Primera semana de Cuaresma

Primera semana de Cuaresma

DAR DE COMER AL HAMBRIENTO

 

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres Hijo de Dios, dile a estas piedras que se conviertan en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre” (Lc 4)
El tentador le propone la conversión de las piedras en pan invitándolo a escoger el camino fácil y cómodo para satisfacer su necesidad, utilizando su poder en lugar de tomar el camino de las dificultades. Jesús, a lo largo de su vida, se encontró con otras tentaciones como cuando Pedro le dice que no padeciera, o cuando estaba en la Cruz: “Si eres Hijo de Dios…”
En el transcurso de la vida vamos a encontrarnos con tentaciones de todo tipo como seres humanos que somos.

 

EL HAMBRE SIGUE SIENDO UN PROBLEMA ACTUAL

Como dijo el Papa en la FAO "Los Estados están obligados estudiar juntos las formas de intervención para asegurar la nutrición, así como los cambios necesarios que se han de aportar a las estrategias actuales».
Además, "es necesario el desarrollo de un sistema internacional ecuánime basado en los pilares de la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad; en el campo jurídico, estos mismos criterios incluyen la relación entre el derecho a la alimentación y el derecho a la vida y a una existencia digna, el derecho a ser protegidos por la ley, no siempre cercana a la realidad de quien pasa hambre, y la obligación moral de compartir la riqueza económica del mundo" (Papa Francisco, discurso a la FAO).

 

Jesús desea satisfacer la necesidad apremiante del hambre.
“Tuve hambre, y no me dieron de comer”.
“No apartes, pues, tu mirada de la miseria de los pobres, si quieres esperar confiado el perdón de los pecados. Ahora, hermanos, Cristo pasa hambre, es Él quien se digna padecer hambre y sed en la persona de todos los pobres; y lo que reciba aquí en la tierra lo devolverá luego en el cielo.
Da al necesitado, y merecerás recibir de Cristo, ya que él ha dicho: Den y se les dará.
No comprendo cómo te atreves a esperar recibir, si tú te niegas a dar”.

(San Cesáreo de Arlés (c.470 - 542))

 

Se inicia este año un “TRIENIO DE LUCHA CONTRA EL HAMBRE” (2016-2018) en el que Manos Unidas trabajará para dar respuesta a las causas y problemas que causan el hambre en el mundo y celebra varios eventos en torno al próximo domingo 14 de febrero, cuando se celebra en toda España la Jornada Nacional de Manos Unidas.
Esta nueva campaña marca el inicio de un Trienio de lucha contra el hambre (2016-2018) en los que Manos Unidas, la ONG de Desarrollo de
la Iglesia Católica en España, trabajará para dar respuesta a las causas y problemas que provocan el hambre en el mundo desde una triple
perspectiva:

  • el mal uso de los recursos alimentarios y energéticos;
  • un sistema económico internacional que prima el beneficio y excluye a los débiles
  • y unos estilos de vida y consumo que aumentan la vulnerabilidad y la exclusión.

Para Manos Unidas, solucionar el problema del hambre pasa por acompañar a los más pobres y reforzar el derecho a la alimentación de los pequeños productores, contribuir al cambio hacia unos sistemas alimentarios más justos y educar para una vida solidaria y sostenible.


ACCIÓN HUMANITARIA PARA LA INFANCIA. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha estimado que este año 43 millones de niños de 63 países necesitarán de su ayuda para poder salir adelante, en un llamamiento a la comunidad internacional que también advierte de las habituales carencias de financiación, especialmente cuando se trata de conflictos prolongados.

 

ENSEÑAR AL QUE NO SABE

“La Palabra está cerca de ti; la tienes en los labios y en el corazón”. (Rom. 10, 8)
La palabra es el instrumento del que nos servimos para expresar lo que nuestro corazón siente.
Es un don divino que nos permite relacionarnos unos con otros, conocemos mutuamente en los pensamientos, en las alegrías y en las penas. Es por eso por lo que parece oportuno, en este Año de la Misericordia, recordar que la palabra -a la que no le damos importancia porque nos es tan connatural como respirar- tiene fuerza suficiente para remediar las tribulaciones que perturban nuestras almas en un momento dado.

 

Y NOSOTROS ¿QUÉ PODEMOS HACER?

Una señora, ya mayor, solía prepararle bocadillos y fruta a un joven de color que deambulaba por su barrio, solo, sin dirigirse a nadie y que ni siquiera pedía.
Hace pocos días decidió dar un paso más y le preguntó por su situación. En una conversación totalmente relajada, él le contó la historia triste de tantos emigrantes: había llegado desde Senegal en patera hacía dos años, estaba solo, no tenía papeles, dormía en la calle y si duerme bajo techo, le cobran 8 € por noche.
A partir de entonces, en sucesivas charlas la señora le fue indicando como desenvolverse en nuestra sociedad, poniéndolo en contacto además con quien podía proporcionarle la ayuda a la que ella no llegaba. (ENSEÑAR AL QUE NO SABE)
 

“La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales”. (Mensaje para la Cuaresma de 2016. Papa Francisco)

Delegación Diocesana de Pastoral Social
Comisión Justicia y Paz