Tercer domingo de Adviento 2015

Tercer domingo de Adviento 2015

 La gente preguntó a Juan: “¿Entonces, qué hacemos?” Él contestó:

“El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo”… “No exijáis más de lo establecido”…”No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga”. (Lc 3, 10-18)

 

¿Qué hemos de hacer?

San Lucas, nos trasmite las normas de conducta que San Juan Bautista presentaba para recibir la inmensa alegría del perdón y las promesas mesiánicas. Para encontrarse con Jesús no hace falta huir del trabajo, ni de la vida diaria. La alegría cristiana consiste en compartir con el prójimo lo que hemos recibido de Dios.

La aceptación del Reino de Dios exige, como primera actitud la de renunciar a la discriminación y al privilegio. El Reino de Dios recaerá sobre una comunidad fraterna, en donde nadie reclame para sí la posesión de un plus a costa de la indigencia del otro. (Misal de la Comunidad)

Con frecuencia hemos de preguntarnos qué hemos de hacer en esta hora, en la historia y en nuestra vida. Así debemos quedar a la escucha de la respuesta de Dios.

 

Salir al encuentro del otro (DSI, nº 4)

Descubriéndose amado por Dios, el hombre comprende la propia dignidad trascendente, aprende a no contentarse consigo mismo y a salir al encuentro del otro en una red de relaciones cada vez más auténticamente humanas.

Los hombres renovados por el amor de Dios son capaces de cambiar las reglas, la calidad de las relaciones y las estructuras sociales: son personas capaces de llevar paz donde hay conflictos, de construir y cultivar relaciones fraternas donde hay odio, de buscar la justicia donde domina la explotación del hombre por el hombre.

Sólo el amor es capaz de transformar de modo radical las relaciones que los seres humanos tienen entre sí. Desde esta perspectiva, todo hombre de buena voluntad puede entrever los vastos horizontes de la justicia y del desarrollo humano en la verdad y en el bien.

 

La corrupción, un mal moral

Los procesos de corrupción que se han hecho públicos, derivados de la codicia financiera y la avaricia personal, provocan alarma social y despiertan gran preocupación entre los ciudadanos.

Esas prácticas alteran el normal desarrollo de la actividad económica, impidiendo la competencia leal y encareciendo los servicios.

El enriquecimiento ilícito que supone constituye una seria afrenta para los que están sufriendo las estrecheces derivadas de la crisis; esos abusos quiebran gravemente la solidaridad y siembran la desconfianza social. Es una conducta éticamente reprobable, y un grave pecado. (Iglesia, servidora de los pobres)

 

Apóstoles

“La venida de Jesús es una invitación a tomar parte en el misterio de la redención de los hombres. El gozo, la esperanza, la tristeza y angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de toda clase de afligidos, son también, gozo, esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. (Gaudium et Spes).

El cristiano debe ser por VOCACIÓN y EXIGENCIA Como Juan el Bautista. Si dice que no tiene tiempo para su apostolado, es como si dijese que no tiene tiempo para ser cristiano.

Debe tender a fortalecer las manos débiles, las rodillas vacilantes y así dar el empuje y vitalidad que tenían las primeras comunidades cristianas.

 

“El mundo espera la manifestación de los hijos de Dios” (Rom 8, 19)

Espera que cada uno en su puesto prepare la venida del Señor.

¡Caminemos con esperanza!

 

“Jesucristo nos habló así del Padre, para decirnos que él se inclina sobre el hombre llagado por la miseria física o moral y, cuanto más se agravan sus condiciones, tanto más se manifiesta la eficacia de la misericordia divina.

Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales.

Todos los días, sin embargo, las historias dramáticas de millones de hombres y mujeres interpelan a la comunidad internacional, ante la aparición de inaceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo”. (Vaticano, 12 de septiembre de 2015, Memoria del Santo Nombre de María. Papa Francisco)

 

Comisión Justicia y Paz de Sevilla