Seguridad alimentaria desde Evangelii gaudium

Seguridad alimentaria desde Evangelii gaudium

  Según la FAO, por seguridad alimentaria se entiende que las personas tengan acceso físico, social y económico permanente a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para satisfacer sus requerimientos nutricionales y preferencias alimentarias y así poder llevar una vida activa y saludable.

     El último informe de la FAO, año 2013, decía que 868 millones de personas en el mundo pasan hambre lo que significa que de cada ocho personas, una no tiene la comida necesaria. Y eso a pesar de que la Tierra produce alimentos suficientes como para alimentar al doble de la población que existe hoy en día.

     Entre las principales causas del hambre podemos destacar las guerras y conflictos, los desastres naturales, la pobreza, la sobrexplotación del medio ambiente y la pobre infraestructura agrícola.

     Además del hambre por la falta de alimentos existe otro tipo de carencia que afecta a mucha más población: la carencia de micronutrientes. Esto ocasiona que las personas sean más propensas a contraer enfermedades infecciosas y, además, perjudica el desarrollo físico y mental de los individuos, especialmente de los niños.

     La mayor parte de las personas que padecen hambre en la actualidad viven en Asia y Oceanía (unos 552 millones).

     En los países ricos está creciendo también el número de personas que pasan hambre. En un informe reciente, Cáritas Española alertaba del aumento de la pobreza en España y del riesgo de exclusión social que existe para un número creciente de ciudadanos que viven en nuestro país. Igual situación ocurre en otros países europeos.

     Si hoy en día seguimos hablando de la existencia de hambre en el mundo es porque no existe la voluntad política para erradicarla. En la actualidad, los conocimientos que existen, las herramientas y estrategias para evitarla podrían ser suficientes si el interés de los gobernantes y la participación ciudadana se pusieran a trabajar conjuntamente para lograrlo. Algunos países como Brasil, China, Rusia o India están haciendo esfuerzos considerables con resultados positivos.

     En el otro extremo de la situación alimentaria nos encontramos a las personas que tienen sobrepeso: 1.500 millones, según la OMS.

     Una vez más nos encontramos con cifras que nos deberían hacer reflexionar y cambiar nuestros estilos de vida. Frente a estas cifras de personas que pasan hambre nos encontramos que la voracidad de los países ricos para obtener biocarburantes sigue  un camino ascendente. Bajo la campaña de imagen de protección contra el cambio climático al no usar los combustibles fósiles se oculta la realidad de lo que suponen otras energías alternativas como la producción del biodiesel. Año tras año se incrementan la superficie total destinada para cultivos de producción de biodiesel.  Esto tiene repercusiones nefastas para la lucha contra la pobreza ya que de manera directa se produce un aumento de los precios de determinados cultivos como puede ser el maíz, la soja, el aceite de palma, etc. De manera indirecta se produce una disminución de las superficies agrícolas destinadas a la alimentación para dedicarlas a los biocombustibles. Pero este escándalo de los biocarburantes no acaba ahí. No son pocos los países cuyos pequeños agricultores son obligados a vender sus tierras, o se les expulsa directamente de ellas, para ser destinadas a la producción  de estos cultivos.

     Cuando se pierde la perspectiva del bien común, se corre el peligro de adoptar soluciones injustas para muchos millones de personas. Este es el caso que nos ocupa. El primer objetivo de las políticas mundiales en materia agrícola debería ser destinar los recursos escasos de tierra, agua y suelo para la producción de alimentos.

     Europa no puede seguir mirando para otro lado en esta cuestión. La mayor parte de los biocombustibles que consume son producidos fuera de la UE con lo cual se produce un aumento de emisión de gases de efecto invernadero en su traslado. Además la información de las empresas productoras de bioenergía no es transparente y no se conoce con claridad el origen de estos productos ni las consecuencias socioeconómicas que han tenido en las zonas en las que se han sembrado, ni el impacto medioambiental de los mismos.

     No nos queda más remedio que afirmar con el papa Francisco "no a una economía de exclusión". No puede ser que el más fuerte se coma al más débil y que por tanto la necesidad de seguir manteniendo el nivel de vida existente en los países ricos, manifestado, entre otras cosas, en su alto consumo energético nos lleve a despreciar o excluir a las personas que necesitan atender la necesidad primera como es la alimentación . Concluimos con el papa:

      "En cada lugar y circunstancia, los cristianos, alentados por sus Pastores, están llamados a escuchar el clamor de los pobres, como tan bien expresaron los obispos de Brasil: Deseamos asumir, cada día, las alegrías y esperanzas, las angustias y tristezas del pueblo brasileño, especialmente de las poblaciones de las periferias urbanas y de las zonas rurales -sin tierra, sin techo, sin pan, sin salud- lesionadas en sus derechos. Viendo sus miserias, escuchando sus clamores y conociendo su sufrimiento, nos escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta. El problema se agrava con la práctica generalizada del desperdicio".  Evangelii gaudium n 191

Sostenibilidad y seguridad alimentaria

 

Isabel Cuenca

Secretaria General

 

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