No esclavos, sino hermanos (1)

No esclavos, sino hermanos (1)

Este es el nombre que el Papa Francisco ha dado a su Mensaje con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz del presente año. Al comienzo del mismo, expresa sus deseos y oraciones para que finalicen las guerras, los conflictos y los muchos sufrimientos causados por las personas o por antiguas y nuevas epidemias y por los devastadores efectos de los desastres naturales. Y para que, unidos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, resistamos a la tentación de comportarnos de modo indigno de nuestra humanidad.

A lo largo del mensaje denuncia cómo el fenómeno abominable generalizado de la explotación del hombre  por el hombre, cada vez más generalizada,  pisotea los derechos fundamentales de los demás y aniquila su libertad y dignidad. Y, desde el principio, fundamenta su reflexión en la escucha del proyecto de Dios sobre la humanidad, tomando como primera referencia el texto de la carta de Pablo a Filemón (Flm 15-16) en la que le pide que acoja a Onésimo antiguo esclavo suyo, considerándolo como hermano.

Destacamos cinco partes bien definidas del Mensaje:

1.         A la escucha del proyecto de Dios sobre la humanidad.

2.         Múltiples rostros de la esclavitud de entonces y de ahora.

3.         Algunas causas profundas de la esclavitud

4.         Compromiso común para derrotar la esclavitud.

5.         Globalizar la fraternidad, no la esclavitud ni la indiferencia.

En esta primera parte, haremos un recorrido sintético de los tres primeros apartados que fundamentan bíblicamente el proyecto de Dios sobre la humanidad, denuncian y ayudan a nuestro conocimiento y sensibilidad ante la situación de esclavitud y trata de personas en la actualidad y de sus causas. En una segunda parte, incidiremos en las llamadas y propuestas ante esta situación que ofrece el Mensaje a todos los niveles.

 

1.A la escucha del proyecto de Dios sobre la humanidad

El Mensaje fundamenta con textos bíblicos la igualdad y la llamada a la fraternidad de todas las personas. Todos somos hermanos porque tenemos el mismo origen, naturaleza  dignidad, creados a imagen y semejanza de Dios. Pero la fraternidad ha de acoger también la multiplicidad y  diferencia que hay entre los hermanos porque, como hermanos y hermanas y madre (Mt 12,50), todas las personas están relacionadas con las demás, e hijos adoptivos del Padre (cf Ef 1,5).  Reconoce cómo, desde los orígenes de la humanidad, el pecado de la separación de Dios, de la figura del padre y del hermano, se convierte en una  expresión del rechazo de la comunión, traduciéndose  en la cultura de la esclavitud, con las consecuencias que esta actitud lleva consigo y perpetúa la institucionalización de la desigualdad. Situaciones que reclaman de todos y todas una conversión continua a la Alianza, al  reconocimiento de la fraternidad, con la seguridad de que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia por Jesucristo” (Rm. 5,20).

No llegamos a vivir como cristianos, hijos y hijas del Padre y hermanos en Cristo de todas las personas por una imposición autoritaria divina, sin la intervención libre de cada persona, sin convertirse libremente a Cristo. La Buena Nueva de Jesucristo, por la que Dios hace «nuevas todas las cosas» (Ap 21,5),[3] también es capaz de redimir las relaciones entre todas las personas, incluida aquella que se puede dar entre un esclavo y su amo, destacando lo que ambos tienen en común: la filiación adoptiva y el vínculo de fraternidad en Cristo. El mismo Jesús dijo a sus discípulos: «Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15).

 

2.  Múltiples rostros de la esclavitud de entonces y de ahora

Desde siempre, las diferentes sociedades humanas conocen el fenómeno del sometimiento del hombre por parte del hombre. La esclavitud, en períodos de la historia humana, ha estado regulada por el derecho. Éste establecía quién nacía libre, y quién, en cambio, nacía esclavo, y en qué condiciones la persona nacida libre podía perder su libertad u obtenerla de nuevo. En otras palabras, el mismo derecho admitía que algunas personas podían o debían ser consideradas propiedad de otra persona, la cual podía disponer libremente de ella; el esclavo podía ser vendido y comprado, cedido y adquirido como una mercancía.

Hoy, como resultado de un desarrollo positivo de la conciencia de la humanidad, la esclavitud, el derecho de toda persona a no ser sometida a esclavitud ni a servidumbre está reconocido en el derecho internacional como norma inderogable. Sin embargo, todavía hay millones de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud. Algunos de estos colectivos que señala el Papa son:

-   trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores: el trabajo doméstico, la agricultura, la industria manufacturera, la minería,… tanto en los países donde la legislación laboral no cumple con las mínimas normas, como de manera ilegal, en aquellos cuya legislación protege a los trabajadores.

-   las condiciones de vida de muchos emigrantes que, en su dramático viaje, sufren el hambre, se ven privados de libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente y que una vez llegados a su destino, son detenidos en condiciones a veces inhumanas o se ven obligados a la clandestinidad y aquellos que, con el fin de permanecer dentro de la ley, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles.

-   personas obligadas a ejercer la prostitución, entre ellas muchos menores, esclavos y esclavas sexuales; mujeres obligadas a casarse, que son vendidas con vistas al matrimonio o las entregadas en sucesión, a un familiar después de la muerte de su marido.

-   niños y adultos: víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para la producción o venta de drogas, o para formas encubiertas de adopción internacional.

-    secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados.

 

3.  Algunas causas profundas de la esclavitud

-          La raíz de la esclavitud se encuentra, hoy como ayer, en una concepción de la persona humana que admite el que pueda ser tratada  como un objeto,  no se ven como seres de la misma dignidad, como hermanos y hermanas en la humanidad.  La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, queda privada de la libertad, mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro, con la fuerza, el engaño o la constricción física o psicológica; es tratada como un medio y no como un fin.

-          Hoy existen otras causas que, junto con la anterior, ayudan a explicar las formas contemporáneas de la esclavitud: en primer lugar la pobreza, el subdesarrollo y la exclusión, de modo especial cuando se combinan con la falta de acceso a la educación o con una realidad caracterizada por las escasas o inexistentes oportunidades de trabajo. Con frecuencia, las víctimas de la trata y de la esclavitud son personas que han buscado una manera de salir de un estado de pobreza extrema, creyendo a menudo en falsas promesas de trabajo, para caer en manos de redes criminales que trafican con los seres humanos.

-          La corrupción de quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse. La esclavitud y la trata de personas humanas requieren una complicidad que con mucha frecuencia pasa a través de la corrupción de los intermediarios, de algunos miembros de las fuerzas del orden, de otros agentes estatales o de diferentes instituciones, civiles y militares. «Esto sucede cuando al centro de un sistema económico está el dios dinero y no el hombre, la persona humana. Mientras que en el centro de todo sistema social o económico, tiene que estar la persona, imagen de Dios, creada para que fuera el dominador del universo. Cuando la persona es desplazada y viene el dios dinero se  “trastocan valores”.

-          Los conflictos armados, la violencia, el crimen y el terrorismo. Muchas personas son secuestradas para ser vendidas o reclutadas como combatientes o explotadas sexualmente, mientras que otras se ven obligadas a emigrar, dejando todo lo que poseen: tierra, hogar, propiedades, e incluso la familia.

El Santo Padre, con la clarividencia que le caracteriza, nos ha hecho tomar conciencia de la diversidad de  esclavitudes que hoy, en esta sociedad aparentemente tan desarrollada, se dan a nuestro alrededor y nos pone en disposición para comprometernos  con la causa de las víctimas.

 

Carmen Luisa González

Consejera CGJP. Justicia y Paz de Tenerife

 

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