Raro es el día en el que los anuncios de los medios de comunicación,
no nos envían un mensaje publicitario apoyado en la imagen de una pareja feliz a
la que acompaña un niño, o, a lo sumo, niña y niño. Todos sonríen desde un
escenario a tono con el producto que pregonan. Con ello nos comunican la
felicidad de la que disfrutan.
Es la imagen de la familia ideal. Ninguno de ellos tiene nombre y
apellido, ni domicilio, son seres anónimos. Sin embargo, parecen conocernos a
todos, conocen nuestras necesidades y preferencias.
El modelo de familia que presenta la publicidad, resulta interesado
para quienes lo promocionan. Más que hacernos felices pretenden convertirnos en
consumidores de esto y de lo otro.
Por otra parte también se nos habla de la familia desde otra
experiencia. Digamos desde el reverso de la moneda: violencia doméstica,
rupturas matrimoniales, hijos problemáticos...
Cerca de nosotros, en Andalucía, 26.126 parejas rompieron su
compromiso matrimonial en 2005.
Estas dos imágenes de la familia aparecen ante el público en general
y, especialmente, ante la juventud como otras tantas realidades sociales a
imitar. En este caso el matrimonio y la familia más parecen sociedades de
producción y consumo: en la medida en que resultan útiles a los miembros se
mantiene; en caso de pérdida, se “cierra”.
De todas las agrupaciones humanas la familia es la más completa para
el individuo. Satisface sus necesidades básicas tanto materiales, como morales
y espirituales. Es la más rica en recursos para el desarrollo de la
personalidad de sus miembros: la confianza mutua entre ellos crea un ambiente
favorable para la libertad, la espontaneidad y las iniciativas.
Esta realidad sociológica es el fundamento de la inmensa mayoría de
las familias de todas las épocas y de todos los pueblos ¿puede haber algo más?. Sin duda. El impulso que une a quienes la forman: el
amor.
Su fuerza y sus consecuencias prácticas unen a todos los que se
sienten familia, y eso es lo que los hace felices.
S. S. Juan Pablo II añadió un matiz más que hace práctico y
consistente el amor en la familia: la comunión. El amor no es sólo comunicación
de sentimientos, es, además, la solidaridad con los afectos, sufrimientos,
afanes... de cada uno de los miembros que la forman.
Muchos siglos han pasado desde que el ser humano logró crear la
institución familiar. Destruir la familia es volver al principio del tiempo,
cuando el hombre deambulaba solitario por los páramos del planeta sin
distinguir si la sombra que le acechaba era un animal salvaje o un semejante:
los dos podían ser sus enemigos.
En esta encrucijada se encuentran muchos jóvenes. No todos los modelos
de familia que observan pueden hacerles feliz. El que planteamos como comunión,
fundada en el amor, nos acerca a la felicidad anhelada. Quien lo ha probado, lo
sabe.
José Robles Gómez
Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque
no saben lo que deshacen. CHESTERTON.
Si Dios te ha regalado un hijo...tiembla...porque no solo serás
su padre y su amigo, sino también su ejemplo.
