Hacia un desarme nuclear

Hacia un desarme nuclear

    Desde el momento en que las bombas atómicas cayeron sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 de agosto 1945, la historia de la humanidad ha entrado en una nueva época nunca antes pensada, con la posibilidad de que esta historia ya tan larga termine con un invierno nuclear como consecuencia de una guerra atómica. 

    Es verdad que después de la Guerra Fría (con la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989) muchos de los grandes arsenales de armas nucleares han sido desmantelados. Sobre todo Rusia y los EEUU han sido quienes más han colaborado en las reducciones.  A pesar de este signo de esperanza no se puede negar un terrible hecho: todavía existen en el mundo  alrededor de 16.000 armas nucleares.  Miles de ellas podrían ser lanzadas en pocos segundos. El peligro de que el material caiga en manos de terroristas o países con líderes políticos sin escrúpulos está creciendo. Países como la India, Pakistán o Israel que poseen este tipo de armas no han firmado el Tratado de No Proliferación (TNP). Es positivo que hace unas semanas se haya ratificado un acuerdo entre Irán, EEUU y otros países  sobre el programa nuclear iraní, que por el momento deja de ser una fuente de gran preocupación en la comunidad internacional. Por otro lado hay mucha alarma en todo el mundo por las pruebes nucleares recientes de Corea del Norte.

    Parece que el camino hacia un mundo sin armas nucleares, prudentemente iniciado a partir del año 1990, se detuvo hace unos 5 años según el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, en un análisis de abril de 2015. Voces como la de Rebecca Johnson, ex-presidenta de la Campaña Internacional para la Abolición de Armas Nucleares (ICAN) no se oyen suficientemente debido a intereses económicos. Ella afirma que los cinco poderes nucleares importantes (EEUU, Rusia, Francia, Inglaterra y China) ven  el  Pacto de No Proliferación como una excusa para modernizar eternamente sus arsenales, mientras otros países  que poseen armas nucleares actúan como si ellos no tuvieran nada que ver con dicho pacto. Según Ban Ki Moon no existe una prohibición en cuanto al tema de pruebas nucleares que se respete y tampoco hay un tratado que prohíba la producción de combustibles nucleares para dichas armas.

    Inquietante situación en un mundo cada vez más indiferente moralmente hablando (Cf. Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2016). Un mundo que sufre un “eclipse de Dios” y  una disminución de los valores básicos, que son los pilares de una sociedad, abre el camino a nuevos enfrentamientos bélicos. Es también insoportable y moralmente injustificable que se utilicen las armas nucleares como disuasión, como arma política  para “garantizar” la seguridad y protección del propio país. Así lo explican y así lo han defendido siempre los poderes nucleares.   

    En cuanto a la Iglesia Católica, de los muchos documentos que existen en relación con este tema del desarme nuclear quisiera señalar dos:

1. La constitución pastoral “Gaudium et Spes”, del Concilio Vaticano II, declara expresamente que “toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo” (GS, 80). Además los padres conciliares afirman que la política de una disuasión nuclear es un equilibrio muy frágil y cuestionable y que de ninguna manera se trata de una paz auténtica.

2. Por su parte el Papa Benedicto XVI lo formulaba de modo muy claro en su “Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz”, del 1 de enero de 2006: “Junto con innumerables personas de buena voluntad se puede afirmar que este planteamiento (sobre la disuasión nuclear para garantizar la seguridad de un país)  además de funesto, es totalmente falaz. En efecto, en una guerra nuclear no habría vencedores sino sólo víctimas”. Y añadió algo muy importante: "Los recursos ahorrados de este modo (un mundo sin armas nucleares) podrían emplearse en proyectos de desarrollo en favor de todos los habitantes y, en primer lugar, de los más pobres”. Y se trata de billones y billones de dólares. 

    En los últimos años el papa Francisco ha cuestionado y denunciado en numerosas ocasiones y documentos (cf. por ejemplo la Exhortación. apostólica “Evangelii Gaudium” y la última encíclica,  de junio 2015, “Laudato Si”) las causas de tanta injusticia y desigualdad en el mundo.

    En una homilía en la Capilla de Santa Marta, el 19 de noviembre 2015, el Papa lamenta que “el mundo no haya comprendido el camino de la paz” y  se pregunta : “¿Qué queda de una guerra? Ruinas, miles de niños sin educación, tantos muertos inocentes y tanto dinero en los bolsillos de los traficantes de armas”.

    Está claro que se necesita una auténtica conversión de corazón, un desarme de corazón, además de una profunda reestructuración de “una economía que mata” hacia una economía al servicio de las personas, al servicio del bien común. También es imprescindible, en un mundo cada vez más peligroso, que el desarme nuclear sea un tema prioritario y urgente en la agenda de la comunidad política internacional y uno de los grandes temas en el Magisterio de la Iglesia.

    Importante ha sido la presentación a la ONU de una petición para abolir las armas nucleares, el día 28 de septiembre de 2015, por “Peace and Planet Mobilization”, un conglomerado de muchas organizaciones no gubernamentales activas en todo el mundo. Entre ellas una organización importante: “Mayors for Peace”  con los alcaldes de Hiroshima y Nagasaki como miembros destacados. Estas organizaciones civiles exigen  que desde el comienzo de las nuevas negociaciones  en el TNP (cada 5 años)  se aborde este tema principal para llegar a una desaparición total de esta gran amenaza para toda la humanidad y abolir todas las armas nucleares. Es sumamente importante, visto la falta actual de entendimiento en los países del TNP, que grupos civiles se manifiesten  claramente en las plataformas y en las organizaciones internacionales para influir y cambiar la voluntad política. Se trata de una necesidad y exigencia de la más alta categoría moral.  

    Finalmente rogamos y deseamos que la fuerza del mensaje evangélico y nuestra dedicación conjunta - en colaboración con las demás religiones -  haga desaparecer de la faz de la tierra esta gran amenaza de la destrucción masiva con armas nucleares. Que nunca tengamos que sufrir la pesadilla insoportable de un invierno nuclear después del cual ya no será posible la vida. Que Cristo arroje su luz sobre nosotros y nos guíe en el camino verdadero hacia un mundo donde no nos gobierne y no nos esclavice una “cultura de la muerte”, de la que se aprovechan unas élites “invisibles” e intocables,  sino que reine la justicia y la paz para todos los habitantes del orbe.    Descarga

Ton Broekman

Promotor de Comisión JyP Palencia

 

 

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