Miradas del mundo rural

Miradas del mundo rural

Normalmente cuando hablamos de Mundo Rural solemos acudir a dos tipos de parámetros para definirlo:

•   O bien echamos mano del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (porque el lenguaje crea pensamiento) y que nos lo define como “lo perteneciente o relativo a la vida del campo y a sus labores”. Aunque no debemos olvidar que, en la anterior edición del diccionario, vinculaba lo rural a lo “tosco”, a lo “inculto”. Lo cual nos puede dar una idea del imaginario colectivo que había en torno a los pueblos.

•    O acudimos a la sociología que nos traslada al mundo de la demografía (acotando el número de personas que tienen que vivir en una localidad) y a la economía (señalando el sector primario como fuente fundamental de sus recursos).

Sin embargo… ¿es esto realmente el Mundo Rural? ¿Se puede reducir el Mundo Rural a una cuestión lingüística, demográfica o económica? Algunos creemos que todas estas miradas hacia el Mundo Rural son las propias de la sociedad neoliberal que todo lo mide en parámetros numéricos y economicistas. Y esta mirada no es neutra, el lenguaje nunca es neutro. Esta mirada tiene una consecuencia: el ser pocos implica pocas inversiones, estar ligados al sector primario implica poca productividad, y más cuando nos podemos “apañar” con productos venidos de otros lugares que, sin las presiones que reciben los agricultores y ganaderos españoles, pueden ser mucho más baratos (“competitivos” se diría).

Por todo esto algunos queremos proponer otra mirada: la mirada a los valores, que es –insisto- lo que nos parece más definitorio del Mundo Rural. Entendiendo por “valores” todo aquello que forma parte de la cultura del lugar, los saberes que provienen de la naturaleza, los saberes que provienen de las relaciones sociales o los saberes que proceden de la espiritualidad.  Algunos de estos valores podrían ser:

-    Si nos fijamos en el sentido de la existencia vemos cómo vida y muerte están presentes en el día a día (muerte de animales, cosechas secas, velatorios en las casas) y esto conlleva que el ciclo de la vida esté presente de forma natural. Se aprende que el ser humano llega al mundo, se enfrenta continuamente a conflictos, los resuelve, madura, se divierte con poco y muere.

-    Además en el Mundo Rural se vive la cercanía de una forma especial. Todas las personas se conocen e incluso, algunas de ellas, tienen sobrenombres (el “mote” a veces cariñoso, otras no tanto). Los vecinos se preocupan por la vida de los demás y no únicamente por afán de cotilleo (que también puede darse), sino por verdadera preocupación. La tragedia que se vive en la casa de uno, se vive en la casa de todos (aunque, lógicamente, no con la misma intensidad) Por este motivo, los lazos de amistad son fuertes, aunque las enemistades también.

-    Esta cercanía le da un sentido especial a la ayuda mutua: La baja densidad de población permite que los habitantes puedan establecer lazos y comunicaciones más frecuentes. Las casas están abiertas para todo el mundo. El individualismo está fuera de lugar. Si alguien necesita de más personas para realizar cualquier labor, los otros se ofrecen desinteresadamente, por solidaridad y empatía. Existe una mejor organización social y una mayor cohesión.

-    Esta cohesión se transmite también a lo lúdico, viviéndose las fiestas de manera colectiva. La mayoría de las celebraciones se desarrollan en comunidad. Siempre hay una excusa para hacer una comida común (con su música, por supuesto).

-    El continuo contacto con la naturaleza hace que la relación con el medioambiente también tenga un tinte especial. Una relación que pasa por el gran conocimiento que se posee de la naturaleza y los procesos biológicos. Sabe lo que tiene que hacer para conseguir el máximo aprovechamiento y el momento preciso en el que lo tiene que hacer atendiendo a la climatología, a la época del año o a la textura del terreno y sin utilizar medidores o análisis químicos. Se establece una relación basada en el equilibrio y el respeto hacia la naturaleza. Desde esta convicción en los movimientos rurales (el MJRC y el MRC) nos sentimos especialmente responsables de reclamar un equilibrio entre desarrollo y respeto a la naturaleza. De hecho la última campaña del Movimiento de Jóvenes Rurales Cristianos, inspirada en la Laudato si', se títula: “Cambiemos para que no cambie el clima”.

-    Y cómo no tener un apunte hacia la espiritualidad del Mundo Rural. En los pueblos la religión forma parte de la vida de las personas; no es algo ajeno al día a día (se vive con absoluta naturalidad, incluso por los llamados “alejados”) y todas las fiestas se realizan en honor a un santo.

Quizá en esta mirada haya intentando resaltar lo positivo (lo idealizado). Pero está hecha desde el convencimiento de que, para entender algo, hay que buscar su esencia más allá de los condicionantes históricos, en nuestro caso, más allá de los condicionantes de un capitalismo depredador que promulga el individualismo y la explotación de los recursos naturales con afán economicista.

Por otra parte hay que reconocer que los valores no son algo estático, sino dinámico. Sin embargo, el problema actual no está en la evolución de esos valores sino en su disolución frente a un modelo o paradigma que, siguiendo al papa Francisco, podemos denominar “tecno-económico”. Debemos defender esos valores, aunque sea pasándolos por el filtro sanador del evangelio (cf. EN 48)

Abandonar (por acción u omisión) al Mundo Rural no es solo “dejar en la cuneta a personas”, lo cual ya es en sí mismo un drama de la Iglesia cuya doctrina social tiene como principio central la defensa de la dignidad de la persona como “imagen de Dios”, sino que implica una pérdida cultural. ¿Importa esta pérdida a una sociedad que, desde la propuesta de un pensamiento único, no acaba de saber encajar la pluralidad?

Además en mi opinión no se está siendo muy consciente del problema ecológico que supone la despoblación en tanto en cuanto que, montes abandonados, implican una pérdida de biodiversidad (hay especies que se imponen sobre otras) y hay un alto índice de peligro de incendios. Personas en los pueblos significa limpieza de montes.

Hoy más que nunca se hace urgente defender la cultura rural como forma de defender la vida de los pueblos. Una defensa que no se debe hacer contra nadie ya que no se trata de contraponer lo urbano a lo rural, sino de construir juntos cada uno desde su idiosincrasia, desde sus valores.

Teo Nieto
Consiliario del Movimiento de Jóvenes Rurales Cristianos