Tercer domingo de Adviento

Tercer domingo de Adviento

 Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. (Jn 1, 6)

 

Juan era la voz, Cristo, desde el principio, es la Palabra eterna

Quita la palabra, ¿y qué es la voz? Si no hay concepto, no hay más que un ruido vacío. La voz sin la palabra llega al oído, pero no edifica el corazón.

Y cuando le preguntaron: ¿Quién eres?, respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor.» La voz que grita en el desierto, la voz que rompe el silencio. Allanad el camino del Señor, como si dijera: «Yo resueno para introducir la palabra en el corazón; pero ésta no se dignará venir a donde yo trato de introducirla, si no le allanáis el camino.»

¿Qué quiere decir: Allanad el camino, sino: «Suplicad debidamente»? ¿Qué significa: Allanad el camino, sino: «Pensad con humildad»? Aprended del mismo Juan un ejemplo de humildad. Le tienen por el Mesías, y niega serlo; no se le ocurre emplear el error ajeno en beneficio propio.

Si hubiera dicho: «Yo soy el Mesías», ¿cómo no lo hubieran creído con la mayor facilidad, si ya le tenían por tal antes de haberlo dicho? Pero no lo dijo: se reconoció a sí mismo, no permitió que lo confundieran, se humilló a sí mismo.

Comprendió dónde tenía su salvación; comprendió que no era más que una antorcha, y temió que el viento de la soberbia la pudiese apagar.

(De los Sermones de San Agustín, Obispo. Sermón 293, 3: PL 38, 1328-1329)

 

HUMILDAD

«"Humildad" procede del latín "humus" suelo fértil. El suelo fértil está ahí, inadvertido, dado por supuesto. Siempre dispuesto a ser pisoteado. Es silencioso y discreto, oscuro; y sin embargo, siempre está dispuesto a recibir cualquier semilla, y a darle sustancia y vida.

Cuanto más humilde, más fecundo, porque se hace realmente fértil cuando acepta todos los desechos de la tierra. Es tan humilde que nada puede ensuciarlo, degradarlo o humillarlo; ha aceptado el último lugar y no puede descender más.

Este secreto del Maestro es también el secreto de sus seguidores. En la humildad cristiana, sus vidas se tornarán maravillosamente fértiles…»

("Como Pan que se parte". Piet van Breemen. Pág. 142).

 

TESTIGOS DE LA LUZ

Frente a la prepotencia humana de prescindir de Dios para sentirse alguien, aparece la humildad de Dios de querer necesitar del hombre para llevar adelante su obra. Ese “ayudar a Dios” da pleno sentido a nuestra existencia humana, y es en ese “ayudar a Dios” como experimentamos que Dios nos ayuda a nosotros, (Espiritualidad en la acción social. Enero 2013 Darío Mollá Llacer, s.j.)

“El que no sirve para servir, no sirve para vivir”. “No des solo lo superfluo, dad vuestro corazón”. (Madre Teresa de Calcuta)

 

LA IGLESIA Y LOS POBRES

La acción caritativo-social debe basarse en una actitud a la vez de humildad y de esperanza. Por una parte, ante tarea tan ingente nos sentimos "siervos inútiles". Por otra, sabiendo que trabajamos con Dios, por Dios y para el Reino de Dios, "todo lo puedo en Aquel que me da fuerzas". Ni podemos establecernos por nuestra cuenta en la acción caritativa y social, independizándonos con autosuficiencia de la inspiración y la gracia del Señor, ni tampoco enterrar el talento recibido con pereza y con excusas de falsa humildad. Cristianos humanamente muy pequeños hicieron obras gigantescas, movidos por la caridad de Cristo y la luz del Espíritu Santo para ayudar a los necesitados

(Comisión Episcopal de Pastoral Social. 21 febrero 1994. Párrafo 148)

La actuación práctica resulta insuficiente si en ella no se puede percibir el amor por el hombre, un amor que se alimenta en el encuentro con Cristo. La íntima participación personal en las necesidades y sufrimientos del otro se convierte así en un darme a mí mismo: para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo; he de ser parte del don como persona.

Éste es un modo de servir que hace humilde al que sirve. No adopta una posición de superioridad ante el otro, por miserable que sea momentáneamente su situación. Cristo ocupó el último puesto en el mundo —la cruz—, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. (Benedicto XVI. Deus caritas est. 34-35)

Los Servicios de Acogida y Atención Primaria de Cáritas en toda España están constatando la consolidación en nuestro país de una sociedad más pobre, más desigual y más injusta. Así lo revelan los datos recogidos en el VII Informe del Observatorio de la Realidad Social (ORS)

Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad. Lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos. (E.G.187-188)