Hoja de Opinión enero 2017

Hoja de Opinión enero 2017

EMIGRACIÓN: UNA ASIGNATURA PENDIENTE


Los flujos de personas que trasladan su residencia con vocación de permanencia más o menos amplia, a un país distinto de aquel en que hasta ese momento vivían, ha sido una constante a lo largo de la historia.

Normalmente los movimientos migratorios se deben a razones económicas. La falta de medios, las dificultades para atender las necesidades más perentorias y la apreciación de que en otros lugares pueden vivir mejor, lleva a estas personas a romper su relación con el entorno físico, familiar y humano e iniciar una aventura larga, costosa y llena de sufrimiento en la que arriesgan su vida que, en demasiadas ocasiones la pierden y cuando llegan, si es que la operación tiene éxito, deben enfrentarse a nuevas dificultades para legalizar su situación y, mientras tanto, vivir como un fuera de la ley, víctima de los abusos de aquellos que saben que tienen que pasar por todo ya que cualquier reclamación, al conocerse que su estancia no es legal, puede llevar a la expulsión.

Pero hay otra emigración, quizás más dramática, que es la de los refugiados. En este caso no son razones económicas, sino los conflictos bélicos cada vez más frecuentes, que fuerzan a la población civil a huir dejando todo, no para vivir mejor, sino para salvar la vida amenazada por la guerra que se desarrolla en las calles de la ciudad en que viven.
Cuál es la situación actual.
Continúa la emigración llamada económica, alentada por el incremento de población del África subsahariana en la que, sin lograr aliviar la situación de pobreza en la que vive, se estima que en año 2100 puede pasar de representar su población el 16% de la total del mundo, que es el porcentaje actual, al 39%. Al mismo tiempo, Europa envejece y no logra aumentar los índices de natalidad.
Pero lo que realmente ha estallado es la de los refugiados. Sin contar los desplazamientos internos que en Siria desde el comienzo de la guerra en 2011, según datos de la Agencia de la Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), a finales del 2015 han afectado a 7.6 millones de personas, en esas fechas la Organización Internacional de Migraciones estimaba que, contando solo los refugiados que se han dirigido hacia Europa buscando protección, suponían seis millones de personas, hombres, mujeres y niños de los que el 51% son sirios, el 20% afganos, el 6% iraquíes y en porcentajes inferiores eritreos, paquistaníes, somalíes, además de los procedentes de Níger, Sudan, Malí y Republica Democrática del Congo.
Todos ellos huyen de la guerra y de sus consecuencias que en Siria ha supuesto que el desempleo que en 2011 era del 14,9%, haya pasado a finales del 2015 al 52,9%, con un 85% de la población en situación de pobreza y un 69,3 en extrema pobreza que significa que no pueden cubrir sus necesidades alimenticias básicas.
Y ¿Qué pasa con esos seis millones de personas? Pues desde el momento en que se decidió que no cabía considerarlos peticionarios de asilo de acuerdo con la Convención de Ginebra de 1951, se encuentran mayoritariamente en campos de refugiados, alojados en construcciones efímeras e incluso en tiendas de campaña, soportando la nieve, el frío y la lluvia, o recorriendo los territorios de la Europa oriental, atravesando a pie fronteras pese a las alambradas que les han puesto, o desplazados a Turquía a la que Alemania indemniza económicamente para que se quede con ellos. Y no podemos olvidar a los que se lanzan al mar, hacinados en embarcaciones precarias que están convirtiendo el Mediterráneo en un gran cementerio, en cuanto se calcula que son 5000 las personas muertas en estas travesías durante el año 2016.
En cuanto a nuestro país, el Gobierno anunció que iba a acoger a 17.000 en un plazo que se cumple el próximo otoño y a finales del pasado año solo habían venido 900.
Qué se puede hacer.
En esta situación, la cristiana Europa parece que se encuentra adormecida. Ha bastado el mensaje de que entre tanto refugiado pueden ocultarse terroristas del Daes, para que se haga prevalecer el instinto de defensa de nuestra seguridad.
No se puede negar que cabe la infiltración de terroristas, pero los Estados tienen medios para controlarlo y no puede ser una excusa ante el sufrimiento de millones de personas, cuando además los terroristas que se han detenido no suelen ser refugiados de esta hornada, sino personas que ya vivían en Europa e, incluso, habían nacido en ella.
El Papa Francisco ha sido claro en el mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado del pasado día 15, nos recuerda que en los cuatro evangelios, con parecidas palabras, se contiene que “quien acoge a un niño como este en mi nombre, no me acoge a mí, sino a quien me ha enviado”, además de que la comunidad cristiana abraza todas las naciones razas y lenguas.
También en una reciente entrevista en el diario El País nos dice que además de recibirlos y acogerlos, hay que llevar a cabo un proceso de integración “acoger e integrar”, ya que en otro caso se “inguetizan”, se crían y viven en guetos y nos recuerda que los que hicieron el desastre en el aeropuerto de Zaventem eran belgas, nacieron en Bélgica, pero vivían en un barrio cerrado de inmigrantes.
Entonces a la pregunta de qué se puede hacer, a modo de torrente de ideas, aportamos las sugerencias de uno de los miembros de nuestra Delegación:
    a) Recoger a alguien en nuestras casas a través de Cáritas.
    b) Abonar el importe de un alquiler a una familia o varias.
    c) Crear un grupo para, entre todos, aportar mediante compromiso mensual, una cantidad determinada y en función a la disponibilidad y     futuras adhesiones, pagar alquileres a inmigrantes necesitados o refugiados.
    d) Enviar aportaciones periódicas a alguna institución de confianza o religiosa en orden a poder ayudar a cubrir necesidades básicas de     desplazados con motivo de la hambruna o las guerras.
    e) Intentar crear centros de acogida, junto a otras instituciones, Cáritas, Sevilla Acoge, Centros Parroquiales, Instituciones Religiosas, etc. para posibilitar la acogida a personas que buscan un futuro mejor y que se encuentran desprotegidas, al estilo de las casas de acogida que Dorothy Day, (Sierva de Dios), fundó en América.
    f) Existen pueblos abandonados o con pocas decenas de habitantes, en las que se pueden instalar familias, entregándoles a cada una un trozo de tierra para su labranza, y algún ganado.
    g) Crear conciencia de solidaridad, a través de hojas escritas, para buscar soluciones a la tragedia que en estos momentos sufren hermanos nuestros.
    h) Remitir cartas a los Obispos para que sean sensibles a la situación y cuenten con nuestro compromiso de ayuda incondicional procurando, entre todos, buscar soluciones dentro de la Iglesia de Cristo para que no se dé la misma situación por la que atravesaron María y José en la Natividad de Jesús. Descarga