La Madre Teresa de Calcuta y la no violencia

La Madre Teresa de Calcuta y la no violencia

 “Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo». Porque la fuerza de las armas es engañosa. «Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona, a otra, a otra»; para estos constructores de la paz, Madre Teresa es «un símbolo, un icono de nuestros tiempos».

En el pasado mes de septiembre tuve la gran alegría de proclamarla santa. He elogiado su disponibilidad hacia todos por medio de «la acogida y la defensa de la vida humana, tanto de la no nacida como de la abandonada y descartada […]. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes —¡ante los crímenes!— de la pobreza creada por ellos mismos. Como respuesta —y en esto representa a miles, más aún, a millones de personas—, su misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas” (Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2017, n. 4).

Pablo VI, que la dio a conocer al mundo, al otorgarle en 1971 la primera edición del “Premio de la Paz Juan XXIII”, manifestó: “Este premio se confiere a una religiosa que, a pesar de ser modesta y silenciosa, es conocida por quienes observan el arrojo de la caridad en el mundo de los pobres: se llama Madre Teresa y, desde hace veinte años, está desempeñando una maravillosa misión de amor en las calles de la India a favor de los leprosos, de los viejos, de los niños abandonados”[1].

En julio de 1987, dos cineastas estadounidenses, Ann y Jeannette (Jan) Petrie presentaron su documental Mother Teresa al festival de cine de Moscú. En medio de un prolongado aplauso de la audiencia, recibieron el premio del Comité Soviético por la Paz. Hasta entonces, prácticamente nadie en la Unión Soviética había oído hablar de la Madre Teresa, por lo que todo el mundo empezó a preguntar por qué aquella mujer pequeñita que había viajado por todo el mundo y había hecho cosas tan extraordinarias no había estado nunca en la Unión Soviética. La respuesta era muy sencilla: nadie la había invitado.

En agosto de 1987, como resultado del premio recibido por el documental –que debió de tocar también los corazones de algunos líderes del partido-, se le otorgó a la Madre Teresa el Premio de la Paz del Comité Soviético por la Paz. Por aquel entonces el presidente del Comité Soviético por la Paz era Genrikh Borovik. Invitaron a la Madre Teresa a Moscú para la ceremonia de entrega del galardón y ella aceptó encantada[2].

Ella rezaba frecuentemente las palabras de Francisco de Asís:

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.

Que donde haya odio, ponga yo amor;

donde haya ofensa, perdón;

donde haya duda, ponga yo la fe;

donde haya desesperación, esperanza;

que donde haya tinieblas, ponga yo la luz;

y donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, divino Mestro!, haz que no desee tanto

ser consolado como consolar;

ser entendido como entender;

ser amado como amar;

porque es dando como recibimos;

es perdonando como somos perdonados;

y es muriendo como nacemos a la vida eterna.

Termino este artículo con las palabras de Indira Gandhi en el prólogo de un libro sobre la Madre Teresa:

“Considero un gran acierto el que este libro comience con la hermosa y querida oración de San Francisco. Porque en ella se compendia de un modo muy elocuente la dulzura, el amor y la compasión que emana la pequeña figura de la Madre Teresa.

“¿Qué otra persona en este ancho mundo llega de un modo tan natural, tan sencillo y tan eficaz a los necesitados y a los que no tienen amigos? Tagore escribió: “Que tus pies se apoyen allí donde viven los más pobres, los más humildes y los más abandonados”. Y ahí es donde hay que buscar a la Madre Teresa, que no piensa ni hace la menor discriminación entre razas, credos, idiomas o países.

“Ella hace vida la verdad de que la oración es entrega, de que la oración es servicio. El servicio constituye su ocupación, su religión y su redención. Conocerla es sentirse completamente humilde, percibir el poder de la ternura y la fuerza del amor”[3]. Descarga

Francisco Javier Alonso Rodríguez

Vicepresidente de la Comisión General de Justicia y Paz



[1] Carlos Ros, Teresa de Calcuta, madre de los pobres, Centre de Pastoral Litúrgica, p. 4.

[2] Leo Maasburg, La Madre Teresa de Calcuta: un relato personal, Editorial Palabra, p. 142.

[3] Indira Gandhi, presentación del  libro de Desmond Doig, Madre Teresa de Calcuta: su gente y su obra, Sal Terrae. Nueva Delhi, 26 de septiembre de 1975