Trabajo decente

Trabajo decente

El trabajo decente resume las aspiraciones de la gente durante su vida laboral. Significa contar con oportunidades de un trabajo que sea productivo y que produzca un ingreso digno, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración a la sociedad, libertad para que la gente exprese sus opiniones, organización y participación en las decisiones que afectan sus vidas, e igualdad de oportunidad y trato para todas las mujeres y hombres.

El trabajo decente es un concepto desarrollado por la Organización Internacional del Trabajo desde 1999. El 10 de junio de 2008 la OIT institucionalizó el concepto de trabajo decente en su Declaración sobre la justicia social para una globalización equitativa, adoptada por unanimidad. La Declaración sitúa el Trabajo Decente en el centro de las políticas de la Organización para alcanzar sus objetivos constitucionales.

El 1 de mayo de 2000, Juan Pablo II, con ocasión del Jubileo de los Trabajadores, lanzó un llamamiento para «una coalición mundial a favor del trabajo decente», alentando la estrategia de la Organización Internacional del Trabajo. Este concepto fue recogido y definido por Benedicto XVI en su encíclica “Caritas in Veritate”:
«¿Qué significa la palabra «decente» aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación» (Benedicto XVI, Caritas in veritate, n. 63).

El propio Papa Francisco, en perfecto español, el 9 de mayo de 2014 afirmó, ante el Secretario General de Naciones Unidas y altos ejecutivos de los organismos, fondos y programas de las Naciones Unidas y de las Organizaciones especializadas, reunidos en Roma para el encuentro semestral de coordinación estratégica de la Junta de los jefes ejecutivos del sistema de las Naciones Unidas:

«Los futuros Objetivos de Desarrollo Sostenible, por tanto, deben ser formulados y ejecutados con magnanimidad y valentía, de modo que efectivamente lleguen a incidir sobre las causas estructurales de la pobreza y del hambre, consigan mejoras sustanciales en materia de preservación del ambiente, garanticen un trabajo decente y útil para todos y den una protección adecuada a la familia, elemento esencial de cualquier desarrollo económico y social sostenibles. Se trata, en particular, de desafiar todas las formas de injusticia, oponiéndose a la «economía de la exclusión», a la «cultura del descarte» ya la «cultura de la muerte», que, por desgracia, podrían llegar a convertirse en una mentalidad pasivamente aceptada».

Los días 29 y 30 de abril de 2014 se celebró en Roma un seminario organizado por el Pontificio Consejo de Justicia y Paz con la participación de cerca de treinta delegados de la Organización Mundial del Trabajo y de organizaciones de inspiración católica. El seminario sirvió para profundizar en la  Declaración de las organizaciones de inspiración católica respecto al trabajo decente y a la agenda de desarrollo post-2015. Esta Declaración conjunta había sido elaborada por Caritas Internationalis, International Union of Christian Business Executives (UNIAPAC), International Catholic Migration Commission, Coordinación Internacional Juventud Obrera Cristiana, Juventud Obrera Cristiana Internacional, Kolping Internacional/German Commission for Justice and Peace, Pax Romana y sus miembros afiliados (SIIAEC, ICMICA), Misión Permanente de Observación de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) y el Pontificio Consejo Justicia y Paz.

Las organizaciones firmantes consideraban que la erradicación de la pobreza requiere un compromiso del que son responsables los gobiernos, los empresarios y las organizaciones de trabajadores, el sector privado y la sociedad civil. Estos compromisos se basan en la dignidad humana, los derechos y responsabilidades humanas y la solidaridad.

La declaración instaba y apoyaba a la comunidad internacional en sus esfuerzos por renovar el compromiso de toda la familia humana para erradicar la pobreza por medio del fomento de trabajo decente y de buena calidad y la protección social para todos los trabajadores, incluida la economía informal. La declaración también expresaban su preocupación por los trabajadores emigrantes y sus familias así como por los jóvenes.
Para apoyar esta iniciativa, el 19 de septiembre en Madrid, convocados por el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) y por la Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresa (UNIAPAC), nos reunimos representantes de Acción Social Empresarial, Cáritas Española, Hermandad Obrera de la Acción Católica, Juventud Estudiante Católica, Juventud Obrera Cristiana y Justicia y Paz. En la reunión participó Joaquín Nieto, director de la Oficina de la OIT para España. Después de esta primera reunión hemos tenido nuevos encuentros con la finalidad de elaborar un documento conjunto y desarrollar un proceso para aunar esfuerzos de organizaciones católicas en pro del trabajo decente.


Javier Alonso Rodríguez
Vicepresidente Justicia y Paz España

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Tema: Trabajo decente

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