Sobre el derecho al Agua en un mundo globalizado: lo digno y lo justo

Sobre el derecho al Agua en un mundo  globalizado: lo digno y lo justo

Los derechos humanos se han convertido en el parámetro clave de nuestro desarrollo de nuestra actual civilización, por eso la legitimidad de un sistema social  se valora en razón de su reconocimiento y aplicación práctica. Desde este punto de vista, el mínimo común que se acepta es que se trata de un elenco de principios ético-políticos que debidamente juridificados se convierten en el basamento de nuestro sistema jurídico. La doctrina hace ya algún tiempo que viene señalando que es un derecho humano y propone su reconocimiento formal o positivización tanto en el ámbito internacional como en el nacional.Intetar tan sólo convencer de que el derecho al agua de forma adecuada es un derecho humano es complicado por partida doble, dado que nos enfrentamos a dos conceptos derechos humanos y agua, dentro del medio ambiente, cuya definiciones distan mucho de ser  precisas En la declaración Universal de Derechos Humanos  de 1948 aparece que” toda persona tiene el derecho al medio ambiente adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar”

.El agua es la esencia de la vida. El agua potable y el saneamiento son indispensables para la vida y la salud, y fundamentales para la dignidad de toda persona. Sin embargo, 1000 millones de personas carecen de acceso a fuentes mejoradas de agua potable, y 2.500 millones no disponen de servicios mejorados de saneamiento. Y aunque estas cifras de por sí ya revelan una situación alarmante, la realidad es mucho peor aún, porque millones de personas pobres que viven en asentamientos precarios simplemente no están registradas en las estadísticas nacionales. Las causas básicas de la actual crisis del agua y el saneamiento radican en la pobreza, las desigualdades y la disparidad en las correlaciones de poder, y se ven empeoradas por los retos sociales y ambientales, como la urbanización cada vez más rápida, el cambio climático, y la creciente contaminación y merma de los recursos hídrico.

En noviembre de 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales adoptó la Observación general nº 15 sobre el derecho al agua. El artículo 1.1 establece  que l derecho humanos ala gua es indispensable para una vida humana  digna. La Observación nº 15 también define  el derecho al agua como el derecho de cada uno a disponer del agua suficiente, saludable, aceptable, físicamente accesible  y asequible para su uso personal y doméstico.

Desde una perspectiva del creyente, el agua está e dentro del respeto al medio ambiente, también conforma su espíritu. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (§.485) afirma: “Por su propia naturaleza, el agua no puede ser tratada como una mercancía más entre muchas, y debe utilizarse de manera racional y en solidaridad con los demás. La distribución del agua es tradicionalmente una de las responsabilidades que corresponden a los organismos públicos, ya que el agua es considerada un bien público. Si la distribución del agua está en manos del sector privado, también debe ser considerado como un bien público.”.

El Papa Benedicto XVI escribió en 2009: “La paz en, y entre, los pueblos permitiría también una mayor salvaguardia de la naturaleza. El acaparamiento de los recursos, especialmente del agua, puede provocar graves conflictos entre las poblaciones afectadas. Acuerdos pacíficos sobre el uso de los recursos puede salvaguardar la naturaleza y, al mismo tiempo, el bienestar de las sociedades interesadas.” (Caritas in Veritate, §.27). Este pasaje señala dos puntos relacionados: el conflicto militar es una de las actividades humanas más destructivas del medio ambiente y en segundo lugar, la escasez de agua no es sólo el resultado de un conflicto, pero a menudo una de las causas.

En este escenario, por lo tanto, el agua es un don de la creación, un elemento central de la vida humana,  y del bien común, que debe ser accesible para todo el mundo. El agua no es un bien económico, sino un elemento esencial para la dignidad. Reconocer formalmente un derecho humano al agua y expresar la voluntad de dar contenido y hacer  lo efectivo, puede ser una manera de estimular a nuestra comunidad incluida la internacional, y los poderes públicos  para que redoblen sus esfuerzos para satisfacer las necesidades humanas básicas y para la consecución de  los objetivos de desarrollo. Además, se halla ligado entre sí  por su incidencia universal en la vida de todos los hombres y exige para su realización la comunidad de esfuerzos y responsabilidades  a escala planetaria. Sólo mediante el esfuerzo solidario de sinergia, de la cooperación y sacrificio-voluntario y altruista- de los interese egoístas será posible satisfacer plenamente las necesidades y aspiraciones globales comunes relativas a la paz.

El derecho al agua, frente a los derechos liberales que son módicos y fáciles de satisfacer y frente a los derechos sociales que sólo llega a los ciudadanos, es un derechos de solidaridad caro y difícil de satisfacer y exige una renuncia  a nuestros privilegios egoístas e injustificados, pues la solidaridad implica reconocer  que por vivir  como vivimos mueren como mueren. El derecho al agua exige una conjunción de esfuerzos y la sociabilidad como base  de una sociedad bien ordenada y de una concepción compartida de justicia. La solidaridad dentro del derecho al agua  es encuentro y cooperación, tiene una dimensión estructural y política, donde la insolidaridad con los necesitados  significa complicidad con la injusticia. Por último, en el derecho al agua, compasión no significa una obra buena o una decisión generosa de quien da los que le sobra. Compasión significa el reconocimiento de la necesidad de reconocer la necesidad del Agua. Descarga

Jesús Esteban Cárcar Benito

 Doctor en Derecho