PRIMER DOMINGO
AYUNO Y CARIDAD

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El ayuno como purificación del espíritu nos lleva al compromiso. Así como la práctica del deporte o el culto al cuerpo exigen disciplina en la comida y en la bebida, así también el cristiano necesita un ejercicio para dominar los impulsos descontrolados de la naturaleza. Ese es el sentido del ayuno y la abstinencia. Esa disciplina favorece un compromiso que justifica también el ayuno.
Evidentemente,
el ayuno penitencial es muy diferente de las dietas terapéuticas. Pero, a su
manera, se le puede considerar como una terapia del alma. En efecto, practicado
como signo de conversión, facilita el esfuerzo interior para ponerse a la
escucha de Dios. Ayunar significa reafirmarse a sí mismo lo que Jesús replicó a
Satanás cuando fue tentado al final de los cuarenta días de ayuno en el
desierto:
“No
sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4, 1-11)
“El valor del ayuno consiste no sólo en evitar ciertas comidas, sino en renunciar a todas las actitudes, pensamientos y deseos pecaminosos. Quien limita el ayuno simplemente a la comida, está minimizando el gran valor que el ayuno posee. Si tu ayunas, que lo prueben tus obras. Si ves a un hermano en necesidad, ten compasión de el. Si ves a un hermano siendo reconocido, no tengas envidia. Para que el ayuno sea verdadero no puede serlo solo de la boca, sino que se debe ayunar de los ojos, los oídos, los pies, las manos, y de todo el cuerpo, de todo lo interior y exterior.
· Ayunas con tus manos al mantenerlas puras en servicio desinteresado a los demás.
·
Ayunas
con tus pies al no ser tan lento en el amor y el servicio.
· Ayunas con tus ojos al no ver cosas impuras, o al no fijarte en los demás para criticarlos.
· Ayuna de todo lo que pone en peligro tu alma y tu santidad.
Sería inútil privar mi cuerpo de comida, y alimentar mi corazón con basura, con impureza, con egoísmo, con competencias, con comodidades.
· Ayunas de comida, pero te permites escuchar cosas vanas y mundanas.
· También debes ayunar con tus oídos. Debes ayunar de escuchar cosas que se hablan de tus hermanos, mentiras que se dicen de otros, especialmente chismes, rumores o palabras frías y dañinas contra otros.
Además de ayunar con tu boca, debes de ayunar de no decir nada que haga mal a otro. Pues ¿de que te sirve no comer carne, si devoras a tu hermano?” (San Juan Crisóstomo)
AYUNA Y LLÉNATE
El ayuno tiene como objetivo vaciar nuestro
corazón para llenarlo de algo más valioso. Es una necesaria limpieza del alma
para tener la grandeza para la que Dios nos ha creado.
Ayuna de juzgar a otros; descubre a Cristo
que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes; llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento; llénate de gratitud.
Ayuna de enojos; llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo; llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones; llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte; llénate de aprecio por la maravilla que es la vida.
Ayuna de las presiones que no cesan; llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura; llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo; llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas; comprométete en la propagación del Reino.
Ayuna de desaliento; llénate del entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos; llénate de las verdades que fundamentan la
santidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús; llénate de todo lo que a El te
acerque.
PRACTICAR
EN FAMILIA
El esfuerzo de moderación en la comida se
extiende también a otras cosas no estrictamente necesarias. Sobriedad,
recogimiento y oración van de conjunto con el ayuno. Se puede aplicar
oportunamente este principio a lo que tiene que ver con el uso de los medios de
comunicación de masas. Tienen una utilidad indiscutible, pero no pueden llegar
a ser los “amos” de nuestras vidas. ¡En
cuántas familias parece que el televisor reemplaza, más que facilitar, el
diálogo entre las personas! Un cierto “ayuno” en este terreno puede ser
saludable, sea para consagrar más tiempo a la reflexión y la oración, sea para
cultivar las relaciones humanas. (Juan Pablo
II)
“… el ayuno de alimentos beneficiará a los
pobres: el día de ayuno te alimentarás sólo con pan y agua y una vez calculado
el gasto de lo que habrías consumido, darás la cantidad a una viuda, a un
huérfano o a un necesitado… Observarás estas cosas junto con tus hijos y todos
los de tu casa. Así serás feliz”. (Pastor de
Hermas)
“…Las acciones y las posturas opuestas a la voluntad de Dios y al bien del prójimo y las estructuras que éstas generan, parecen ser hoy sobre todo dos: « el afán de ganancia exclusiva, por una parte; y por otra, la sed de poder, con el propósito de imponer a los demás la propia voluntad. A cada una de estas actitudes podría añadirse, para caracterizarlas aún mejor, la expresión: “a cualquier precio”». (CDSI. Nº 119)