Semana de lucha contra la pobreza

Semana de lucha contra la pobreza

En esta semana hemos oído mensajes y hemos participado, y vamos a seguir participando, en actos encaminados a sensibilizar a la sociedad, a los medios y a los políticos contra la pobreza de nuestro país y del mundo. Indudablemente, urge que esta concienciación se produzca rápidamente porque para muchos millones de personas mañana ya es tarde.

En momentos de crisis económica global es necesario que los más débiles no sean los primeros en sufrir esta crisis y los últimos en enterarse de la recuperación, si es que llega a producirse. Por ello, apremia que las políticas sociales: sanidad, educación, servicios sociales, dependencia,…no sufran más recortes e incluso se incremente el gasto de las mismas. Y no solo eso, sino que la ayuda al desarrollo no sea lo primero que se recorte, ante el silencio o la anuencia de la sociedad. Porque en los países empobrecidos es donde más se necesita que el acceso a la sanidad, la educación y demás derechos sociales sean extendidos a todos para poder salir del círculo de pobreza y exclusión en el que se encuentran sumergidos.

 

El diagnóstico está hecho y las promesas que la asamblea General de la las Naciones Unidad hizo a través de los Objetivos de Desarrollo del Milenio son por todos conocidas, así como su incumplimiento. Por eso es necesario que pidamos una economía que esté al servicio de las personas y nos manifestemos en contra de la economía actual que solo busca el beneficio a través de la especulación o la explotación de hombres, mujeres y niños. Esto se lograría si en vez de trabajar para la competitividad, potenciando el individualismo, trabajásemos por potenciar la solidaridad y la cooperación entre los seres humanos y los pueblos. El respeto hacia la naturaleza, haciendo un uso racional de los recursos del planeta y solidario con todos los habitantes y las generaciones futuras es otro de los puntos a tener en cuenta para un desarrollo digno de todos, así como fomentar la paz entre las personas, los pueblos y las naciones.

 

Es posible conseguir revertir la historia y encaminarla hacia una mayor solidaridad global y equidad. Para ello sería necesario:

  • Erradicar los paraísos fiscales y actuar en contra de la opacidad e impunidad de las personas o empresas que evaden su dinero.
  • Poner en práctica dos reivindicaciones que ya se están haciendo clásicas: implantar un impuesto sobre las transacciones financieras y dedicarlo a ayuda al desarrollo junto con el 0,7 % del PIB  de los países ricos.
  • Es necesario regularizar los mercados que cada vez favorecen más los intereses de los países ricos en detrimento de los países en desarrollo a los que cada vez  asfixian más obstaculizando su crecimiento en cuestiones tan básicas como, por ejemplo, en agricultura.
  • Por ello, es necesario crear un Panel Internacional para Erradicar la Pobreza y la Desigualdad. Se puede llevar a cabo, falta intención política.

 

Estas y otras medidas, de las que hemos oído hablar en estos días, se pueden y deben hacer para impedir que miles de personas mueran diariamente por hambre o por enfermedades que son fácilmente tratables pero que no se pueden llevar a cabo en sus países por falta de recursos, o más bien, de recursos económicos que están en manos de unos pocos.

 

Nosotros, los creyentes, tenemos toda una tradición bíblica, patrística, y en general de la Iglesia que nos llama permanentemente a atender a nuestros hermanos los más necesitados y a cambiar las estructuras de pecado que oprimen al más débil impidiendo su desarrollo.

 

Citaremos para acabar al papa Francisco que en la Evangelii Gaudium, en el capítulo segundo dedicado a la “crisis del compromiso comunitario”, nos presenta como un desafío “la situación de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo que viven precariamente el día a día con consecuencias funestas”. Por esta razón el papa manifiesta claramente:

  • No a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata, proclama con contundencia.  “Los excluidos no son explotados, sino deshechos, sobrantes”.
  • No a la idolatría del dinero, que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo. “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz”. A esta situación contribuyen, según el papa, las ideologías que defienden la supremacía de los mercados, la especulación financiera, la debilidad de los Estados que abandonan la idea de trabajar por el bien común, la tiranía de la economía que implanta sus leyes y sus reglas, la corrupción generalizada y la evasión fiscal.
  • No a un dinero que gobierna en lugar de servir. Esta actitud lleva al rechazo de la ética y al rechazo de Dios. Por eso el papa cita a San Juan Crisóstomo. “No compartir con los pobres los propios bienes  es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”. El dinero debe servir y no gobernar.
  • No a la inequidad que genera violencia. “Hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de la sociedad y entre los distintos  pueblos será imposible erradicar la violencia…Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema  social y económico, es injusto en su raíz”.

Isabel Cuenca Anaya
Secretaria General

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Tema: Semana de lucha contra la pobreza

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