Crisis, religión y espiritualidad: una inspiración para el cambio

13.06.2012

Autores:

  • Joan GÓMEZ i SEGALÀ (Capítulos 1 y 2)
    Licenciado en Sociología. Secretario de Justicia y Paz de Barcelona.
  • Maria Dolors OLLER i SALA (Capítulo 3)
    Doctora en Derecho, profesora de Derecho Público en la Facultad de Derecho
    de ESADE (URL) y de Moral Social en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona (ISCREB). Vocal de la Junta de Justicia y Paz de Barcelona. Miembro de Cristianismo y Justicia.

Este cuaderno esboza sucintamente tres preguntas frente la crisis:
¿qué pasa? ¿cómo se entiende? ¿qué vamos a hacer? Ninguna de las tres reúne
un gran consenso, puesto que más allá de la complejidad del asunto, todas ellas
están mediatizadas por los intereses de quién pretende responderlas.

Lo más habitual es responderlas con el enojo de lo perdido o con el interés
de una posible ganancia, motivo por el que hemos querido volver a centrar la
cuestión. La crisis suele ser abordada desde el cambio que ha provocado en el
autor y su entorno, poniendo énfasis justamente en la ruptura, entre un pasado
que no volverá y un futuro que no imaginamos. En este texto hemos pretendido
justamente observar la continuidad de la economía, la lucidez de la doctrina de
la Iglesia y el discernimiento de lo más central de la persona.

Al intentar responder las tres preguntas, sin darnos cuenta, hemos dado pistas
sobre qué entendemos que es la economía, la comunidad, la persona. En la
medida que la economía y la política no sirven al bien común, que la Iglesia no
es la comunidad de los pobres o que la persona no anhela la libertad, aparece el
sufrimiento. Lógicamente, deseamos cambiar las tres, pero es muy difícil cambiar
el entorno para seguir siendo los mismos.

El situar a la persona como prioridad a la que el resto de condicionantes deben
someterse, siguiendo la estela de Jesús, nos impele a empezar la conversión por
su mismo ser. Solo una espiritualidad de la pobreza que nos transforme y libere
puede capacitarnos para superar, no las diez crisis, sino las bases morales sobre
las que se sustenta un sistema insostenible para la tierra, indigno para la humanidad
y por lo tanto, abierto a un cambio en profundidad.