Evangelización y dimensión social

Evangelización y dimensión social
Desde que el Papa Pablo VI afirmara rotundamente que "la Iglesia existe para evangelizar" (EN 14), ha sido constante la llamada de los últimos Pontífices al anuncio de evangelio. Ante esta invitación hecha suya también por el actual Papa Francisco, ante los retos culturales que se nos presentan, y ante un modelo evangelizador reduccionista, nos preguntamos sobre la posibilidad de llevar adelante este encargo prescindiendo de la dimensión social del ser humano.

Históricamente, el marxismo nos ha alertado de este peligro con la acusación de que la fe cristiana aliena a los creyentes y los aleja de las verdaderas necesidades humanas. En la actualidad, la corriente cultural del laicismo sigue empeñada en hacernos creer que la fe es un sentimiento irracional, inviable en el debate público e irrelevante en la vida social y, en consecuencia, un elemento que debe permanecer en el fuero interno y en la vida privada.

El Concilio Vaticano II salió al paso de este doble prejuicio al afirmar que "la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que más bien proporciona los motivos de apoyo para su ejercicio" (GS 21). Un poco más adelante sigue diciendo que "la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana" (GS 39).

El Papa Pablo VI en su encíclica "Populorum progressio" y Benedicto XVI en la "Caritas in veritate" nos han invitado a ser fieles al Reino de Dios y a promover el desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres. La Iglesia realiza ambos cometidos anunciando, celebrando y viviendo el evangelio de Jesucristo, es decir, evangelizando. En efecto, nada de lo que les ocurre a los hombres y que afecta sobre todo a las situaciones relacionadas con la justicia, con la liberación, con el desarrollo, con la paz, debe ser ajeno a la evangelización. Ésta no sería completa si no tuviera en cuenta la conexión íntima que existe entre evangelización y vida concreta, personal y social del hombre. Ciertamente, entre evangelización y promoción humana existen vínculos profundos, "vínculos de orden antropológico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención, que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a la que hay que combatir, y de justicia, que hay que restaurar. Vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad: en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre?" (EN 31).

Recientemente el Papa Francisco, en su exhortación apostólica "Evangelii gaudium" ha afirmado que "en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros" (EG 177) y que "la Iglesia se siente obligada por su misma fe y esperanza a concretar en la práctica los grandes principios sociales" (EG 182). Con estas palabras, desmiente la pretensión de relegar la fe al ámbito de la intimidad de las personas y afirma la implicación del creyente en el proyecto de cambiar el mundo, de transmitir valores y de dejar una herencia a las nuevas generaciones, que mejore a la recibida (cfr. EG 183).

La extensión de este escrito no me permite entrar a considerar los distintos ámbitos de la acción caritativo-social del cristiano, pero sí me da lugar para plantear algunos interrogantes sobre el grado de implicación social de nuestra fe, particularmente en lo que se refiere al cristiano laico. Es verdad que hay un grupo de creyentes que están comprometidos en acciones hacia dentro de la Iglesia: catequesis, liturgia, canto, celebraciones dominicales en ausencia de presbítero, etc. Mi reconocimiento para todos ellos. No debemos olvidar, sin embargo, que el fiel laico está llamado principalmente a ser sal de la tierra y luz del mundo gestionando los asuntos terrenos según el plan de Dios: ¿en qué medida se cumple esto? Temo no equivocarme si afirmo que la gran mayoría de nuestros católicos, incluso de los practicantes, elude un compromiso público como creyente. En estos momentos, podríamos hablar de una honrosa excepción: el ámbito de la caridad ejercida a través de Cáritas. Por los datos que manejo, unos sesenta mil voluntarios en toda España están haciendo una labor maravillosa a favor de los pobres. Pero hay terrenos en los que su palabra y testimonio se echa de menos. Pienso especialmente en el mundo de la cultura, de los sindicatos y de la política.

No sería justo, sin embargo, si dejara de citar el esfuerzo de algunos movimientos y grupos cristianos -que no cito para no caer en omisiones involuntarias- que se toman en serio la realidad social y sus problemas y que intentan encontrar en el evangelio y en la doctrina social de la Iglesia la luz necesaria para responder y para actuar coherentemente a favor de la justicia y de la paz. Para todos sus integrantes pido la bendición de Dios. Y para aquellos otros que dan la espalda al necesario compromiso caritativo-social, suplico al Señor una mirada lúcida y un corazón compasivo a imagen de Cristo, el Buen Samaritano.

 

Evangelización y dimensión social

 

 

+ Jesús Fernández González
Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela
Obispo Acompañante de Justicia y Paz

Tema: Evangelización y dimensión social

No se encontraron comentarios.

Nuevo comentario