Refugiados medioambientales

Ya en el año 1990 un informe del IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático) advertía que una de las consecuencias más dramáticas del cambio climático serían las migraciones humanas.

 

Según los expertos climáticos, para el 2050 se espera que aumenten las tierras afectadas por la sequía así como las zonas inundables. Son las consecuencias del calentamiento global que ocasionará que los fenómenos meteorológicos se vuelvan más extremos. La escasez de lluvias en determinadas zonas provocará sequías mantenidas que terminarán inutilizando esos terrenos para la agricultura a no ser que se reviertan las condiciones climáticas. Lo contrario también ocurrirá en otras zonas, es decir, lluvias torrenciales e inundaciones con graves consecuencias para las personas, la agricultura y la ganadería.

 

La disminución de la capa de nieve en los glaciares hará que los ríos pierdan la regularidad en su caudal y por tanto en su cuenca se sucedan períodos de sequía y de desbordamientos.

El deshielo de los casquetes polares elevará el nivel del mar y las poblaciones costeras se verán seriamente afectadas.

 

La subida del nivel del agua del mar ocasionará desplazamientos en muchas ciudades costeras, especialmente en Asia donde se encuentran grandes megápolis: Shangai, China (más de 20.000.000 de habitantes); Tokio, Japón (13.500.000);  Mumbai, India (12.000.000); Yakarta, capital de Indonesia (unos 10.000.000); Bangkok, Tailandia (6.500.000, aproximadamente); Manila, Filipinas (algo menos de 2.000.000).

Esta es la zona de la Tierra que, según los expertos en el estudio de los impactos del cambio climático, sufrirá más efectos negativos sobre la población. Banlgladesh es un país asiático que se verá seriamente afectado y su población, fundamentalmente pobre, se verá obligada a desplazarse cuando parte de su territorio quede sumergido bajo las aguas.

 

África se verá también afectada especialmente por las sequías y, por tanto, por la falta de terrenos cultivables para alimentación humana o para el ganado.  En el Cuerno de África, tradicionalmente sacudido por prolongadas sequías, estas se verán incrementadas y países como Somalia, Eritrea, Etiopía y Yibuti perderán cosechas y ganados por ello. Existen otros países africanos con problemas similares, entre otros, Zambia, Malawi, Zimbabue, Madagascar… En la zona del Delta del Nilo varios millones de personas están también en situación de vulnerabilidad.

 

Otras regiones del mundo presentan situaciones parecidas. Así, Colombia, está atravesando la mayor sequía de las últimas décadas y el sur andino es víctima, cada vez con mayor frecuencia, de sequías que acaban con el ganado y las cosechas. Podríamos seguir hablando de varios países latinoamericanos, describiendo panoramas similares: escasez de agua, pérdida de cultivos, muerte de ganados, empobrecimiento de los ecosistemas…

 

Todo ello acarrea que las poblaciones de esos lugares se vean abocadas a desplazarse, muchas veces dentro del propio país, pero otras muchas a otros países buscando una mayor seguridad para ellos y sus familias.

Naciones Unidas reconoce en la actualidad 25 millones de personas desplazadas por cuestiones medioambientales, pero la Organización Internacional para las Migraciones nos avisa de un futuro negro para el 2050: unos 200 millones de desplazados por este motivo. Se está ante una gran crisis humanitaria, según sus palabras.

Según Laura Thompson, directora adjunta de la Organización Internacional para las Migraciones, se ha invertido mucho dinero y energía para determinar los efectos meteorológicos del cambio climático pero no se han analizado suficientemente las consecuencias que tendrá sobre las personas.

 

No deja de ser una paradoja que los países en desarrollo, que son los que menos han contribuido al cambio climático, sean los principales países que se verán afectados por el mismo.

 

En la pasada Cumbre sobre el Clima de París, las organizaciones allí representadas defendieron la necesidad de dotar a los desplazados por cuestiones medioambientales de un estatuto de refugiados. Y es que falta un marco jurídico internacional para estas personas. En la actualidad, estas personas viven en un limbo legislativo. Esto significa que no reciben ayudas económicas de ningún tipo ni pueden acceder a alimentos, vivienda, hospitales, escuelas… lo que les convierte en desarraigados medioambientales.

 

Todo esto supondrá un duro golpe al desarrollo ya que las migraciones climáticas forzosas tendrán lugar sobre todo desde países pobres a países pobres también. Esto provocará aglomeraciones en las ciudades y colapso en los servicios de salud, educativos y sanitarios de las mismas. Asimismo acarreará conflictos étnicos, violencia y retroceso en el desarrollo de estos países.

Como recoge el papa Francisco en el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz de 2016: “la indiferencia respecto al ambiente natural, favoreciendo la deforestación, la contaminación y las catástrofes naturales que desarraigan comunidades enteras de su ambiente de vida, forzándolas a la precariedad y a la inseguridad, crea nuevas pobrezas, nuevas situaciones de injusticia de consecuencias a menudo nefastas en términos de seguridad y de paz social”.

 

El mundo y especialmente los países ricos no pueden quedar indiferentes ante el aumento creciente de los desplazados climáticos ya que esto ocasionará un elevado coste humano, social y económico si no se empieza ya a actuar contra el cambio climático con más energía y sobre todo si no se tiene en cuenta su influencia en las poblaciones más vulnerables. Urge un tratado internacional que reconozca la importancia de su magnitud y adopte medidas para garantizar que las personas afectadas puedan seguir viviendo de forma digna y con posibilidades de ser protagonistas de sus propios destinos.

Isabel Cuenca Anaya

Secretaria General CGJP

 

Tema: Refugiados medioambientales

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