Tercera semana de Cuaresma

Tercera semana de Cuaresma

CONVERSIÓN

«…Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.» (Lc. 13, 6-9)

La parábola de la higuera nos recuerda que no nos pertenece a nosotros juzgar sobre la esterilidad o fecundidad del otro y aún menos querer extirpar o excluir a quienes “no producen” según nuestros criterios.
La falta de fecundidad de la higuera se convierte para el viñador en una invitación a trabajar aún más en su favor para conseguir las condiciones que le permitan dar fruto.
Ante la tentación del endurecimiento y la exclusión el viñador toma partido por una mayor intensidad de amor y de cuidado y ese amor se hace trabajo, empeño, dedicación, apuesta confiada en esa escondida fuerza de germinación que posee cada ser humano.

 

CORREGIR AL QUE SE EQUIVOCA

“Corregir al hermano es un servicio. Y es posible y eficaz solamente si cada uno se reconoce pecador y necesitado del perdón del Señor. La misma conciencia que me hace reconocer el error del otro, antes aún me recuerda que yo mismo me he equivocado y me equivoco tantas veces”. (Papa Francisco)
“No se puede corregir a una persona sin amor y sin caridad. No se puede hacer una intervención quirúrgica sin anestesia: no se puede, porque el enfermo morirá de dolor. Y la caridad es una anestesia que ayuda a recibir la cura y aceptar la corrección. Cogerlo aparte, con mansedumbre, con amor y hablarle”. (Papa Francisco)

“No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf.Lc 1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor” (cf. Lc 1,38). (Mensaje de Cuaresma 2016. Papa Francisco)

 

DAR POSADA AL PEREGRINO

Hoy no es fácil abrir la puerta de la casa, cada vez más defendida. Son muchos los peregrinos que llaman a nuestra puerta: mendigos, transeúntes, extranjeros, refugiados, drogadictos… Toda una herida abierta que exige soluciones no solo personales sino estructurales. Acoge al que llama a la puerta de tu casa, pero no solo materialmente sino cordialmente. Todo el que se acerca a ti es un peregrino, que a lo mejor sólo te pide una palabra, una sonrisa o una escucha.
El Papa Francisco nos invita a “responder con misericordia ante el drama de la inmigración”. Indica el drama de los emigrantes y refugiados como una realidad que nos interpela “ante el riego evidente de que este fenómeno caiga en el olvido”. Igualmente invita a reflexionar sobre “las obras de misericordia físicas y espirituales, entre las que se encuentra también la de acoger a los extranjeros”. Recuerda asimismo la importancia de realizar señales concretas de solidaridad. (Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado. 17 de enero).

A la vista de las noticias sobre la inmigración procedente de países en los que sus habitantes mueren de hambre y miseria y otros, como en Siria, en los que las guerras hacen que sus habitantes huyan hacia una Europa insolidaria buscando su seguridad y contemplando las imágenes de refugiados a la intemperie, viajes en lanchas con resultado de muertes y el intento de salir por todos los medios de la situación de inseguridad subiendo a trenes saturados con el acoso permanente de la policía, no pude menos que pensar que algo se debía hacer:
Un niño sirio en el campo de refugiados de Turbide (Líbano).
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- Recoger a alguien en nuestras casas a través de Cáritas.
- Abonar el importe de un alquiler a una familia o varias.
- Crear un grupo para, entre todos, aportar mediante compromiso mensual, al igual que en la Rueda, una cantidad determinada y en función a la disponibilidad y futuras adhesiones, pagar alquileres a inmigrantes necesitados o irregulares.
- Enviar aportaciones periódicas a alguna institución de confianza o religiosa en orden a poder ayudar a cubrir necesidades básicas de desplazados con motivo de la hambruna o las guerras.
- Intentar crear un centro de acogida, junto a otras instituciones, Cáritas, Sevilla Acoge, Centros Parroquiales, Instituciones Religiosas, etc. para posibilitar la acogida a personas que buscan un futuro mejor y que se encuentran desprotegidas.
- Habilitar pueblos abandonados o pedanías, en las que pueden instalar familias, entregándoles a cada una un trozo de tierra comunal para su labranza, y algún ganado. (Como ya se hizo antiguamente creándose pueblos de colonización)
- Mandar cartas a los obispos para que sean sensibles a la situación y cuenten con nuestro compromiso de ayuda incondicional procurando, entre todos, buscar soluciones dentro de la Iglesia de Cristo para que no se dé la misma situación por la que atravesaron María y José en su huida a Egipto.

 

Delegación Diocesana de Pastoral Social
Comisión Justicia y Paz