Hacia la prohibición y eliminación del armamento nuclear, Ángel Ballesteros

Hacia la prohibición y eliminación del armamento nuclear, Ángel Ballesteros

La aprobación en Naciones Unidas el pasado viernes 7 de julio del “Tratado de Prohibición de Armas Nucleares” constituye un feliz desenlace de una década de esfuerzos de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN) y, sobre todo, un excelente punto de partida para la eliminación del armamento nuclear que, desde Hiroshima y Nagasaki, está hipotecando la propia supervivencia de la Humanidad.

Para caer en la cuenta del inimaginable potencial destructivo a que nos estamos enfrentando, basta recordar que la energía liberada en un único ensayo termonuclear de 50 megatones realizado en la alta atmósfera por la URSS el 30 de octubre de 1961 fue 10 veces superior a la del conjunto de todas las explosiones que habían sucedido hasta el momento en todas las guerras libradas por la humanidad a lo largo de la Historia, incluyendo por supuesto todos los bombardeos masivos de la Segunda Guerra Mundial (Londres, Hamburgo, Dresde, Tokio,…), y las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

En su reciente informe anual, el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) nos recuerda algunas cifras que nos ayudan a visualizar el potencial del armamento nuclear mundial, y que han sido obtenidas a pesar de las dificultades que presenta la falta de transparencia informativa por parte de los Gobiernos involucrados:

  • Se estima que a inicios de 2016 había aproximadamente 15000 ojivas nucleares en el mundo, en posesión de 9 países: EEUU tiene unas 7000, Rusia 7290, Francia 215, Reino Unido 300, China 260, India entre 100 y 120, Pakistán entre 110 y 130, Israel 80 y Corea del Norte unas 10.
  • De ellas, unas 4.120 estaban desplegadas con fuerzas operativas y unas 1.800 de estas armas se mantienen en un estado de alerta operativa alta.
  • Aunque es cierto que en los últimos años Estados Unidos y Rusia habían venido reduciendo sus arsenales nucleares, como resultado del Tratado Nuevo START de 2010 y también mediante medidas unilaterales, recientemente ambos países han puesto en marcha costosos programas de modernización de su arsenal. Este hecho coincide con una notable escalada en la tensión geoestratégica entre ambas potencias.
  • Todos los demás estados con armas nucleares están desarrollando también programas de modernización de los mismos y de desarrollo de nuevas armas. Las tensiones militares en las que muchos de ellos se ven envueltos son evidentes: Israel, India, Pakistán, Corea…
  • El elemento esencial para poder producir armas nucleares es el material fisionable (uranio altamente enriquecido o plutonio). Todos los estados que disponen de una industria de enriquecimiento o reprocesamiento pueden producir materiales fisionables. Según datos del Grupo Internacional sobre Materiales Fisionables, las reservas mundiales de uranio altamente enriquecido ascienden a 1355 toneladas, y existirían unas 505 toneladas de plutonio separado. Bastan unas decenas de kilos de material fisionable para construir un artefacto nuclear, lo cual da cuenta de la peligrosidad que implica la existencia de todas estas reservas.

Por todo ello, el tratado recientemente aprobado es una excelente noticia, ya que prohíbe a las naciones desarrollar, probar, producir, fabricar, transferir, poseer, almacenar, usar o amenazar con usar armas nucleares. También les prohíbe ayudar, animar o inducir a cualquiera a participar en cualquiera de esas actividades. Además, las naciones no deben permitir que las armas nucleares sean estacionadas o desplegadas en su territorio.

El Tratado es jurídicamente vinculante para aquellas naciones que se unan a él. Cincuenta naciones deben firmar y ratificar el Tratado para que entre en vigor, y tanto las naciones que poseen o albergan armas nucleares pueden unirse a él, siempre que se comprometan a su total eliminación o a dejar de albergarlas.

Es también importante que el Tratado contempla que las naciones deben prestar una asistencia adecuada a todas las víctimas del uso y pruebas de armas nucleares, incluida la atención médica, la rehabilitación, el apoyo psicológico y su inclusión social y económica. Así mismo, reconoce el impacto desproporcionado que las pruebas nucleares han tenido sobre algunos pueblos indígenas, y su especial incidencia en las mujeres y niñas.

El papa Francisco, en su mensaje de marzo de 2017 a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la prohibición de las armas nucleares, manifestó claramente: " La paz y la estabilidad internacional no pueden basarse en una falsa sensación de seguridad, en la amenaza de la destrucción recíproca o de aniquilación total, en el simple mantenimiento de un equilibrio de poder. La paz debe construirse sobre la justicia, sobre el desarrollo humano integral, sobre el respeto de los derechos humanos fundamentales, sobre la custodia de la creación, sobre la participación de todos en la vida pública, sobre la confianza entre los pueblos, sobre la promoción de instituciones pacíficas, sobre el acceso a la educación y a la salud, sobre el diálogo y la solidaridad. En esta perspectiva, necesitamos ir más allá de la disuasión nuclear: la comunidad internacional está llamada a adoptar estrategias a largo plazo para promover el objetivo de la paz y de la estabilidad y evitar los enfoques miopes de problemas de seguridad nacional e internacional".

Además, debe acabarse con el inmenso «despilfarro de recursos» que se destina al arsenal nuclear y al conjunto del gasto militar mundial, y que «sin embargo, se podrían utilizar para prioridades más significativas, como la promoción de la paz y del desarrollo humano integral, así como la lucha contra la pobreza y la actuación de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible». En definitiva, resulta imprescindible avanzar en “aquella ética de la paz y de la seguridad cooperativa multilateral, que tanto necesita hoy la humanidad».

Queda mucho por trabajar en este sentido para que los países que poseen armas nucleares y sus aliados como España den pasos firmes para adherirse a un Tratado que alimenta la esperanza de un mundo más seguro, justo y en paz. Porque en ningún caso la pretendida seguridad de unos pocos puede basarse en el riesgo de aniquilación para todos.

Angel Ballesteros, Comisión Justicia y Paz de Burgos