Laudato si'

Laudato si'

El 18 de junio hemos conocido y recibido con alegría la encíclica social del papa Francisco dedicada a la medio ambiente. Se inspira y empieza con el “Cántico de las criaturas” de San Francisco: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra…”. Esta madre clama por el daño que se le hace a causa del uso irresponsable y el abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella.


En la encíclica el papa hace un análisis lúcido y claro de los males que sufre la tierra: contaminación atmosférica, contaminación del terre-no por los residuos contaminantes, por los desechos que la están convirtiendo en un inmenso “depósito de porquería”. Aborda también el problema del agua que es una cuestión de primera importancia. El acceso al agua potable segura no es posible en muchas zonas del mundo lo que provoca muchos miles de muertes al año, especialmente entre los pobres. Frente a los intentos de privatización de la misma, el papa dice que es un derecho humano, fundamental y universal.


La pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la deforestación, son problemas de los que habla también y la repercusión que tiene sobre la vida de las personas, especialmente, de los más pobres y se sorprende de que seamos “testigos mudos de estas inequidades que pretenden obtener grandes beneficios haciendo pagar al resto de la humanidad, presente y futura, los altísimos gastos de la degradación ambiental”.
Para luchar contra la degradación ambiental es necesario que prestemos atención a la degradación humana y social porque el “ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos”.

Fija la atención el papa en los excluidos y dice que no hay conciencia clara de los problemas que les afectan. Hoy están presentes en los debates económicos y políticos internacionales pero se habla de ellos como un apéndice, casi por obligación, de forma periférica.

 

El papa critica el fracaso de las Cumbres mundiales y lo achaca al sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas. El interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus intereses. Los gobiernos no escapan a este dominio de la economía y a veces las trasnacionales son las que imponen sus reglas en determinados países.


Ante este panorama, el papa propone el Evangelio de la creación, la fuerza de la fe. No somos los dueños de la tierra, esta nos ha sido dada por Dios lo que implica que el ser humano respete las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo. No podemos sostener una espiritualidad que olvide al Dios todopoderoso y Creador. El fin último de las demás criaturas no somos nosotros, el ser humano, dotado de inteligencia y amor está llamado a reconducir todas las criaturas hacia su Creador. Dios ha escrito un libro maravilloso cuyas letras son las criaturas presentes en el universo.

 

Es necesaria una ecología integral que incorpore las dimensiones humanas y sociales. Todo está relacionado, no se pueden parcelar las soluciones sino que hay que mirarlo todo y estudiarlo globalmente.

El bien común y la justicia intergeneracional son los principios que deben regir nuestras acciones.

El papa presenta unas líneas de orientación y acción, tales como el diálogo en la política internacional sobre el medio ambiente que procu-re que las soluciones se propongan desde una perspectiva global y no solo en defensa de los intereses de unos pocos países. Es necesario un consenso mundial que aborde los problemas de la energía, la agricultura sostenible y diversificada, el acceso al agua potable, los recursos forestales y marinos…

Para gobernar la economía mundial, para prevenir mayores desequilibrios, para salvaguardar el ambien-te, para un desarme integral, para regular los flujos migratorios, el papa aboga urgentemente por una Autoridad política mundial.

 

La humanidad ha llegado a un punto en el que si sigue con este proceso acelerado de destrucción, ya no será posible la regeneración del planeta, pero todavía estamos a tiempo de revertir este proceso para lo que es necesario adoptar un nuevo estilo de vida en el que la paz interior, la humildad y la sobriedad sean los motores que nos hagan sentirnos en armonía con nosotros mismos, con todas las criaturas y con Dios. Es necesario educar para crear una ciudadanía ecológica.

Esto compete a la escuela, los medios, las catequesis y sobre todo a las familias. Es necesaria una conversión ecológica que nos lleve a la gratitud y a la gratuidad para salir de nosotros mismos e implicarnos en el cuidado amoroso del otro. Con ser mejores no se soluciona el problema medioambiental, es necesario crear redes comunitarias que creen un dinamismo de cambio verdadero.


ISABEL CUENCA ANAYA
Secretaria General