Hoja de opinión enero. Delegación Diocesana de Pastoral social

Hoja de opinión enero. Delegación Diocesana de Pastoral social

CUMBRE DE PARÍS SOBRE EL MEDIO AMBIENTE

El pasado mes de diciembre se celebró en Paris una reunión de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Previamente, el papa Francisco en la encíclica Laudato Si' (LS), también hizo mención a ello diciendo que el cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad. (LS, 25). Concretaba más el papa este problema diciendo que en las próximas décadas los peores impactos los sufrirán principalmente los países en desarrollo y reclamaba un reconocimiento de los migrantes por cuestiones climáticas como refugiados en las convenciones internacionales. Nombraba también el papa en la encíclica antes mencionada otros problemas que afectan a nuestra casa común como son la cuestión del agua, la pérdida de biodiversidad, el deterioro de la calidad de vida, la deforestación, la inequidad planetaria, el acúmulo de residuos, etc.

En la misma encíclica Francisco comentaba la debilidad de las reacciones internacionales ante estos problemas y el fracaso de las cumbres anteriores sobre el clima.

 

El cardenal Turkson, representante de la Santa Sede en la Cumbre de París, dijo a los jefes de estado allí reunidos que no podemos quedar indiferentes al daño hecho al planeta ni ante la situación de millones de personas que deben soportar la carga de esa destrucción.
¿Ha respondido la cumbre de París a la preocupación del Papa mostrada en varias ocasiones y especialmente en la encíclica Laudato Si'?
Para la mayoría de los gobernantes del mundo y los representantes de instituciones los acuerdos de París han sido históricos, esperanzadores, con futuro, un hito, un inicio del camino correcto… son algunas de las expresiones utilizadas por ellos.

 

En un resumen breve, diremos que los gobiernos de los 195 países asistentes se comprometen en la declaración final a mantener el incremento de la temperatura global del planeta muy por debajo de los 2ºC con respecto a los niveles preindustriales. Adquieren el compromiso de reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero (responsable del calentamiento global) hasta conseguir un balance neto de cero en la segunda mitad de este siglo. A partir del año 2020 los países deben revisar y mejorar, en su caso, sus compromisos de reducción de emisiones cada 5 años.

 

Recordemos que el cambio climático se produce por un aumento de la temperatura media de la Tierra. Según los expertos, estamos prácticamente al límite. Si sigue aumentando la temperatura media y llega a ser de 3ºC por encima del valor que había antes del inicio de la era industrial los efectos para los seres vivos del planeta y sobre todo para el hombre, serían catastróficos. El principal causante del aumento de la temperatura de la Tierra es el CO2 que se produce sobre todo con la quema de combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón.

 

¿Qué piensan las ONG?

Para las ONG asistentes, no hay motivos para tanta euforia. Si bien reconocen que la declaración final es positiva porque en ella se admite el problema del cambio climático y la necesidad de luchar contra él, los compromisos no son obligatorios y no hay previstas sanciones para aquellos que los incumplan, además el acuerdo no compromete a los países a reducir las emisiones con la urgencia necesaria para evitar la subida de la temperatura en los 3ºC. Tampoco se ha hecho un compromiso claro de protección y ayuda a las comunidades pobres afectadas por estos cambios, ni se reconoce a las personas desplazadas por cuestiones medioambientales como refugiados. En definitiva, según muchas ONG, se ha tenido en cuenta en esta cumbre más los intereses de las naciones que los de las personas, especialmente las más vulnerables. No se ha tenido en cuenta lo que decía el papa en la encíclica: “…un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS, 49)

 

Y nosotros ¿qué podemos hacer?

El papa también nos lo decía en la encíclica: conversión ecológica que nos lleve a vivir una ecología integral que nos haga sentir que habitamos en una casa común en la que todos somos responsables de todos y en la que debemos preocuparnos de cuidar sobre todo a los más débiles.

Desde el punto de vista práctico y teniendo en cuenta que el consumo energético es el principal responsable del cambio climático debemos plantearnos un ahorro de energía a todos los niveles: en nuestras casas, procurando aislarlas bien del exterior, reduciendo el uso de los acondicionadores de aire y de la calefacción, apagando electrodomésticos que no estemos usando, cargando al máximo lavaplatos y lavadoras… En cuanto a los hábitos de vida hay que pensar que siempre caminar es lo mejor que podemos hacer para nuestra salud y para el medio ambiente. Cuando no podamos hacerlo, el transporte público es mejor que el coche privado.

Hay otras muchas cosas que podemos hacer por nuestro planeta: depositar nuestros desechos en los contenedores adecuados, reparar, darle un segundo uso a las cosas, consumir alimentos de temporada y producidos lo más cerca cuanto más cerca de nosotros,...
Y sobre todo, como hacía san Francisco de Asís: vivir en armonía con Dios y de esta manera, vivir de forma inseparable la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior. (LS, 10).