Aislamiento conectado

30.04.2020 18:57

Algunas ideas de Justicia y Paz Europa sobre el mundo después del COVID19 y el potencial impacto que tiene el confinamiento en la creatividad y la solidaridad

 

    Los miembros del Comité Ejecutivo de Justicia y Paz Europa se reunieron el pasado jueves, 30 de abril,  por videoconferencia. Tuvieron un debate sobre la crisis del COVID19 y sus consecuencias: Aceptando la limitación de nuestro conocimiento en este terreno desconocido para la historia humana, con modestia nos gustaría compartir con vosotros algunas de nuestras ideas.

 

    Trabajar desde casa posiblemente se haya convertido en un nuevo estándar en cuestión de empleo; ir a clase mientras se está en la cocina es una cosa habitual entre estudiantes; comprar o consultar al personal médico desde el salón de nuestra casa, es el pan de cada día. Tendremos que viajar menos y quedarnos en nuestro barrio, pueblo o pequeña ciudad. Con contactos físicos y movimientos limitados, las personas del hemisferio más rico  nos asemejaremos de nuevo a las sociedades preindustriales, pero - y aquí está la diferencia - gracias a Internet seguiremos conectados con el mundo entero. Estaremos aislados y conectados al mismo tiempo.  Así, el aislamiento conectado puede convertirse en la nueva condición humana, en la que tenemos que buscar nuevas formas de solidaridad y evitar la tentación de cerrar permanentemente nuestras puertas y nuestras mentes. Desde una perspectiva europea - hay que decirlo - esta no es una perspectiva agradable. Moverse libremente a través del continente se ha convertido en parte de nuestro apreciado estilo de vida.

 

    Sin embargo, el aislamiento conectado puede ser la nueva realidad desde la que reexaminar el modelo socioeconómico predominante de integración mundial. Reforzar los circuitos locales y cortar la cadena de suministro global puede reforzar la resistencia mundial a largo plazo. Reduce desperdicios y emisiones, lo cual es bueno. Pero a corto plazo es probable que cree hambre e inestabilidad política. Consideremos, por ejemplo, el mercado del trigo: en 2018, Rusia, Canadá, EEUU, Francia y Australia exportaron cerca de 30 mil millones de dólares y Egipto, Indonesia, Argelia, Italia y Filipinas importaron trigo por un valor superior a 10 mil millones de dólares. Interrumpir el comercio internacional de trigo afectaría a las naciones más pobres. Este también fue el mensaje clave de la declaración conjunta hecha por los directores de OMS, OMC: "Millones de personas en todo el mundo dependen del comercio internacional para su seguridad alimentaria y sus medios de vida. A medida que los países avanzan en la promulgación de medidas destinadas a detener la acelerada pandemia de COVID-19, hay que tener cuidado de minimizar los posibles efectos en el suministro de alimentos o las consecuencias imprevistas en el comercio mundial y la seguridad alimentaria..." Sin embargo, descentralizar la producción de bienes estratégicamente relevantes en todo el planeta se debería considerar como una opción a largo plazo para el desarrollo económico mundial sostenible. ¿No podría el Dicasterio de la Santa Sede para la Promoción del Desarrollo Humano Integral crear una comisión mundial para elaborar un plan para una globalización más resiliente?

 

    El aislamiento conectado puede convertirse en un serio desafío para el proceso de integración europea. En su mensaje del Domingo de Pascua "Urbi et Orbi" el papa Francisco nos alertó: "Después de la Segunda Guerra Mundial, (Europa) fue capaz de levantarse de nuevo, gracias a un espíritu concreto de solidaridad que le permitió superar las rivalidades del pasado. Es más urgente que nunca, especialmente en las circunstancias actuales, que estas rivalidades no vuelvan a cobrar fuerza, sino que  se reconozcan como parte de una sola familia y se apoyen mutuamente. La Unión Europea se enfrenta actualmente a un desafío de esta época, del que dependerá no sólo su futuro, sino el del mundo entero. No perdamos la oportunidad de dar más muestras de solidaridad, recurriendo también a soluciones innovadoras". ¿Qué tipo de soluciones innovadoras podríamos pensar? ¿Debería concederse a las instituciones europeas más competencias en ámbitos como la salud pública y la protección civil? ¿Qué tipo de consenso y qué tipo de iniciativas darían lugar a una mayor empatía y solidaridad activa entre los Estados miembros de la UE? La Iglesia - COMECE, CCEE, Justicia y Paz Europa con el apoyo del Dicasterio y la Secretaría de Estado en la Santa Sede - debería iniciar un proceso de reflexión y discusión sobre estas cuestiones.

 

    El aislamiento conectado puede plantear amenazas geopolíticas y políticas. Muchos observadores están de acuerdo en que las tensiones existentes entre China y EE.UU. pueden escalar hasta una nueva Guerra Fría como consecuencia de la crisis sanitaria. Pueden surgir serias dudas sobre el liderazgo político y su incapacidad para proteger a las personas más vulnerables y reducir las desigualdades. Esto podría aumentar la desconfianza en la política.  El aumento de la pertinencia institucional del asesoramiento científico - no sólo en materia de salud pública sino también en relación con el clima - y una presencia reforzada de personal científico en los medios de comunicación puede ayudar a evitar problemas geopolíticos. En este contexto crítico y nutrida por su propia historia, la Iglesia puede decir algo sobre la fides et ratio, sobre la religión y la ciencia.

 

    El aislamiento conectado puede experimentarse como una limitación. Sin embargo, también puede ser una elección, y así, convertirse en una expresión de compasión y solidaridad. Reconociendo la concepción errónea del progreso, el control y la movilidad permanente puede llevar a la humanidad a redescubrir la estabilidad como una necesidad humana básica, como una necesidad de sentimiento de pertenencia y de hogar. "El alma no es viajera", escribe Ralph Waldo Emerson. La tradición cristiana puede ofrecer pistas y algunas respuestas a las profundas cuestiones antropológicas y espirituales que surgen de la crisis actual. Un ejemplo es el stabilitas loci que San Benito ordenó en su regla monástica. Curiosamente, fue escrita en el mismo momento en el que apareció la peste bubónica, provocando unos 30 millones de muertos que representaba el 20% de la población mundial de ese momento. Nuestros teólogos, reflexionando juntos en diálogo ecuménico e interreligioso, pueden ser más necesarios de lo que se ha imaginado en los últimos años.

 

    Justicia y Paz Europa seguirá reflexionando sobre las consecuencias que la epidemia del coronavirus tiene para nuestro mundo, para Europa, para nuestra vida y para nuestra fe. Tenemos el convencimiento de que esto afectará incluso a nuestro trabajo. Sin embargo, estamos muy agradecidos de que el Santo Padre haya puesto en marcha al Dicasterio para la Promoción de Desarrollo Integral y a otros servicios de la Santa Sede para responder a esta crisis del coronavirus. Como una institución universal y viviendo en contacto con las raíces de todo el mundo, la Iglesia es el lugar ideal para contribuir de manera global a la amenaza, ya que también se preocupa por la justicia social, la paz y el medio ambiente. Con este espíritu ofrecemos las ideas expuestas en este documento para un mayor debate y reflexión.

 

Comité Ejecutivo de Justicia y Paz Europa

30 de abril de 2020