Inmigración y refugio: debemos promover sociedades más acogedoras

Inmigración y refugio: debemos promover sociedades más acogedoras

Notas sobre el encuentro de Justicia y Paz de Europa (septiembre 2015) 

Del 25 al 28 de septiembre de 2015 tuvo lugar el encuentro anual de las comisiones de Justicia y Paz de Europa en las ciudades en Copenhague y Malmö. En dicho encuentro estuvieron presentes veintiuna de las treinta comisiones europeas activas, entre ellas (precisamente la más numerosa) la Justicia y Paz de España, formada por seis personas.

 

El encuentro de las comisiones europeas de Justicia y Paz es siempre un momento importante de reflexión, identificación de retos, intercambio de experiencias, diseño de acciones conjuntas y, en definitiva, de fortalecimiento de nuestra red. Para quienes hemos participado, ha sido, una vez, más una experiencia muy intensa y gratificante, que ayuda a tomar conciencia del sentido, el valor y la importancia del trabajo de Justicia y Paz en Europa y nos motiva para seguir adelante. Fue, a la vez, una interesante experiencia de fe y de Iglesia comprometida con la construcción de la justicia y al servicio de las personas y colectivos más vulnerables.

 

Como cada año, se celebró, además de la Asamblea anual de la Conferencia de Comisiones de Justicia y Paz de Europa, un seminario internacional sobre una materia de interés común, que en esta ocasión llevaba como título “Modelos europeos de convivencia. Experiencias en Copenhague y Malmö”. El objetivo era reflexionar conjuntamente, a partir de la realidad danesa y sueca, sobre la gestión de la convivencia y la integración social en nuestras sociedades europeas cada vez más plurales y complejas a consecuencia fundamentalmente del fenómeno de la inmigración.

 

En Copenhague, visitamos a la presidenta del Parlamento danés, líder de un partido que exige restricciones a la inmigración; visitamos también, el Instituto Danés de Derechos Humanos, y el diario Politikenshus, un medio de comunicación famoso por haber publicado polémicas ilustraciones sobre el profeta del Islam. Además, asistimos a un Panel de Discusión "Iglesia nacional danesa y personas extranjeras", donde participaron miembros de diferentes denominaciones cristianas y un imán. En Malmö  (Suecia) visitamos el Centro Islámico de Rosengård; Ögårdsskolan, una escuela primaria musulmana;  el Instituto Santa Maria Católica, de la Iglesia Luterana sueca en Rosengård; Dialogforum, un proyecto del programa de lucha contra la discriminación en la ciudad de Malmö; y Yalla Trappan, una empresa social de inserción laboral, donde conocimos a gente de muchas culturas y tradiciones religiosas.

 

La principales experiencias vividas e ideas expresadas en el encuentro fueron recogidas en el Mensaje final, titulado “Preguntar a las personas lo que necesitan”, publicado en esta web (link) y cuya lectura recomiendo.

 

A lo largo del encuentro y las visitas se pusieron de manifiesto, a mi juicio, dos aspectos importantes. De un lado, las grandes dificultades que experimentan nuestras sociedades para acoger e integrar favorablemente la creciente inmigración de población de las más diversas culturas y gestionar adecuadamente el complejo pluralismo cultural y religioso que ello comporta. En este sentido, la pobreza y la exclusión social son una amenaza creciente, en especial después de la grave crisis económica que ha padecido buena parte de Europa. Una problemática de pobreza y exclusión a la que no son inmunes sociedades ricas y altamente desarrolladas como la danesa y sueca, con barrios y ciudades que han acumulado fuertes problemas sociales. A la vez, existen importantes sectores sociales cada vez más reacios a la presencia y la entrada de personas procedentes de otras culturas, máxime en estos momentos de fuerte llegada de refugiados de Oriente Medio. El miedo de muchas personas a la pérdida de la identidad nacional, a la transformación de la cultura propia, al colapso o deterioro del Estado de Bienestar o a la pérdida de oportunidades de empleo para los autóctonos. Ello explica el auge en buena parte de Europa de partidos con propuestas de tinte populista y xenófobo, que presionan para hacer más difícil la entrada y presencia de extranjeros o incluso proponen medidas claramente discriminatorias. Y estos meses estamos viendo también, ante el aluvión de refugiados en algunos países, el crecimiento de las restricciones para el acceso al asilo y la reducción de las ayudas a los refugiados.

 

Pero de otro lado, pudimos también observar que las sociedades danesa y sueca acumulan una larga experiencia de acogida y convivencia de la que debemos aprender otros países. En efecto, estos países han hecho, a lo largo de décadas, un impresionante esfuerzo de acogida e integración, con una enorme implicación de la sociedad civil y muy particularmente las diferentes iglesias, que se materializa en prestaciones y políticas sociales, de gran nivel redistributivo e integrador, y en múltiples iniciativas a favor de la inserción social. Hay que decir también que este esfuerzo ha sido realizado conjuntamente tanto por las instituciones nacionales como por los colectivos procedentes de la inmigración En este sentido, me impresionó particularmente, la escuela Ögårdsskolan en Malmó, cuyo titular es una asociación islámica de inmigrados de países musulmanes (Albania, Turquía, Siria, países africanos…). La escuela, totalmente integrada y financiada por el sistema educativo público, con profesorado y curriculum sueco, mantiene un nivel de resultados académicos similar o superior a la media nacional, que permite la buena integración profesional, laboral y social de su alumnado. Y es, a la vez, un espacio de respeto y de formación tanto en los valores y la religión musulmana como los de convivencia, respeto, tolerancia y resto de valores democráticos de la sociedad sueca.

 

El mensaje final del encuentro destaca una idea final que deseo subrayar: el deber colectivo de construir sociedades acogedoras. El pluralismo y la inmigración  son realidades que van a estar presentes durante mucho tiempo. Por ello, resulta imprescindible que seamos capaces de construir una sociedad que promueva el desarrollo integral de todos sus miembros, sobre la base de la igual dignidad de todas las personas. Y ello es un deber que atañe a todos los actores sociales: administraciones públicas, medios de comunicación, empresas, sindicatos, organizaciones sociales, instituciones religiosas... La Iglesia tenemos aquí un importante rol en la promoción de un mensaje de acogida y en el desarrollo de iniciativas favorables a la integración, que sólo son posibles si promovemos que nuestras comunidades sean cada más sensibles y comprometidas con estos retos.

 

Y una idea fundamental: la construcción de sociedades justas y acogedoras requiere especialmente un esfuerzo de escucha atenta y constante a las demandas, las necesidades y las propuestas  de todos los colectivos, especialmente de los más vulnerables. Debemos crear espacios de dialogo y relación mutua que lo hagan posible. Descarga

 

Eduard Ibañez Pulido

Presidente Justicia y Paz 

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