Miquel Àngel Maria, membre de Justícia i Pau de Menorca

 

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