La inequidad como raíz de los males sociales y el peligro del neoasistencialismo

La inequidad como raíz de los males sociales y el peligro del neoasistencialismo

 La reciente exhortación "Evangelii Gaudium" del Papa Francisco constituye sin duda una excelente noticia por múltiples motivos: por su mensaje lleno de esperanza y de fuerza, por su forma -siempre clara y revitalizante-, por su oportunidad, por su valentía a la hora de denunciar estructuras y conductas, y por lo que manifiesta como preocupación universal de la comunidad cristiana en tanto que responde a un encargo explícito realizado desde el Sínodo de los obispos.

    Por ello, este es el primero de una serie de artículos en los que propondremos una reflexión sobre algunos de los muchos aspectos de la exhortación que a Justicia y Paz nos tocan muy de cerca, y los enfocaremos desde la perspectiva actual de nuestro país, que como todos sabemos está atravesando una durísima situación social consecuencia tanto de la crisis económico-financiera como de las políticas de ajuste estructural que se están aplicando. En particular, en este primer artículo queremos llamar la atención sobre los números 202-204, cuyo contenido nos parece esencial en este momento:

"202. La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no sólo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales.

203. La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral. ¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia. (...)

204. Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. Estoy lejos de proponer un populismo irresponsable, pero la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos."

    Como es habitual en el Papa Francisco, el texto se explica por sí solo y no tiene sentido pretender comentarlo. Sin embargo, dada la situación de nuestro país nos parece muy importante tomarlo en consideración para llamar la atención sobre el peligro que supone para el futuro de nuestra sociedad lo que algunos han bautizado ya como el "neoasistencialismo": la idea de que los servicios sociales públicos no pueden ahora ni podrán en el futuro atender los derechos básicos de los ciudadanos, y que hemos de incentivar la paulatina sustitución del sistema público de protección social universal por un "sistema de beneficencia", que dependerá de las donaciones de los particulares y que se intenta articular a través de instituciones privadas con una componente importante de voluntarios.

    Probablemente, uno de los aspectos más positivos de la crisis que estamos viviendo es ver cómo la solidaridad latente está emergiendo de muy diferentes formas, y cómo los llamamientos ante situaciones de emergencia (fundamentalmente alimentaria) tienen una respuesta masiva y generosa. Sin embargo -y esto es algo en lo que desde Cáritas se nos insiste continuamente- hemos de ser conscientes de que estos instrumentos de asistencia sólo pueden ser transitorios, y que deben articularse estructuras políticas y económicas estables que garanticen a los ciudadanos la posibilidad de vivir con dignidad y con autonomía plena. Además, se nos recuerda siempre que debe intentarse que la acción asistencial sea el inicio de un proceso de acompañamiento que conduzca a la promoción integral de la persona y erradique el peligro de la exclusión social. Como el propio Papa Francisco nos recuerda en el número 188 de la exhortación: "La palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos".

    En este contexto, resulta llamativo (y en buena medida escandaloso) que algunos medios de comunicación estén incluso convirtiendo en espectáculo las situaciones de extrema necesidad de algunas personas, basándose en el buen corazón de los espectadores y desviando la atención sobre el centro del problema: el progresivo y deliberado desmantelamiento y externalización de los servicios sociales públicos con los que contábamos hasta hace poco, y que ahora -de facto- se consideran mucho menos importantes que los compromisos adquiridos (¿con quién?) para reflotar a las entidades financieras, responsables en gran medida de la crisis que estamos padeciendo.

    En esta estrategia, el mensaje tan repetido de que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", se vierte sobre el conjunto de la sociedad -en vez de sobre los que realmente así lo hicieron y que en la mayor parte de los casos han salido indemnes- con el objetivo de intentar culpabilizarla para que admita que "las cosas" (esto es, la asistencia social pública, la sanidad, la educación ...) nunca volverán a ser como antes, y que nos tenemos que ir acostumbrando a ver la inequidad y la exclusión social como características naturales de la sociedad humana, necesarias para el adecuado funcionamiento del mercado, lo único que realmente hay que cuidar.

    Hemos de denunciar con fuerza la incoherencia y la manipulación que suponen todos estos planteamientos, y rechazar que los poderes públicos hagan dejación de sus funciones y nos encaminen hacia un modelo neoasistencialista que perpetúe estructuralmente la desigualdad y la fractura social. No puede ser más claro el Papa Francisco a este respecto: "La inequidad es raíz de los males sociales". Los derechos fundamentales de todas las personas, incluidos por supuesto los derechos económicos y sociales, pueden y deben garantizarse entre todos mediante la contribución económica de todos, que habremos de articular mediante sistemas fiscales progresivos y justos. Porque "la dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica" y "crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico". En consecuencia, tenemos ante nosotros el reto de la construcción de un sistema económico y productivo que ataque "las causas estructurales de la inequidad".

    Y, aunque moleste a algunos, decir todo esto es parte esencial de nuestra tarea como cristianos, porque como nos recuerda el Papa Francisco en el número 183, "Una auténtica fe -que nunca es cómoda e individualista- siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos".

Inequidad
 

Ángel Ballesteros,
Comisión Justicia y Paz de Burgos

 
 
 

Tema: La inequidad como raíz de los males sociales y el peligro del neoasistencialismo

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