Hoja de opinión noviembre 2017

Hoja de opinión noviembre 2017

OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE

 

¿Qué son los Objetivos de Desarrollo?

En la Asamblea General de la ONU del año 2000 los países participantes firmaron una declaración conocida como Declaración del Milenium que tenía como finalidad reducir la pobreza del mundo y las desigualdades entre países ricos y pobres. Para ello fijó 8 objetivos que se conocieron con el nombre de Objetivos de Desarrollo del Milenium. Estos objetivos tenían una serie de metas con el horizonte propuesto para cumplirlas en el año 2015. Estos objetivos pretendían reducir la pobreza extrema y el hambre hasta la mitad de la que había en el 2000, lograr la enseñanza primaria universal, reducir la mortandad infantil, combatir enfermedades como el SIDA, paludismo… En definitiva, reducir las diferencias tan grandes que existían entre las personas según en qué parte del mundo hubieran nacido.

 

En los quince años que se fijaron los gobiernos de los países para conseguirlo hubo avances importantes en algunas de las metas, pero los objetivos, en conjunto, quedaron muy lejos de cumplirse. Por esa razón, de nuevo, la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2015 volvió a fijarse unos objetivos, en este caso 17 y el horizonte fijado para haberlos cumplidos es el año 2030. En este caso, se llaman los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Para ello existe una Agenda que debe ser implementada en cada país y en cada realidad autonómica y municipal.

 

De una manera resumida podríamos decir que estos ODS pretenden poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia y hacer frente al cambio climático sin que nadie quede atrás.

 

¿Qué dice la Iglesia?

Indudablemente, si estos objetivos se cumpliesen, el mundo habrá dado un paso muy grande para lograr la paz y el desarrollo para todos. En definitiva, nos haría sentirnos habitantes de la casa común como dice el papa en la encíclica Laudato si'.

 

Y es que para los católicos, y en general para toda la humanidad, esta encíclica, quizá con un enfoque distinto, ayuda a que nos planteemos cómo tiene que ser nuestro desarrollo tanto a nivel personal, como local y global. Eso es también lo que pretenden los ODS.

 

La singularidad de la encíclica, como ya hemos dicho en otras ocasiones, es que vincula el cuidado del medio ambiente con el cuidado de los pobres y nos habla de que hay que practicar una ecología integral.

 

Teniendo en cuenta ambos documentos y pensando en qué aplicación podrían tener en nuestras vidas, consideramos importante resaltar:

No es posible un cambio social sin un cambio personal. Por ello, lo primordial es un cambio en nuestro estilo de vida, hacer que resuene en cada uno de nosotros la frase: “Estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que Él soñó al crearlo y
responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud” (LS 53). Debemos tener claro que, como nos dice el papa Francisco en la citada encíclica, “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental. Las líneas para la solución requieren una
aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”
(LS 139).

 

Sentir como propio el dolor ajeno y el daño que se le causa a la naturaleza nos haría cambiar nuestra forma de comportarnos. Esto ya no es una cuestión opinable, la naturaleza nos está enviando señales que no podemos ignorar. No hace falta irse a lugares remotos para constatar las evidencias de que el cambio climático nos está afectando negativamente y si entre todos no ponemos remedio, estos efectos negativos aumentarán. Este verano ha sido unos de los más calurosos desde que se tienen registros en nuestro país; globalmente, según la NASA ha sido el más caluroso de los 137 años en los que se tienen registros. España atraviesa una larga sequía, los incendios forestales han asolado el país ocasionando victimas… De acuerdo con que estos problemas climáticos adversos son cíclicos pero éstos se acortan en el tiempo y se alargan en su duración.

 

Por otra parte, cada día tenemos noticias de las personas que llegan, o mueren, tratando de buscar una vida mejor porque en sus lugares de origen la pobreza extrema, las guerras o los desastres medioambientales les obligan a dejar sus lugares de origen, simplemente para poder
seguir vivos.

 

En el otro extremo están las personas ricas, que año tras año ven incrementado su patrimonio y compiten por aparecer como número uno en la lista de FORBES.

 

¿Hay solución?

Indudablemente, este mundo hay que volverlo a pensar, tenemos que hacer lo que cada uno pueda por hacer que las cosas sean diferentes, que los ODS se cumplan. En definitiva, es necesario que pongamos en práctica lo que nos dice el Papa:

 

“Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco” (LS 229).